La aviación comercial funciona sobre una premisa básica: una vez cerradas las puertas, el avión debe quedar bajo el control de una tripulación preparada para responder a cualquier emergencia. Lo ocurrido este miércoles en el vuelo FZ1073 de Flydubai alteró esa lógica cuando se produjo un enfrentamiento entre los pilotos.
El avión, que viajaba desde Dubái hacia Tel Aviv con alrededor de 170 pasajeros, emitió señales de emergencia y terminó desviándose hacia Tabuk, en Arabia Saudí. Israel llegó a movilizar aviones de combate ante el temor de que pudiera tratarse de un secuestro. Posteriormente, autoridades israelíes señalaron que uno de los pilotos habría atacado al otro y habría intentado hacerse con el control del aparato. La investigación todavía debe determinar con precisión qué ocurrió y cuál fue el motivo.
Ese matiz es importante. No se trata simplemente de recuperar una amenaza del pasado, sino de comprobar hasta qué punto los protocolos actuales pueden responder cuando el peligro surge dentro de la propia cabina.
Los secuestros que transformaron la seguridad israelí
Israel conoce bien este tipo de episodios. Durante las décadas de 1960 y 1970, los secuestros de aviones vinculados con el país estuvieron relacionados en varios casos con organizaciones palestinas y con la exigencia de liberar presos.
En 1968, un avión de El Al que cubría la ruta entre Roma y Tel Aviv fue desviado a Argelia. El secuestro se prolongó durante 40 días y terminó con la liberación de 16 presos palestinos. Años después llegaron otros episodios que marcaron la historia de la aviación, como el intento protagonizado por Leila Khaled en 1970 y el secuestro de un vuelo de Air France desviado a Entebbe, Uganda, en 1976.
Aquella etapa dejó una consecuencia duradera: la seguridad de los vuelos con destino a Israel pasó a tratarse como una cuestión específica y de máxima sensibilidad.
El verdadero cambio está en lo que ocurrió después
Desde entonces, los controles se han endurecido de forma notable. El Al incorporó agentes de seguridad en sus vuelos, controles de pasajeros especialmente exhaustivos y medidas destinadas a impedir que una amenaza llegue a la cabina. Esa estrategia contribuyó a que los secuestros de aeronaves vinculadas con Israel dejaran de ser un fenómeno habitual.
Pero el incidente del vuelo de Flydubai introduce una diferencia fundamental: la amenaza no habría procedido inicialmente de un pasajero que intentara entrar en la cabina, sino de un miembro de la propia tripulación.
Ahí reside buena parte de la relevancia del caso. La seguridad aérea moderna ha reducido enormemente las posibilidades de repetir los secuestros clásicos, pero ningún sistema elimina por completo los riesgos. Cuando el problema aparece dentro de la cabina, los protocolos tienen que responder en cuestión de segundos.
El avión terminó aterrizando de forma segura y los pasajeros fueron puestos a salvo. Ahora corresponde a la investigación establecer qué ocurrió exactamente. Más que demostrar que la historia se repite, el episodio recuerda que las amenazas para la aviación cambian con el tiempo y obligan a revisar continuamente los mecanismos diseñados para impedir que una emergencia se convierta en una tragedia. @mundiario
