Por: Héctor E. Contreras.
San Juan 12:12-15.
Según el profeta Zacarías, unos 400 años AC., este hombre de Dios escribió la forma en que el Salvador del mundo entraría a Jerusalén, donde al final de los días nuestro Señor recibiría la muerte en una cruz. Estas fueron las palabras de Zacarías: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna”, Zacarías 9:9. Este versículo nos enseña una vez más cuánto difieren los caminos de Dios y el de la humanidad. Los seres humanos esperaban que un rey conquistador, de gran fama y renombre, llegara y liberara a Jerusalén al frente de un poderoso ejército. En su lugar, vieron a un pobre y humilde rabino que cabalgaba sobre un asno rodeado por una multitud de campesinos. No parecía ni tenía los rasgos de un gran conquistador, pero una semana después se había levantado de entre los muertos, tras haber vencido a la muerte y al infierno. Por tal razón, mis amados del Señor, en Él somos más que vencedores.
“Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Y cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es este? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea”, Mateo 21:8-11. El mundo cristiano celebra la “Semana Santa”. Los católicos utilizan las ramas de las palmeras y las reparten entre sus feligreses en los templos. Como podemos notar en lo escrito por Mateo en los versos anteriores. Jesús cumplió la última semana de su ministerio en la tierra, cumpliendo deliberadamente las profecías mesiánicas. Su entrada triunfal a la ciudad de Jerusalén, tuvo lugar una semana antes de su muerte. A los súbditos de un monarca le rendían homenaje colocando alfombras para que éste pasase por ellas; sin embargo, al Rey de reyes y Señor de señores, Jesucristo, su alfombra fueron mantos y ramas silvestres.
Muchos años antes del acontecimiento de Jerusalén cuando Jesús entró en ella caminando hacia su muerte, uno de los salmistas escribió en el salmo ll8, 19 y 20 “Abrid las puertas de la justicia; Entraré por ellas, alabaré a JAH. Esta es la puerta de Jehová; Por ella entrarán los justos.” Y en los versículos 25 y 26 “Este es el día que hizo Jehová: nos gozaremos y alegraremos en él. Oh Jehová. sálvanos ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora. Bendito el que viene en el nombre de Jehová; desde la casa de Jehová os bendecimos”, Salmo 118:24-26. Los versículos 19-20, son la afirmación sobre atravesar las puertas, dan la tónica para que la multitud usara los versos 25 y 26 del salmo 118, como cántico de alabanza cuando Jesús hizo su entrada triunfal a Jerusalén. Los gritos de “sálvanos ahora”, en hebreo “Hosanna”, fueron proferidos por la multitud; constituían un reconocimiento de que Jesús, cuya entrada a Jerusalén celebraban, es el Señor y puede salvar; ¡Él es Dios! Salmo 118:27.
“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”, Lucas 19:41-44. Jesús sabía que las aclamaciones del pueblo serían pasajeras. Ellos estaban ciegos a la verdadera naturaleza de su reino y lo rechazaron. En consecuencia, Jerusalén sería destruída, una profecía que se consumaría en el año 70 d.c.
El mundo está rodeado del vallado de la ceguera espiritual que cubre sus ojos, para no ver ni siquiera lo que está a su lado. Este vallado es el pecado que asedia a toda la humanidad. Es el tiempo ideal, para que todos nos acerquemos a Jesús y dejarlo entrar como visitante distinguido en el centro de nuestros corazones, para que cuando nos llegue ser sitiados, podamos enfrentar con gallardía y coraje al enemigo que busca nuestra destrucción, este es Satanás, a quien reprendemos con la autoridad recibida cuando confesamos que Jesucristo es el Señor, nuestro Señor, para gloria del Padre. La sangre derramada en la cruz del Monte Calvario, nos cubre y fortalece hoy. A Él sea la gloria por siempre. ¡Amén!
“El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y decían: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna”, Juan 12:12-15. Tanto Lucas como Juan, ambos apóstoles casi dan la misma declaración sobre la entrada de Jesús a Jerusalén. La diferencia consiste en que, Juan hace la mención de Jesús como el “Rey de Israel”. Y no sólo es el Rey de Israel, también Él quiere reinar en el centro de tu corazón, de tu vida y familia en este tiempo.
Aunque entró a la ciudad donde había de entregar su propia vida en rescate de toda la humanidad, Jesús da inicio a su última semana sobre la tierra entrando a Jerusalén montado sobre un asno bajo un cielo de ramas de palmera, entre una multitud que lo aclamaba como su Rey. Para anunciar que en verdad Él era el Mesías, Jesús escogió un momento en el que todo el pueblo de Israel estaba reunido en Jerusalén, un lugar donde enormes multitudes le vieran y una forma de proclamar su misión que resultase inconfundible.
Que el tiempo actual, donde todo un mundo toma lo que se ha llamado la Semana Santa o Semana Mayor para apartarse en un derrotero sin control, para ti es el tiempo ideal para que permitas que Jesús el Señor, entre a morar en tu corazón, es mi deseo ferviente y también mi oración. ¡Bendiciones!



