Por: Héctor E. Contreras.
El autor es Pactor Ordenado.
Filipenses 2:1-4 y Romanos 15:2-6.
Hace algún tiempo atrás, la mayoría de en nuestra congregación nos pusimos de acuerdo para realizar como grupo un ayuno durante toda una semana. Al finalizar la jornada, todos estábamos gozosos por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. La base para realizar esto, fue la unidad reinante en cada persona que aceptó el reto, por ende, los propósitos por los cuales convocamos tal evento se cumplieron, porque eran guiados por el poder de Dios. “Sean todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”, I-Pedro 3:8-9. Pedro presenta cinco elementos claves que deben caracterizar a cualquier grupo de creyentes en Jesucristo: 1-) Armonía, al buscar las mismas metas, 2-) Compasión, al responder a las necesidades de los demás, 3-) Amor, al ver y tratar a los demás como hermanos o amigos, 4-) Compasión, al ser sensibles en nuestro afecto e interés y 5-) Humildad, al procurar animar a otros a regocijarse con los triunfos de los demás. Estas cinco cualidades son de gran ayuda para todos los que se disponen a despojarse de sí mismos con el único propósito de agradar a Dios y servir a su prójimo. Te invito a que vivas esta experiencia; ¡Es única! Y sólo Dios nos da la sabiduría para vivirla.
“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”, Santiago 4:10. Humillarnos significa reconocer que nuestro valor viene solamente de Dios. Ser humilde implica actuar con su poder de acuerdo con su guía y dirección, nunca con nuestros propios esfuerzos. Aunque no merecemos su favor, Él nos ama y nos da valor y dignidad a pesar de nuestros defectos humanos. Para reafirmar esto, veamos lo que nos dice el apóstol Pedro: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo”, I-Pedro 5:6.
A menudo nos preocupamos por nuestro nivel social, en espera de recibir el reconocimiento apropiado por lo que hacemos, pero Pedro nos recuerda que el reconocimiento de Dios es más valioso que la alabanza humana. Dios quiere bendecirnos a su debido tiempo. Obedecer a Dios a pesar de las circunstancias, nos lleva a la bendición de Él en su tiempo, nunca en el nuestro. Alguien escribió esto: “Hay dos formas de enfrentar la vida; una es el orgullo, creyendo que lo sabes todo y la otra es la humildad, reconociendo que tienes mucho que aprender”. “Jehová cumplirá su propósito en mí”, Salmo 138:8. El principal propósito de Dios para tu vida, es que llegues al grado de alcanzar la humildad, es entonces que serás enaltecido, exaltado por el mismo Señor. Dios busca gente sencilla, humilde, que aprenda a buscar su presencia siempre y así establecer una relación de intimidad junto a Él. Dios quiere vivificar tu corazón y elevarte hasta las alturas donde Él está.
“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún afecto de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no miranda cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”, Filipenses 2:1-4. Muchas personas viven solo para dar una buena impresión a los demás o satisfacerse a sí mismas con lo que realizan, pero, la contienda y la vanagloria trae discordias. Sin embargo, el apóstol Pablo enfatiza la unidad espiritual, pidiendo a los filipenses amarse unos a otros y trabajar juntos con un corazón y un propósito. Cuando trabajamos unidos, soportando los problemas de otros como si fueran nuestros, demostramos así el ejemplo de Cristo que pone primero a los demás, y es así como experimentamos una verdadera y única unidad.
La ambición puede destruir fortunas, la humildad genuina puede hacerlas crecer. En su carta a la iglesia de Roma, Pablo escribió: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno”, Romanos 12:3.
Esto nos lleva también a escribir que es importante una buena autoestima, porque algunos nos tenemos muy en poco. Por otro lado, algunos nos sobreestimamos. La clave de una evaluación honesta y fiel es conocer las bases de nuestra valía, de nuestra nueva identidad en Cristo Jesús. Separados de Él, no somos muy competentes según las normas eternas. En Él, somos valiosos y capaces de realizar un servicio digno, agradable a Dios. Cuando uno se evalúa con las normas de su propio yo, y de los logros y el éxito, puede dar demasiada importancia al valor que tiene ante los ojos de los demás y perder su verdadero valor ante los ojos de Dios. Déjate evaluar por el Señor, su evaluación de lo que tú eres, es la perfecta, porque te lleva a las alturas espirituales jamás imaginadas por tí.
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”, Colosenses 3:12-13. Pablo nos ofrece aquí una estrategia para ayudarnos a vivir para Dios cada día, veamos: 1-) Mirar el espíritu perdonador y misericordioso de Cristo, 2-) Dejar que el amor guíe nuestras vidas, 3-) Permitir que la paz de Cristo gobierne nuestro corazón, 4-) Ser agradecidos y tomar en cuenta la Palabra de Dios siempre. El verso 13 nos declara que la clave para perdonar a otros es recordar lo mucho que Dios nos perdonó. ¿Te es difícil perdonar a alguien que se ha equivocado un poco cuando Dios te ha perdonado tanto? Pensar en el perdón y el amor infinito de Dios puede ayudarte a amar y perdonar a otros. El perdón trae liberación del alma, del espíritu. ¡Gloria a Dios por el perdón alcanzado en Cristo Jesús!
“El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre sabios morará. El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; más el que escucha la corrección tiene entendimiento. El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; Y a la honra precede la humildad”, Proverbios 5:31-33. Antes, el verso cinco declara: “El necio menosprecia el consejo de su padre, mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente”. Quien no admite la corrección y la disciplina, es casi imposible que pueda triunfar en su vida.
La humildad consiste en aceptar lo que, a la luz de nuestros propios ojos nos parece inaceptable, pero que a la luz del Espíritu Santo nos indica que, por medio de nuestra aceptación debemos afinar nuestros oídos para saber escuchar y llevar a cabo todo cuanto Dios quiere para nuestras vidas. Solo así llegaremos a morar entre los sabios. Nunca seamos necios, tampoco creamos que lo sabemos todo y que nunca tendremos necesidad de otras personas. Seamos humildes de corazón y llegará el tiempo cuando vivamos en una total unidad del espíritu que vive en cada vida.
Finalizando, añado la primera estrofa de una canción del cantautor Gadiel Espinosa que dice: “A el Alto y Sublime, que habita la eternidad y su nombre es el Santo de Israel. Al que habita en las alturas y en la santidad y con el quebrantado y humilde del espíritu, para hacer vivir el espíritu humilde y para vivificar el corazón quebrantado”.
Que la paz de Dios gobierne sus corazones y así, con la ayuda del Espíritu Santo, puedan llegar a la humildad de Él en Cristo Jesús. Bendiciones abundantes del cielo para cada vida, ahora y siempre.




