Italia y Alemania frenan la suspensión del Acuerdo UE-Israel y debilitan la ofensiva de España

El debate sobre la suspensión del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea e Israel ha vuelto a evidenciar la falta de consenso entre los Veintisiete. La iniciativa, promovida por el ministro de Asuntos Exteriores español José Manuel Albares junto a Irlanda y Eslovenia, buscaba enviar una señal política contundente frente a la actuación del Ejecutivo de Benjamín Netanyahu en Oriente Próximo.

Sin embargo, el rechazo de países clave como Alemania e Italia ha bloqueado nuevamente cualquier avance significativo. La unanimidad requerida para una suspensión total —y la mayoría cualificada para una parcial— siguen estando fuera de alcance, lo que deja la propuesta en un punto muerto.

Las posiciones de Alemania e Italia han resultado determinantes. El ministro alemán, Johann Wadephul, calificó la iniciativa de “inapropiada”, mientras que su homólogo italiano, Antonio Tajani, rechazó que bloquear un acuerdo comercial sea una herramienta eficaz. Ambos países defienden mantener un enfoque basado en el “diálogo crítico y constructivo” con Israel, evitando medidas que puedan tener efectos colaterales sobre la población civil o deteriorar completamente las relaciones diplomáticas.

Esta postura no implica ausencia de críticas hacia Israel, pero sí una clara preferencia por mecanismos menos disruptivos que la suspensión del acuerdo. “No creo que bloquear un acuerdo comercial sea una herramienta útil, porque al final se acaba afectando a la población israelí en general, que a menudo no tiene nada que ver con los actos que cometen los militares y que luego se achacan al Gobierno; por lo tanto, nos mantenemos firmemente en contra de esto”, declaró Tajani en el receso de sesiones.

España insiste en la “credibilidad” europea

Desde la perspectiva española, el bloqueo supone una oportunidad perdida para reforzar la coherencia de la política exterior europea. “La pregunta que voy a formular a todos los países de la UE es qué más tiene que ocurrir para que la Unión reaccione ante la forma en que Israel conduce sus relaciones con el resto de Estados de Oriente Próximo y ante las violaciones sistemáticas del derecho internacional y de los derechos humanos”, ha defendido Albares.

El argumento central de Madrid gira en torno a la credibilidad. La UE, sostiene, no puede mantener relaciones normales con un socio si percibe que sus acciones contradicen los principios fundacionales del bloque. Esta visión es compartida por países como Irlanda o Bélgica, que abogan al menos por una suspensión parcial o por medidas económicas selectivas.

Ante la imposibilidad de avanzar en la suspensión del acuerdo, el debate se desplaza hacia opciones intermedias. Entre ellas, destacan las propuestas de restringir el comercio con asentamientos en territorios ocupados o ampliar las sanciones a colonos extremistas.

La alta representante de la política exterior europea, Kaja Kallas, ha abogado por explorar estas medidas antes de plantear escenarios más drásticos. Su planteamiento refleja una estrategia gradualista para evaluar primero qué acciones cuentan con respaldo suficiente antes de escalar la presión. @mundiario