Kallas alerta de más sabotajes rusos en Europa mientras la UE prepara un protocolo de emergencia

Europa vuelve a mirar hacia su seguridad con una preocupación que ya no se limita a la posibilidad de una guerra convencional. La advertencia formulada por la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, sitúa en primer plano una amenaza distinta: sabotajes, ciberataques, drones, incendios provocados, interferencias y otras operaciones diseñadas para presionar a los Estados europeos sin cruzar necesariamente el umbral que activaría los mecanismos tradicionales de defensa colectiva.

“Según los datos de Inteligencia, Rusia está planeando más actos de sabotaje y ataques contra nuestra democracia para dividir a nuestra sociedad e intimidarnos para que no ayudemos a Ucrania”, afirmó Kallas antes de la reunión de ministros de Defensa de la UE en Bruselas. La advertencia no significa que todos los incidentes registrados en Europa hayan sido atribuidos judicial o públicamente a Moscú, pero sí refleja una valoración de los servicios de inteligencia europeos que está condicionando ya la política de seguridad comunitaria.

La cuestión esencial es precisamente qué hacer cuando un Estado miembro considera que está siendo atacado, pero el incidente no alcanza la dimensión de una agresión armada. Ahí aparece el llamado Protocolo de Seguridad de Emergencia, impulsado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y desarrollado ahora por los Veintisiete.

La llamada guerra híbrida ocupa una zona difícil de definir entre la confrontación política, el espionaje, el sabotaje y la acción militar. Puede incluir ataques contra infraestructuras críticas, operaciones cibernéticas, manipulación informativa, interferencias electorales, incendios provocados, sabotajes ferroviarios o energéticos, drones e incursiones en el espacio aéreo.

Su característica principal es que busca producir efectos estratégicos sin desencadenar necesariamente una respuesta militar convencional. Precisamente por eso resulta complicado determinar cuándo un incidente aislado forma parte de una campaña coordinada y cuándo responde a una acción criminal o a otra causa.

La UE ya dispone de instrumentos para responder a estas amenazas mediante sanciones, medidas diplomáticas, cooperación de inteligencia y capacidades nacionales. El problema que Bruselas intenta resolver ahora es otro: cómo coordinar rápidamente esas herramientas cuando un ataque afecta a un Estado miembro y existe la sospecha de que forma parte de una campaña exterior.

El debate ha adquirido mayor relevancia después de varios incidentes recientes atribuidos o investigados como posibles operaciones rusas. Entre ellos figuran episodios relacionados con drones, sabotajes e incidentes en infraestructuras europeas. La OTAN también ha reclamado una identificación pública más rápida de los responsables cuando existan pruebas suficientes.

El nuevo protocolo europeo: qué pretende y qué sería

La propuesta de Von der Leyen pretende crear un procedimiento de consultas y coordinación para situaciones que se encuentren “por debajo del umbral de la agresión armada”. Si un país considera que se enfrenta a una amenaza híbrida grave, el mecanismo permitiría reunir rápidamente a los Estados miembros para analizar el incidente y coordinar la respuesta.

Este mecanismo no funcionaría como un equivalente europeo al Artículo 5 de la OTAN, ni sustituiría al Artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea, el cual ya establece la obligación de ayuda y asistencia ante una agresión armada. Su objetivo real es cubrir, precisamente, el vacío existente entre un problema de seguridad nacional y una agresión militar abierta; un espacio difuso que las operaciones híbridas aprovechan de forma constante para dificultar una respuesta colectiva.

El protocolo tampoco está aprobado todavía. La discusión celebrada en Bruselas fue preliminar y existen dudas sobre su arquitectura definitiva, los criterios para activarlo y la relación que tendría con los mecanismos de la OTAN. Varios gobiernos quieren evitar que la iniciativa genere estructuras paralelas o una duplicación de competencias con la Alianza Atlántica.

Uno de los obstáculos más importantes es determinar quién está detrás de cada operación. En un ataque convencional, identificar al agresor puede ser relativamente sencillo. En una operación híbrida, el atacante puede recurrir a intermediarios, grupos criminales, piratas informáticos o personas que actúan sin conocer completamente quién las dirige.

