La tregua entre EE UU e Irán pende de un hilo mientras Trump amenaza con “aniquilar” a Teherán

La tregua entre Estados Unidos e Irán nunca llegó a consolidarse plenamente. Aunque el memorando de entendimiento firmado semanas atrás establecía un periodo de sesenta días para negociar un acuerdo permanente que pusiera fin a la guerra, los acontecimientos de los últimos días reflejan hasta qué punto ese compromiso permanecía sostenido sobre un equilibrio extremadamente precario.

La nueva escalada comenzó tras una serie de incidentes en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más estratégicos del planeta y por el que, antes del conflicto, transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializado a nivel mundial.

Según el Mando Central estadounidense (CentCom), un petrolero con bandera panameña, el M/T Kiku, que transportaba más de dos millones de barriles de crudo, fue alcanzado por un dron iraní mientras atravesaba la zona. Este ataque representó la segunda agresión a un buque comercial en pocos días (tras el ataque previo al carguero de la naviera taiwanesa M/V Ever Lovely), por lo que Washington interpretó el ataque como una violación directa del alto el fuego y respondió con una nueva operación aérea contra infraestructuras militares iraníes.

Los bombardeos estadounidenses alcanzaron instalaciones de almacenamiento de misiles y drones, radares costeros, sistemas de vigilancia militar, centros de comunicaciones, posiciones antiaéreas y capacidades destinadas al minado naval en las inmediaciones del estrecho de Ormuz. Para la Administración estadounidense, se trató de una respuesta proporcional destinada a proteger la navegación comercial y garantizar la seguridad marítima internacional.

Sin embargo, la reacción política del presidente Donald Trump fue incluso más contundente que la respuesta militar. A través de Truth Social anunció los ataques y lanzó una advertencia de enorme gravedad contra la República Islámica. “¡Aviones de Estados Unidos acaban de bombardear bases de almacenamiento de drones y misiles iraníes, así como emplazamientos de radares costeros, por violar el Acuerdo de Alto el Fuego OTRA VEZ!”,

Posteriormente elevó todavía más el nivel de la retórica. “Puede que llegue un punto en el que ya no podamos ser razonables y nos veamos obligados a terminar por la vía militar el trabajo que empezamos con tanto éxito. Si eso ocurre, ¡la República Islámica de Irán dejará de existir!”.

No es la primera ocasión en la que Trump utiliza este tipo de lenguaje. Durante los últimos meses ya había advertido en varias ocasiones de que Irán podría regresar a la “edad de piedra” e incluso llegó a insinuar escenarios cercanos a una destrucción total del régimen iraní. Sin embargo, estas declaraciones adquieren una dimensión diferente al producirse mientras oficialmente continúa vigente un proceso negociador.

Irán responde golpeando a las bases estadounidenses del Golfo

Por su parte, la Guardia Revolucionaria anunció ataques mediante misiles balísticos y drones contra instalaciones militares estadounidenses situadas en Kuwait y Baréin, dos de los principales aliados de Washington en el Golfo Pérsico y sedes de importantes despliegues militares norteamericanos.

Las autoridades kuwaitíes confirmaron que sus defensas antiaéreas interceptaron varios proyectiles sin que se produjeran víctimas ni daños importantes.

Baréin informó igualmente del impacto de varios misiles y drones. Uno de ellos alcanzó un edificio residencial próximo al aeropuerto internacional, aunque las autoridades señalaron que no hubo fallecidos. El Ministerio de Exteriores bareiní calificó el ataque como una escalada especialmente peligrosa. “Lo que está haciendo Teherán no es un hecho pasajero ni un incidente aislado, sino un enfoque deliberado y un patrón sistemático de agresiones reiteradas”.

Al mismo tiempo, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudí condenaron los ataques iraníes y denunciaron que suponían una vulneración de la soberanía de los Estados del Golfo y de la libertad de navegación internacional.

Más allá del intercambio de bombardeos, el núcleo del enfrentamiento sigue siendo el control del estrecho de Ormuz. Estados Unidos y buena parte de la comunidad internacional consideran que se trata de una vía marítima internacional cuya navegación debe permanecer abierta bajo normas multilaterales.

El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, reiteró durante una visita oficial a Irak que únicamente Teherán posee legitimidad para administrar el paso marítimo. “Cualquier injerencia en este asunto, cualquier intento de establecer acuerdos nuevos o independientes de los que lleva a cabo actualmente la República Islámica de Irán, solo provocará más complicaciones, retrasará la reapertura del estrecho de Ormuz y aumentará el nivel de tensión”.

Washington promueve actualmente un corredor marítimo situado junto a la costa de Omán para reducir la dependencia de las aguas controladas por Irán. Teherán pretende exactamente lo contrario: que los buques utilicen una única ruta situada bajo jurisdicción iraní y, según diversos analistas, establecer incluso tasas por el uso del estrecho.

En este contexto, los ataques contra buques comerciales adquieren un fuerte componente estratégico. Más que simples acciones militares, representan una forma de ejercer presión sobre las negociaciones y de demostrar quién posee capacidad real para controlar uno de los principales cuellos de botella del comercio energético mundial.

Las negociaciones continúan, pero cada ataque reduce sus posibilidades

Paradójicamente, ni Washington ni Teherán han anunciado oficialmente la ruptura del proceso diplomático. El memorando firmado semanas atrás continúa vigente y establece un plazo de sesenta días para negociar cuestiones especialmente sensibles, como el levantamiento parcial de sanciones, el futuro del programa nuclear iraní, el destino de las reservas de uranio altamente enriquecido y las condiciones para la reapertura definitiva del estrecho de Ormuz.

Sin embargo, la Guardia Revolucionaria lanzó un mensaje que pone en duda la continuidad de ese calendario negociador. “Supondrá la paralización completa de todos los procesos diplomáticos”. Aunque posteriormente ninguna de las dos partes confirmó formalmente la suspensión de las conversaciones, el clima político se ha deteriorado considerablemente.

Como si la situación entre Estados Unidos e Irán no fuera suficientemente compleja, el conflicto vuelve a extenderse también hacia el Líbano. Israel informó de nuevas operaciones militares contra posiciones de Hezbolá y confirmó la muerte de un soldado durante enfrentamientos en el sur del país.

Aunque Israel no forma parte del acuerdo firmado entre Washington y Teherán, la continuidad de las operaciones israelíes constituye uno de los principales obstáculos para consolidar una paz regional. Desde Teherán se insiste en que cualquier acuerdo definitivo con Estados Unidos dependerá también del cese de las operaciones militares israelíes en territorio libanés.

Una tregua que aún existe sobre el papel, pero cuya credibilidad se erosiona cada día. @mundiario