La guerra en Ucrania no solo se libra en el campo militar, sino también en el terreno energético y financiero. En este cruce de intereses, el oleoducto Druzhba se ha convertido en una pieza central. Su posible reactivación está a punto de desbloquear uno de los mayores paquetes de ayuda de la Unión Europea a Kiev: un préstamo de 90.000 millones de euros que llevaba semanas paralizado por el veto de Hungría.
El nuevo anuncio del presidente Volodímir Zelenski marca un punto de inflexión en esta crisis. “Ucrania ha concluido los trabajos de reparación en el tramo del oleoducto Druzhba que resultó dañado por un ataque ruso”, afirmó, subrayando que “el oleoducto ya está listo para retomar las operaciones”.
La reapertura del oleoducto no es un simple hecho técnico. Es, en esencia, la respuesta a una de las principales exigencias de Budapest, que había condicionado su apoyo financiero a la restauración del suministro energético. Hungría depende en gran medida de este corredor para su abastecimiento, lo que explica su firme postura durante las negociaciones.
El papel del primer ministro Viktor Orbán para formalizar la parálisis ha sido determinante. Budapest bloqueó el préstamo alegando que el corte del suministro equivalía a una forma de presión política por parte de Ucrania, acusación que Kiev siempre rechazó.
La posición húngara quedó resumida en una fórmula directa: “no oil = no money”. Sin embargo, el propio Orbán había dejado abierta la puerta al acuerdo al asegurar que levantará el veto en cuanto se restablezca el tránsito. Este vínculo explícito entre energía y financiación ilustra hasta qué punto la seguridad energética sigue condicionando la política europea.
Orbán continuará formalmente en el cargo hasta que un nuevo Gobierno tome el relevo en mayo. El futuro primer ministro, Péter Magyar —cuyo partido Tisza ganó las elecciones—, ha declarado que no obstaculizará el préstamo que el Consejo Europeo ya aprobó en diciembre, aunque Hungría mantendrá su cláusula de exclusión (opt-out) para no participar en él.
Magyar afirmó ante los periodistas en Budapest: “Hungría, Chequia y Eslovaquia no participan en el préstamo de 90.000 millones de euros, por lo que no incumbe a nuestro país. Así es como fue aprobado”.
Bruselas acelera: optimismo con cautela
Desde la Unión Europea, el tono ha cambiado en las últimas horas. La alta representante Kaja Kallas expresó una expectativa clara: “se podría esperar una decisión positiva en las próximas 24 horas”.
Este optimismo se apoya en una secuencia cuidadosamente diseñada: reanudación del flujo, levantamiento del veto y aprobación formal del préstamo. Un proceso que, según fuentes comunitarias, podría resolverse en cuestión de días si no surgen nuevos obstáculos.
No obstante, la experiencia reciente invita a la prudencia. Como reconoció el comisario de Economía y Productividad Valdis Dombrovskis: “Si ocurre esta semana, genial”, pero también advirtió que los retrasos y cambios de posición han sido constantes.
El paquete de 90.000 millones no es un simple instrumento financiero. Representa una de las principales líneas de sostén para Ucrania en el medio plazo. Según estimaciones internacionales, cubrirá cerca de dos tercios de las necesidades de financiación del país entre 2026 y 2027.
Además, su estructura refleja la complejidad del contexto geopolítico: financiado mediante deuda europea y respaldado, en parte, por los activos rusos congelados, el mecanismo vincula directamente la ayuda a Ucrania con el coste económico de la guerra para Moscú.
Zelenski lo dejó claro al señalar que “Ucrania ha cumplido con la petición realizada por la Unión Europea”, sugiriendo que ahora la decisión está en el tejado europeo. @mundiario
