Guyana adelanta a Costa Rica en la carrera por liderar la ONU y Bachelet pierde fuelle en las papeletas

La carrera por suceder a António Guterres al frente de Naciones Unidas empieza a dibujar un escenario más definido, aunque todavía sería prematuro hablar de una candidatura ganadora. La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, actual embajadora de su país ante la ONU y antigua ministra de Exteriores, ha tomado la delantera en el segundo sondeo informal realizado entre los quince miembros del Consejo de Seguridad.

Rodrigues-Birkett obtuvo ocho votos favorables, cuatro en contra y cuatro representantes que marcaron “sin opinión”, según fuentes conocedoras de la consulta. El resultado le permite adelantar a la costarricense Rebeca Grynspan, que había encabezado el primer sondeo celebrado a finales de julio. Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), recibió esta vez siete apoyos, cuatro votos en contra y cuatro “sin opinión”.

El cambio de posiciones no significa, sin embargo, que la carrera haya entrado en su recta final. Al contrario, el mecanismo de selección del secretario general de la ONU está diseñado de tal manera que los primeros sondeos sirven fundamentalmente para medir fuerzas antes de que aparezca el factor que realmente puede decidir la contienda: el veto de Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Reino Unido.

La guyanesa ya había dejado buenas sensaciones en el debate público celebrado en Nueva York el 23 de julio. Su candidatura se incorporó más tarde que otras a una carrera en la que actualmente figuran ocho nombres, principalmente latinoamericanos, pero los resultados de las dos primeras consultas muestran que ha conseguido consolidarse rápidamente.

En el primer sondeo, Grynspan había quedado por delante de Rodrigues-Birkett. Ahora el orden se ha invertido. El resultado confirma, por tanto, una pauta que los diplomáticos conocen bien, que las primeras votaciones no son necesariamente una fotografía de la carrera. Los candidatos pueden perder apoyos a medida que los miembros del Consejo empiezan a definir sus posiciones y, sobre todo, cuando las grandes potencias dejan entrever qué nombres consideran aceptables y cuáles no.

Grynspan conserva una posición central

El retroceso de Grynspan no elimina su candidatura del núcleo de la carrera. La costarricense continúa entre las figuras que concentran mayor respaldo en el Consejo de Seguridad y mantiene una trayectoria internacional vinculada directamente al sistema de Naciones Unidas. Su condición de secretaria general de la UNCTAD la sitúa además en una posición institucional de relevancia dentro de la organización. Pero el segundo sondeo muestra que la ventaja que había obtenido en julio no se ha consolidado.

En este tipo de procesos, los votos negativos pueden resultar tan importantes como los positivos. Una candidatura necesita acumular apoyos, pero también evitar convertirse en el nombre que una de las grandes potencias decida bloquear.

El argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), repite en tercera posición. Grossi consiguió siete votos favorables, pero experimentó un aumento considerable de los negativos ya que pasó de dos en la primera consulta a seis en la segunda.

Entre las candidaturas latinoamericanas figura también la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, que ha quedado más atrás en esta segunda fotografía. Bachelet recibió seis votos en contra, una cifra que la coloca en una posición más complicada dentro de la carrera, aunque tampoco permite extraer una conclusión definitiva sobre sus posibilidades futuras. El expresidente de Senegal Macky Sall recibió cinco votos negativos.

El verdadero examen todavía está por llegar

La mecánica de estos sondeos es deliberadamente sencilla: los miembros del Consejo de Seguridad reciben una papeleta blanca y pueden marcar “a favor”, “en contra” o “sin opinión”. El objetivo es identificar progresivamente las candidaturas capaces de reunir un consenso suficiente y, en esencia, estas consultas informales no son las votaciones decisivas. El proceso entrará en una fase mucho más trascendente cuando comiencen las denominadas votaciones de color. Será entonces cuando los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad hagan más visible su posición.

Para ser elegido, un candidato necesita reunir al menos nueve votos favorables en el Consejo de Seguridad y no recibir el veto de ninguno de los cinco miembros permanentes. Ahí puede cambiar completamente el tablero. Una candidatura que hoy acumula apoyos suficientes puede quedar descartada si una de las grandes potencias decide bloquearla. Y, a la inversa, un aspirante que no lidere los primeros sondeos puede adquirir opciones si consigue evitar los vetos y construir una mayoría transversal. Por eso, los resultados conocidos ahora deben interpretarse como una medición preliminar de fuerzas, no como una elección anticipada.

El próximo secretario general asumirá el cargo el 1 de enero, en un contexto internacional marcado por guerras, rivalidades entre grandes potencias, crisis humanitarias y una creciente dificultad para alcanzar consensos multilaterales. El procedimiento puede prolongarse todavía varios meses. Entre los diplomáticos existe interés en que el nombre quede resuelto en torno a octubre para que el sucesor disponga de tiempo suficiente para formar su equipo y preparar el nuevo mandato.

Pero tampoco existe una fecha cerrada. Incluso permanece abierta la posibilidad de que aparezcan nuevos candidatos capaces de alterar el equilibrio actual. El proceso de selección de la ONU no está sujeto a unas primarias convencionales ni a una competición pública con reglas equivalentes a las de unas elecciones nacionales: la negociación diplomática desempeña un papel central. @mundiario