Por: Héctor E. Contreras.
Efesios 4:3-7.
“Era el día más frío del año. Estaba por entrar a la casa, pero no podía. Mis dedos congelados por el frío hacían malabares con las llaves. De repente, sentí el calor del sol, como una manta sobre mis espaldas”, palabras de la Sra. Nancy Johnson, en Georgia, USA. Revista el Aposento Alto del 4 de Enero 2014, página 8. Inesperadamente, llegó la gracia de los rayos del sol justo en el momento en que más lo necesitaba. Así funciona la gracia de Dios para todos, absolutamente para todos, sin excepción de personas. Su amor no termina, su gracia nunca acaba, porque no existen límites para alcanzar o encontrarnos con la gracia de Dios. ¡Bendito sea su nombre!
“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno”, Romanos 12:3. La clave de una evaluación honesta y fiel es conocer las bases de nuestra valía: Nuestra nueva identidad en Cristo la alcanzamos por su gracia que llega en el momento en que más lo necesitamos. Separados de Cristo, nunca seremos competentes según las normas eternas. En Él, mis amados, somos valiosos y capaces de un servicio digno. Cuando uno se evalúa con las normas mundanas de los logros y éxitos, puede dar demasiada importancia al valor que tiene ante los ojos de los demás y perder su verdadero valor ante los ojos de Dios. Nunca te desanimes y atemorices por lo que digan los demás, sino prosigue siempre hacia adelante, sabiendo que con Cristo Jesús puedes alcanzar su gracia inesperada. ¡Él es Bueno!
“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo”, Efesios 3:8. Cuando Pablo se describe como “menos que el más pequeño de todos los santos”, con estas palabras quiere expresar que sin la ayuda de Dios, jamás podría cumplir la obra de Dios. A pesar de esto, Dios lo escogió para anunciar el evangelio a los gentiles y le dio el poder para hacerlo. ¿Cómo puede Dios usarte a tí? Haz tu parte y cumple fielmente el papel especial que juegas en el plan de Dios para tu vida. El ejemplo del apóstol Pablo, debe ser para nosotros en este tiempo. Por más pequeños que nos sintamos ser, para Dios no lo somos, porque por esto envió a su Hijo, Jesucristo, para darnos a entender que en Él somos más que vencedores.
Recordemos esto: “Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”, I-Corintios 1:25-29. El mensaje de la muerte de Cristo suena insensato a los que no creen. La muerte parece ser el final del camino, la debilidad suprema. Pero Jesús no permaneció muerto, su resurrección demostró su poder sobre la muerte. Él nos salvará de la muerte eterna y nos dará vida eterna juntamente con Él. Ser bueno o sabio, etc., sus intentos son en vano. Los “necios” que simplemente aceptan la oferta de Cristo resultan ser los verdaderos sabios, porque solo ellos vivirán eternamente con Dios.
¿Se opone el creyente en Cristo al pensamiento racional? Definitivamente los creyentes creen que deben usar la mente para pesar las evidencias y llegar a conclusiones correctas. Pablo está declarando que no hay conocimiento humano que pueda reemplazar, ni pasar por alto la obra de Cristo en la cruz. Si así fuera, Cristo sería accesible sólo a los muy inteligentes y bien educados, y no a la gente común, ni a los niños. El apóstol Pablo nos enseña, que la manera de obtener la salvación es tan simple, que todos podemos alcanzarla.
“Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados a una mis esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a medida del don de Cristo”, Efesios 4:3-7. Pablo nos recuerda que somos parte de un solo cuerpo. La unidad no aparece por sí sola. Guardar la unidad es una de las funciones importantes del Espíritu Santo. Él guía, pero debemos estar dispuestos a que nos guíe. Lo hacemos al poner nuestra mira en Dios y no en nosotros mismos.
Todos los creyentes en Cristo permanecen en un solo cuerpo; todos se han unido bajo la misma cabeza, que es el mismo Cristo. Dios otorgó a cada creyente habilidades que pueden fortalecer todo el cuerpo. Tu habilidad especial pudiera parecer pequeña o grande, pero está en ti usarla en el servicio de Dios. Pídele a Dios que use tus dones para contribuir al fortalecimiento y la salud del cuerpo de creyentes en Cristo Jesús.
“La palabra que vino a mi mente en ese momento fue “gracia”. La gracia de Dios es como el sol. Siempre está con nosotros, pero no la percibimos. Nos distraen fácilmente las tensiones de la vida, y muchas veces se nos nubla la vista por la incertidumbre o el dolor. Cuando esto sucede, nos perdemos de la omnipotente presencia de Dios. Pero Dios no espera que recobremos la lucidez. Su gracia puede llegar sorpresivamente cuando menos lo esperamos”. Conclusión de las palabras de la Sra. Nancy Johnson. La gracia de Dios llega a tu vida en el momento en que menos lo esperas. Como testifica ella al principio, cuando de repente sintió el calor de los rayos del sol al tratar de abrir la puerta de su hogar. Dios te brinda su gracia por medio de Cristo Jesús, sólo debes estar dispuesto a aceptarla y vivir juntamente con Él.
Que Dios nos ayude a alcanzar su gracia por medio de Cristo Jesús. Bendiciones, amados del Señor.



