La Serie A vive un presente tan brillante en el césped como inquietante en los despachos. Italia ha recuperado competitividad, emoción y una sensación de liga imprevisible que durante años pareció exclusiva de la Premier. Pero mientras el balón sonríe, las cuentas lloran: el Calcio cerró la temporada 2024/25 con unas pérdidas globales de 360 millones de euros, según el 17º estudio económico de La Gazzetta dello Sport.
El dato que más alarma no es solo el número, sino el patrón: 13 de los 20 clubes pierden dinero. Es decir, la mayoría de la liga compite en modo supervivencia. Y eso, en una industria donde el rendimiento deportivo depende cada vez más de la inversión, no es una grieta: es una amenaza estructural.
Italia se ha convertido, además, en un mercado de tránsito. Los clubes generan valor formando y revalorizando futbolistas… para venderlos después al extranjero. En 2024-25, las ventas de jugadores dejaron 844 millones en plusvalías, una cifra que suena espectacular, pero que también retrata la dependencia: si no vendes, te asfixias.
El problema es que el gasto no acompaña a esa lógica de vendedor. Los salarios se han disparado hasta los 2.000 millones, y el desembolso en traspasos alcanzó los 837 millones, una mezcla peligrosa: vender mucho, pero gastar casi lo mismo, y además pagar sueldos de liga rica con ingresos de liga que no lo es.
Ahí está el núcleo del drama. Los ingresos tradicionales —televisión, publicidad, patrocinios— no crecen al ritmo que exige el mercado. Y esa falta de músculo ha abierto una fractura interna: mientras los ocho mejores clubes aumentaron sus ingresos básicos (155 millones), los otros doce registraron pérdidas cercanas a los 100 millones. La Serie A ya no es una liga, es un ecosistema partido en dos.
La Champions, como siempre, actúa como bisturí y como salvavidas. Participar te mantiene con vida. No hacerlo te condena a vender. La final del Inter fue un ejemplo claro de cómo Europa puede ser una inyección que lo cambia todo… y de cómo esa diferencia agranda la brecha entre los de arriba y los de abajo.
El último dato es casi simbólico y, a la vez, revelador: solo tres clubes no tienen deudas con bancos —Como, Fiorentina y Parma— y los tres comparten un factor común: el peso de accionistas extranjeros. En Italia, el fútbol sigue siendo pasión, pero cada vez se sostiene menos con romanticismo y más con capital externo. Y cuando una liga necesita inversores para respirar, es que el sistema ya no funciona como debería. @mundiario
