La contundente victoria del Real Madrid frente al Sevilla FC (4-1) no ha conseguido apagar el incendio arbitral encendido durante el primer acto en el Santiago Bernabéu. Con el marcador aún señalando el 0-0 inicial, un lance sin balón protagonizado por Arda Güler y el atacante sevillista Peque desató la indignación unánime de la expedición hispalense, que reclamó con vehemencia la cartulina roja directa para el internacional turco por una presunta agresión con el codo. La ausencia de revisión en el monitor a pie de campo colocó de inmediato en el disparadero tanto a la sala VOR de Las Rozas como al despliegue técnico de la realización audiovisual.
La controversia ha apuntado de lleno a la labor de Global Futbol Production (GFP), la sociedad conjunta integrada por HBS y la compañía italiana NVP que asumió el pasado curso la producción oficial de las retransmisiones de LaLiga hasta la temporada 2029/2030 tras relevar a Mediapro. Fuentes autorizadas de la patronal futbolística salieron al paso de las suspicacias para detallar que el problema no radicó en una omisión deliberada de los operadores, sino en una limitación física del tiro de cámara en una jugada que transcurrió completamente alejada del foco del juego activo.
A pesar de que el despliegue técnico en el coliseo de Concha Espina contó con una infraestructura de 23 cámaras de última generación, la acción entre el otomano y el jugador visitante se produjo a espaldas del colegiado principal y sin disputa inmediata del esférico. En ese instante, los tiros principales y las ópticas de seguimiento cerrado enfocaban la trayectoria de la pelota, provocando que el incidente solo fuera registrado de forma lejana y periférica por las tomas de plano general: la cámara de fondo, el tiro cenital de la ‘Skycam’ y el dispositivo asignado a los fueras de juego.
Desde el estamento arbitral se insistió en que la señal que llega a la unidad móvil y a las pantallas domésticas es exactamente la misma que tuvo a su disposición Guillermo Cuadra Fernández, máximo responsable del videoarbitraje durante el encuentro. Por tanto, se desmiente de forma categórica que existieran imágenes reservadas o tomas adicionales que no se hubieran suministrado al equipo de asistentes para deliberar la pertinencia de una sanción disciplinaria.
Las explicaciones aportadas por miembros del Comité Técnico de Árbitros (CTA) inciden en la imposibilidad de aplicar el protocolo de revisión sin una imagen que aporte certeza matemática. «De las múltiples cámaras que hay en el partido, no todas valen para el VAR. La acción ocurre a espaldas del árbitro, zona fuera de balón. Las cámaras no estaban enfocando ahí, sólo las que tienen un tiro muy abierto. Como se ha visto, la acción aparece, pero no hay detalle», admitieron portavoces del colectivo de jueces.
El principio de evidencia y los límites de la tecnología
El núcleo de la argumentación federativa se ampara de forma estricta en el reglamento internacional que rige la herramienta del VAR, el cual prohíbe taxativamente revocar una decisión de campo basándose en presunciones o interpretaciones subjetivas. Si el colegiado sobre el césped no percibió infracción alguna y los monitores no aportan una toma ampliada donde se clarifique el punto exacto de contacto, la intervención del videoarbitraje queda formalmente invalidada por falta de sustento probatorio.
«No se aprecia si le da con el hombro, con el codo, con la mano, en la cara… No se ve. Y como no hay evidencia, no se puede intervenir. En el campo no se sancionó y el VAR, sin pruebas concluyentes, no puede hacer nada», zanjaron con rotundidad desde el organismo arbitral, blindando la actuación de Cuadra Fernández en la sala técnica al no disponer del material idóneo para instar a la expulsión del centrocampista turco.
La explicación técnica no ha calmado los ánimos en la entidad de Nervión, donde consideran que la fuerza de la inercia y los gestos de dolor de Peque sobre el césped debieron merecer al menos una advertencia para valorar la gravedad del choque. En el bando sevillista se lamenta que una acción de semejante trascendencia quedara impune en los minutos iniciales de un duelo que terminó decantándose con holgura para los pupilos de José Mourinho.
El episodio reabre el debate recurrente en el fútbol profesional sobre los ángulos muertos que persisten en los estadios modernos a pesar del incremento tecnológico. Aunque los operadores desplieguen decenas de lentes en las gradas y el perímetro, las disputas alejadas del esférico continúan dependiendo en gran medida del ojo humano o del azar de un tiro de cámara casual que capte el instante con la nitidez requerida por el reglamento.
El choque concluyó con tres puntos de oro para el casillero merengue, pero la jugada de Güler continuará alimentando tertulias y análisis durante las próximas jornadas. Con el CTA respaldando formalmente el silencio del VAR ante la falta de pruebas definitivas y el sevillismo masticando su frustración, el caso Güler queda archivado como otra de esas polémicas donde la tecnología más avanzada se estrella contra los límites de la propia imagen. @mundiario