Por eso, algunos gobiernos europeos reclaman acelerar el intercambio de inteligencia y establecer procedimientos que permitan pasar de la sospecha a una atribución suficientemente documentada. Esta cuestión tiene consecuencias políticas. Acusar públicamente a Rusia de un sabotaje sin disponer de pruebas sólidas puede generar problemas diplomáticos y jurídicos. Pero esperar demasiado tiempo para reaccionar también puede dificultar la disuasión si los ataques forman parte realmente de una campaña coordinada.

La propia OTAN ha planteado que hacer pública la responsabilidad cuando existen pruebas puede elevar el coste político de estas operaciones. La cuestión, por tanto, no es únicamente disponer de más información, sino compartirla con rapidez y establecer cuándo puede convertirse en una respuesta común.

La advertencia sobre la guerra híbrida coincide con otra discusión más amplia: la capacidad militar europea. El primer informe de preparación en Defensa de la Agencia Europea de Defensa advierte de que la UE no avanza con suficiente rapidez para alcanzar el nivel de preparación previsto para 2030.

El problema no se limita a los grandes sistemas de armamento. El informe señala carencias en defensa aérea y antimisiles, capacidades terrestres, fuerzas navales, drones y reservas de munición. La cuestión es que incrementar el gasto no se traduce automáticamente en disponer de fuerzas utilizables, interoperables y sostenibles.

Por eso, algunos gobiernos están reclamando compras conjuntas y una mayor coordinación industrial. Finlandia, por ejemplo, ha insistido en reforzar la defensa aérea y acelerar las adquisiciones comunes después de los recientes incidentes relacionados con el espacio aéreo.

Aquí aparece una segunda dimensión del problema: Europa está intentando prepararse simultáneamente para una posible amenaza militar convencional y para una campaña híbrida que ya considera en marcha.

La frontera entre seguridad europea y guerra de Ucrania

Kallas vincula explícitamente los ataques híbridos con el respaldo europeo a Ucrania; bajo su interpretación, Moscú pretende elevar el coste político interno del apoyo a Kiev para generar divisiones entre los gobiernos y las sociedades occidentales. Si bien esta valoración forma parte de la postura oficial de la Unión Europea y de varias capitales del continente, Rusia rechaza categóricamente las acusaciones de estar ejecutando una campaña de sabotaje en suelo europeo. Por lo tanto, cada atribución concreta requiere pruebas específicas y no puede darse por demostrada únicamente a partir del contexto general.

Lo que sí ha cambiado es la percepción de riesgo en las capitales europeas. La guerra de Ucrania ha dejado de contemplarse exclusivamente como un conflicto situado en territorio ucraniano. Para numerosos gobiernos europeos, sus consecuencias ya alcanzan las infraestructuras, el espacio aéreo, las redes digitales y la seguridad interior del continente.

La iniciativa europea se encuentra todavía en una fase inicial. Bruselas debe determinar qué incidentes activarían el protocolo, quién tomaría la decisión, qué medidas podrían adoptarse y cómo se coordinaría la respuesta con la OTAN y con los instrumentos nacionales.

Ese último punto será decisivo. La Unión Europea cuenta con 27 Estados con distintas percepciones de amenaza y diferentes capacidades militares. Para los países del este y del norte, la amenaza rusa constituye una preocupación inmediata; otros Estados conceden mayor importancia a problemas de seguridad distintos.

El debate sobre el protocolo refleja, por tanto, una transformación más amplia de la política europea. La UE está intentando pasar de reaccionar individualmente ante incidentes híbridos a desarrollar una capacidad de respuesta coordinada. La advertencia de Kallas acelera ese proceso, pero no resuelve las preguntas fundamentales: cómo atribuir los ataques, cuándo considerarlos parte de una campaña hostil, qué respuesta corresponde y cómo evitar que una operación situada en la llamada zona gris termine provocando una escalada mayor. @mundiario