Foxconn presenta su nueva estrategia: robots, coches eléctricos y la IA de Nvidia

Foxconn, el principal fabricante mundial de componentes y ensamblador del iPhone, ha decidido romper con su modelo de negocio tradicional para competir en robótica, vehículo eléctrico y centros de datos impulsados por la IA de Nvidia. El salto estratégico, presentado en la feria VivaTech de París, apunta a transformar la cadena de suministro global y posicionar a la taiwanesa como un conglomerado tecnológico de primer nivel.

Claves de la operación

  • Foxconn apuesta por la integración vertical completa. Deja atrás el simple ensamblaje para diseñar plataformas de IA, centros de datos y vehículos eléctricos bajo una misma estrategia. La alianza con Nvidia para los gabinetes Vera Rubin es el eje de esta transformación.
  • La movilidad eléctrica se convierte en piedra angular. Con su filial Foxtron y la plataforma abierta MIH, Foxconn pretende democratizar el acceso a la fabricación de coches eléctricos, compitiendo con gigantes como BYD o Xiaomi. Los modelos Bria y Model D son sus primeras cartas de presentación en Europa.
  • Europa, en el punto de mira. El acuerdo con Schneider Electric para centros de datos en Francia y los planes de comercializar sus EVs en el continente podrían tensionar aún más la competencia automovilística y de infraestructura digital, con posibles repercusiones para los fabricantes españoles de componentes.

De la cadena de montaje al ecosistema tecnológico

Conocida durante décadas como el socio silencioso de Apple, Sony o Microsoft, Foxconn ha decidido abandonar el anonimato del back-end industrial. En VivaTech, la compañía exhibió un abanico de capacidades que van mucho más allá del ensamblaje de smartphones: robots humanoides que ya montan servidores en sus fábricas, gemelos digitales que simulan procesos productivos con exactitud milimétrica y plataformas de inteligencia artificial de última generación son ahora su carta de presentación. El objetivo declarado es controlar cada eslabón de la cadena de valor, desde el diseño de chips hasta el producto final conectado.

La robótica no es una mera exhibición de feria. Los brazos mecánicos que se vieron en París son los mismos que ya operan en las líneas de producción de la compañía, atornillando componentes con una precisión difícil de alcanzar por operarios humanos. Los gemelos digitales, por su parte, le permiten a Foxconn simular el comportamiento de una fábrica entera o de un motor antes de fabricar una sola pieza física, reduciendo los tiempos de desarrollo y el coste del error. Para sostener esa computación masiva, hace falta una capacidad de cálculo descomunal. Y ahí entra su tercera apuesta: los centros de datos.

Vera Rubin, el motor de Nvidia que impulsa la apuesta de Foxconn

El verdadero corazón tecnológico de la estrategia es la plataforma Vera Rubin de Nvidia, de la que Foxconn se ha convertido en proveedor principal. Los gabinetes Vera Rubin NVL72, que integran 72 GPU Blackwell y 36 GPU Grace, funcionan como un único supercomputador con refrigeración líquida, diseñado para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial de billones de parámetros. Foxconn no solo fabrica estos sistemas para terceros, sino que los utilizará para alimentar sus propios procesos de gemelos digitales e IA industrial, cerrando así un círculo virtuoso: produce la infraestructura que, a su vez, acelera su transformación.

El acuerdo con Schneider Electric para construir un centro de datos en Francia, anunciado durante la feria, es la primera materialización de esa ambición. La compañía eléctrica francesa aportará la energía y la gestión, mientras Foxconn desplegará sus servidores. El movimiento es sintomático de una tendencia más amplia: los grandes fabricantes buscan dejar de depender del alquiler de GPU en la nube y construir su propia capacidad de cómputo.

Foxconn quiere dejar de ser el mayor ensamblador de teléfonos para convertirse en una de las principales multinacionales del mundo, y tiene claro el camino: robots, coches e inteligencia artificial.

¿Qué terreno pisa Foxconn en la automoción y la nube europea?

La entrada de Foxconn en el segmento del vehículo eléctrico no es improvisada. Desde 2020, su filial Foxtron desarrolla la plataforma abierta MIH, bautizada como «el Android de los coches eléctricos», que combina chasis modular, electrónica de potencia y software para que terceros puedan crear sus propios modelos. Los Bria y Model D presentados en París, con autonomías de entre 300 y 350 kilómetros, son la prueba de que la taiwanesa quiere ser algo más que un proveedor. La compañía prevé comercializarlos en Europa en un plazo de unos dos años, aunque todavía debe superar las exigentes homologaciones comunitarias.

Para la industria española de componentes, este movimiento añade presión. Foxconn tiene la escala y el músculo financiero para ofrecer plataformas llave en mano a nuevos entrantes, lo que podría acelerar la llegada de marcas chinas y asiáticas al mercado europeo. Fabricantes como SEAT o las plantas de Renault en España comparten proveedores con el ecosistema que Foxconn aspira a dominar. La diversificación de la taiwanesa, por tanto, no solo amenaza a los ensambladores tradicionales, sino a toda la cadena de suministro de la automoción continental.

En paralelo, el desembarco de Foxconn en el negocio de los centros de datos, de la mano de Schneider, anticipa una competencia directa con los grandes operadores europeos y con los propios hyperscalers. Foxconn podría aprovechar su experiencia en fabricación de servidores para ofrecer capacidad de cómputo a precios muy competitivos, justo cuando la demanda de IA se dispara. España, que aspira a convertirse en un hub de centros de datos en el sur de Europa, observa estos movimientos con interés y cautela: la entrada de un actor verticalmente integrado puede alterar las reglas de un mercado aún en formación.

Foxconn ha demostrado durante años una capacidad casi insultante para ejecutar a escala. El reto ahora es trasladar esa eficiencia de la electrónica de consumo a sectores mucho más regulados y complejos, como el automóvil y la nube. Si lo consigue, no solo habrá roto con su pasado de ensamblador: habrá inventado una nueva categoría de competidor que fabrica desde el silicio hasta el coche, pasando por los centros de datos que lo hacen posible. Y eso, para la industria europea, es un aviso.

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