El fútbol también tiene días en los que la justicia decide mirar más allá del ruido. Endrick, cedido por el Real Madrid al Olympique Lyon, recibió una noticia que en su vestuario se celebró como un gol agónico: la Comisión de Disciplina de la LFP le retiró la roja directa que vio ante el Nantes y la transformó en una segunda amarilla. El resultado es un solo partido de sanción. Alivio absoluto.
La decisión cambia el panorama. Con la roja directa, el brasileño se exponía a entre uno y tres encuentros de castigo por “conducta antideportiva”. Era el escenario más temido para el OL, que se sentía indignado por el trato hacia su nueva estrella. Tras revisar las imágenes y el informe arbitral —que recomendaba retirar la roja—, la LFP optó por corregir el castigo y suavizar la sanción.
La jugada clave ocurrió en el minuto 52. Endrick, sometido a un marcaje asfixiante, reaccionó con frustración ante la dureza de Tabibou. Dejó la pierna en el talón del rival, sin aparente mala intención, pero con contacto suficiente para que el VAR interviniera. El árbitro mostró la roja directa, pese a que el delantero ya tenía amarilla, y ahí comenzó la polémica.
El Lyon reclamó protección para su jugador. Paulo Fonseca denunció que Endrick se ha convertido en objetivo prioritario de las defensas rivales, que lo reciben con entradas duras y presión constante. La paradoja es evidente: cuanto más brilla, más lo castigan. Y el club teme que esa dinámica termine por frenar su impacto en la Ligue 1.
El veredicto deja un sabor mixto. Se celebra que no haya sanción larga, pero se lamenta su ausencia ante el Niza, un duelo crucial. El Lyon llega lanzado, con 12 victorias seguidas, y buena parte de esa racha se explica por el salto competitivo que les ha dado el brasileño. La buena noticia es que volverá el 22 de febrero ante el Estrasburgo, un escenario exigente donde podrá demostrar que, pese a los impulsos, sigue siendo un fenómeno. @mundiario
