La FIFA vuelve a prometer cambios, pero ya vimos esta película en Qatar

La FIFA vuelve a presentar el Mundial como un laboratorio para modernizar el fútbol. Nuevas medidas arbitrales, más control sobre las pérdidas de tiempo y una apuesta decidida por la tecnología forman parte del paquete de novedades.

Sobre el papel, pocas personas pueden estar en contra. El problema aparece cuando el fútbol pasa de los documentos a los estadios. Ahí es donde muchas revoluciones terminan perdiendo fuerza.

El mejor ejemplo reciente aparece en el Mundial de Qatar 2022. Durante los primeros partidos, los descuentos se dispararon hasta cifras nunca vistas. Algunos encuentros superaron los diez minutos añadidos y otros rozaron los quince.

La explicación parece razonable. La FIFA quiere compensar cada interrupción para aumentar el tiempo efectivo de juego y reducir las pérdidas de tiempo que llevan décadas formando parte del deporte.

Sin embargo, conforme avanzó el torneo, aquellos descuentos extraordinarios empezaron a desaparecer. Los partidos regresaron poco a poco a cifras mucho más parecidas a las que se veían durante el resto de la temporada.

La sensación es que la FIFA logró modificar el comportamiento de los árbitros durante unos días, pero no durante un mes entero. Y esa diferencia resulta fundamental cuando se habla de cambios estructurales.

Ahora vuelve a suceder algo parecido. El organismo anuncia nuevas medidas y transmite la sensación de que el fútbol entra en una nueva era. La pregunta no es si las normas son buenas o malas. La pregunta es si seguirán aplicándose exactamente igual cuando llegue la final.

Porque la historia reciente demuestra que cambiar un reglamento es relativamente sencillo. Lo verdaderamente complicado es cambiar hábitos que llevan décadas formando parte del fútbol. @mundiario