Inma Cuesta ha encontrado una manera de cuidar su cuerpo que se aleja de la exigencia permanente y de la obsesión por cumplir un plan perfecto. A sus 46 años, la actriz apuesta por la variedad, la flexibilidad y la búsqueda de bienestar, tres principios que encajan con una forma de entender la salud más sostenible en el tiempo. Su método no consiste en entrenar siempre de la misma manera ni en convertir el gimnasio en el centro de su vida. Se trata, más bien, de incorporar el movimiento a sus posibilidades y disfrutar de sus beneficios sin añadir una presión innecesaria a su agenda profesional.
La intérprete reconoce que su trabajo dificulta mantener horarios estables, una realidad habitual entre quienes desarrollan carreras sujetas a rodajes, viajes y compromisos que cambian constantemente. Por eso, su estrategia pasa por adaptarse en lugar de abandonar el ejercicio cuando no puede seguir una planificación estricta. «Hago poco de todo: fuerza, aeróbico, clases, TRX, yoga, pilates… Me voy apuntando a diferentes cosas», explica al describir su rutina. La declaración resume una filosofía que prioriza la continuidad y la diversidad frente a la rigidez de un programa difícil de cumplir.
El entrenamiento de fuerza, el ejercicio aeróbico y las disciplinas centradas en la movilidad y el control corporal ofrecen estímulos diferentes. Mientras el trabajo muscular contribuye a conservar la fuerza, el ejercicio cardiovascular favorece la resistencia y el yoga y el pilates permiten trabajar aspectos como la flexibilidad, el equilibrio y la conciencia corporal. El TRX, por su parte, utiliza el peso del propio cuerpo para realizar ejercicios de resistencia. La combinación de estas actividades permite a Cuesta variar sus sesiones y evitar que el cuidado físico dependa de una única modalidad deportiva.
Sin embargo, el valor de su planteamiento no reside únicamente en las actividades que practica, sino también en la relación que establece con ellas. La actriz no presenta el entrenamiento como una obligación que deba cumplir a cualquier precio, sino como una herramienta para sentirse mejor. Esa diferencia es importante en un contexto en el que las redes sociales y la cultura del rendimiento pueden convertir el bienestar en otra fuente de exigencia. Frente a los planes inflexibles y los resultados inmediatos, su experiencia pone el foco en encontrar hábitos compatibles con la vida real.
La alimentación también ocupa un lugar relevante en su manera de cuidarse. Cuesta defiende una dieta saludable sin complicaciones, alejada de la idea de que comer bien exige vivir sometida a reglas extremas o a una planificación imposible de mantener. El descanso, la actividad física y una relación equilibrada con la comida forman parte de una misma estrategia. No se trata de buscar una transformación espectacular en pocas semanas, sino de sostener decisiones cotidianas que ayuden a conservar la energía y la salud a largo plazo.
Bienestar físico y salud mental: una misma filosofía
La visión de Cuesta va más allá del ejercicio y conecta con una concepción integral del bienestar. En una entrevista con Cadena Dial, la actriz resumió su rutina de salud mental con tres pilares cotidianos: dormir, alimentarse bien y rodearse de personas que aporten energía positiva. También mencionó la posibilidad de acudir al psicólogo cuando aparece alguna dificultad. Su planteamiento no promete fórmulas mágicas ni presenta el cuidado emocional como una tarea que pueda resolverse con una única decisión. Lo entiende como una suma de hábitos y recursos que pueden ayudar a afrontar las distintas etapas de la vida.
Ese enfoque resulta especialmente significativo porque cuestiona la separación habitual entre el cuidado físico y el emocional. El ejercicio puede favorecer el bienestar, pero no sustituye al descanso ni resuelve por sí solo los problemas personales. Del mismo modo, una alimentación equilibrada no necesita convertirse en una fuente de ansiedad para cumplir su función. La clave está en construir una rutina que atienda distintas necesidades sin convertir ninguna de ellas en una exigencia absoluta. En ese sentido, la experiencia que comparte la actriz se aproxima a una idea de salud basada en la constancia y no en la perfección.
Cuesta también atraviesa un momento personal que describe con satisfacción. En una entrevista con Women’s Health, realizada con motivo del próximo estreno de la película Leones en invierno, dirigida por Albert Pintó, aseguró sentirse mejor que cuando tenía 30 años. «Me siento mejor que cuando tenía 30 años», afirmó, antes de explicar que ahora tiene menos miedo y más seguridad en sí misma. La reflexión introduce una dimensión distinta en su discurso: cumplir años no significa necesariamente perder confianza o bienestar, sino que también puede traer una relación más serena con las propias decisiones y con las expectativas ajenas.
Su testimonio no debe interpretarse como una receta universal ni como una garantía de que todas las personas experimentarán el mismo proceso. Las circunstancias, las necesidades físicas y las posibilidades de cada individuo son diferentes, y cualquier rutina debe adaptarse a ellas. Pero sí ofrece una idea útil: el mejor plan de entrenamiento no siempre es el más ambicioso, sino aquel que puede mantenerse sin deteriorar el resto de la vida. Alternar actividades, respetar los tiempos de descanso y ajustar los objetivos cuando cambian las obligaciones puede resultar más eficaz que perseguir una disciplina perfecta durante unas semanas para después abandonarla.
En una cultura que suele medir el bienestar en función de la apariencia, el rendimiento o la capacidad de cumplir objetivos, Inma Cuesta reivindica una relación más amable con el propio cuerpo. Su rutina combina disciplinas distintas, pero su mensaje esencial está en la libertad para adaptarlas a cada etapa y en la importancia de cuidar también la mente, el descanso y los vínculos personales. A los 46 años, la actriz sitúa la salud por encima de la obsesión y la seguridad personal por encima del miedo al paso del tiempo. Quizá esa sea la enseñanza más valiosa de su experiencia: cuidarse no debería convertirse en otra carrera que ganar, sino en una forma de vivir mejor. @mundiario
