Kim Jong-un busca un nuevo acuerdo en plena escalada militar de Corea del Norte

Corea del Norte ha disparado alrededor de diez misiles balísticos de corto alcance hacia el mar de Japón, en un movimiento que Seúl considera una provocación y que vuelve a situar a Pyongyang en el centro de la tensión regional. Los proyectiles recorrieron unos 300 kilómetros antes de caer al mar, según el Estado Mayor Conjunto surcoreano.

El episodio destaca, sobre todo, por su volumen. Corea del Norte ya habría lanzado más de una veintena de proyectiles en esa dirección durante este año, una actividad que mantiene a Corea del Sur y Japón en permanente vigilancia.

Para Seúl, además, no se trata únicamente de una prueba militar. La oficina presidencial surcoreana ha denunciado una vulneración de las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y ha reclamado el cese inmediato de este tipo de acciones.

Japón queda de nuevo en el punto de mira

El episodio también adquiere una dimensión especialmente delicada por el deterioro de las relaciones entre Pyongyang y Tokio. Japón ha reforzado en los últimos años sus capacidades defensivas y ha planteado una estrategia militar más contundente, algo que el régimen norcoreano interpreta como una amenaza directa.

Kim Yo-jong, hermana del líder norcoreano y una de las voces más influyentes del régimen, ha acusado recientemente a Japón de avanzar hacia una capacidad de ataque preventivo que, según Pyongyang, altera el equilibrio de seguridad en la región.

El lanzamiento, por tanto, llega en un momento en el que cualquier prueba armamentística puede servir también como mensaje político: Corea del Norte quiere dejar claro que el fortalecimiento militar de sus vecinos no quedará sin respuesta.

Trump y Kim, dos movimientos que chocan

La mayor incógnita ahora está en cómo afectará esta demostración de fuerza al posible regreso de la diplomacia entre Washington y Pyongyang. Donald Trump ha expresado su intención de reunirse de nuevo con Kim Jong-un antes de que termine el año y ha descrito como positivos los contactos recientes entre ambas partes.

Sin embargo, Pyongyang mantiene un discurso mucho más duro. Kim Yo-jong ha restado importancia a los cambios introducidos por Estados Unidos en los ejercicios militares con Corea del Sur y sostiene que la política de Washington hacia su país continúa siendo hostil.

El contexto añade otra pieza al tablero: los lanzamientos se producen durante la visita a Seúl del ministro chino de Exteriores, Wang Yi, y mientras Estados Unidos y Corea del Sur desarrollan sus maniobras militares conjuntas.

La paradoja es evidente: mientras Trump intenta abrir una puerta al diálogo con Kim, el régimen norcoreano sigue utilizando su arsenal para reforzar su posición negociadora. Más que un simple intercambio de misiles, el episodio vuelve a demostrar que cualquier acercamiento diplomático en la península coreana estará condicionado por la capacidad de Pyongyang para mantener la presión militar. @mundiario