Isaías 54:7-10.
Por: Héctor E. Contreras,
hector.contreras26@gmail.com
Mi esposa Elena y yo, habíamos regresado de Estados Unidos, donde habíamos asistido a compartir con nuestra familia. A mediados del mes de Junio, 2020, decidimos visitar al cardiólogo para nuestro chequeo anual. En mi caso particular, fui al laboratorio, como siempre para la toma de muestras y así esperar los resultados de lo ordenado por el médico. Todo estaba en orden, menos los parámetros prostáticos. 5+4 y lo normal debe ser 4. Cuando el médico ve los parámetros se alarmó y me recomendó visitar un Urólogo. Al visitar este último médico, hermano en la fe y conocido por mí desde hacía algún tiempo, me realiza los chequeos rutinarios y ordena realizar una biopsia. Vamos al centro médico a realizarse lo ordenado, después de esperar varios días para recibirme. A la semana recibí los resultados clínicos de la referida biopsia. Llevamos los resultados al Urólogo y después de varios minutos en su consultorio, observa los resultados, me mira fijamente y me hace la siguiente pregunta: ¿A ud alguna vez le han dado una mala noticia? ¡Vaya pregunta! A lo que le respondo: “No solo me han dado malas noticias, sino que las he vivido”. Sus siguientes palabras, para mi esposa Elena y yo, fueron, el diagnóstico que he recibido me indica que: “Ud tiene cáncer”. ¡Tremenda noticia! Elena se inquieta por lo escuchado, me mira de frente y me dice algunas palabras de aliento. Al salir y montarnos en nuestro vehículo, le informamos a nuestras hijas, quienes estaban esperando el resultado. Al darles la noticia a ellas, familiares más cercanos y hermanos en la fe, lloraron. Sus lágrimas conmovieron mi alma y mi espíritu. A partir de estos diagnósticos, por recomendación de una colega de Elena, visitamos a una joven doctora Oncóloga, ésta nos ordenó realizar otros estudios relacionados con el caso que nos ocupa, para saber si el cáncer se había esparcido a otras partes de mi cuerpo. Aquí todo salió bien, gracias a Dios, porque la magnitud del cáncer que invadía mi cuerpo no había hecho lo que se le llama “metastasi”. Al recibirnos nuevamente en su consultorio, la médico Oncóloga ordenó realizarme 44 radioterapia, juntamente con una inyección mensual durante los primeros seis meses.
Lo más trascendente de todo esto, es la paz que vivía en lo personal, teniendo la certeza de que mi Dios y Señor, tenía control de todo.¡Tremenda introducción! Mi primera Radioterapia dio inicio el 27 de septiembre y concluyó el 26 de Octubre del 2020 y este día, 26 de octubre, precisamente, era el día de mi cumpleaños. 27 días después, el 23 de noviembre, recibí en mi cuerpo la inyección #18.
En la cita que encabeza este escrito, los dos primeros versos dicen así: “Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor”. Te recogeré con grandes misericordias. Son días difíciles para las personas que padecen este tipo de enfermedad, pensando en ocasiones por breves momentos Dios me había abandonado; pero no fue así, Dios tenía un control total de este largo proceso. Solamente tener que viajar todos los días de lunes a viernes, a recibir la radioterapia se convierte en algo casi insoportable. Mi cuerpo cambió en su totalidad, los vellos del pecho y de las axilas desaparecieron, una picazón por allí, otra por aquí. Durante la noche debía ir al baño cuatro o cinco veces. Pero, con todo, Dios nunca me abandonó durante todo este trayecto del tratamiento. Porque Él tuvo compasión eterna para conmigo como mi Redentor. Él también puede ser tu Redentor en este momento, porque Dios me ha dado entender con esta enfermedad, que el padecimiento no es solo para mi, sino para muchas personas que hoy la padecen. Durante mis visitas diarias al Centro de Radioterapia, Dios me dio la oportunidad de compartir palabras de aliento a los que, como yo, también sufrían la misma enfermedad. La secretaria de la unidad me llamaba. “mi pastor”, la mayoría de la gente pedía y deseaba la exposición de la Palabra de Dios, porque la misma servía de apoyo y fortaleza para todas las personas que allí asistían.
Hoy, casi dos años después de aquel día cuando el Urólogo me miró de frente y me dio la noticia de lo que padecía, puedo decir como Samuel: “Hasta aquí me ayudó el Señor”. Mi esposa, nuestras hijas, otros familiares muy cercanos y la Iglesia; todos fueron fuentes de apoyo para mí.
Elena, mi esposa, al estar siempre junto a mi, con sus palabras de aliento, verdaderamente, después de Dios, ha sido mi principal soporte, es lo que la mayoría de la gente que sufre este tipo de enfermedad necesita. Alguien que le diga que puede, que no tema, porque Dios está de su lado para hacer frente a lo que vive en ese momento, junto a ella. Me realizaron análisis clínicos tres meses después de concluir con las radioterapias, los cuales debieron realizarse tres veces, pues los analistas del laboratorio no creían lo que arrojaban los resultados, ya que sabían de mi historial. Dios me había sanado, para su gloria!!! Nuestras lágrimas ahora eran de alegría, de alabanza y adoración a nuestro Señor.
“Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré”, Isaías 54:8. Después de escribir este último verso, el Señor Dios Todopoderoso, me lleva al siguiente versículo y me dice: “Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas”, Isaías 54:2. ¡Qué promesa! También va para ti, mujer u hombre que ahora sufres, no tiene que ser la misma enfermedad del cáncer que carcome nuestros huesos, nuestro cuerpo, nuestro espíritu, sino las luchas encarnizadas que en ocasiones debes librar para salir adelante. Dios no se enojó contra mí, como dice el último verso; tampoco contra ti, porque Él está como poderoso gigante para defenderte, a ti y a mi. ¿Qué te parece? Dios ha extendido su gran misericordia para conmigo, si lo hizo conmigo, también lo hace contigo ahora, en el nombre de Jesucristo su Hijo.
“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti”, Isaías 54:10. Pacto, ¿Cuál pacto? Este es el pacto: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino”, II-Samuel 7:12. A uno de tu linaje: Esto puede interpretarse tanto a uno como a varios niños. También puede aplicarse a futuras generaciones dentro de una línea de sucesión. Se aplica para Salomón, hijo de David y también a nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
Tu y yo somos escogidos por Dios como sus hijos por medio del sacrificio de Él en la cruz del Calvario. “Tuyo es el brazo potente; Fuerte es tu mano, exaltada a tu diestra. Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; Misericordia y verdad van delante de tu rostro”, Salmo 89:13-14. Te invito a no desmayar, a no dejar de esforzarte por lo que tú has creído; Dios te sostiene con su fuerte mano. La misericordia y la verdad de Él van delante de ti, por tanto, no hay por qué temer, porque como dice el profeta Jeremías, su misericordia es nueva cada día para ti y los tuyos.
“Sentado al lado de mi ventana observando la lluvia caer sobre las hojas, reflexioné sobre todo por lo que había pasado desde mi diagnóstico de cáncer. Cinco sesiones de quimioterapia, un trasplante de médula ósea y seis meses en el hospital habían agotado mi cuerpo, mi mente y mi alma. Mi mundo se volvió gris, oscuro y solitario. Oraba por algo, cualquier cosa, que reanimar mi espíritu. Con el viento soplando entre los árboles, las ramas bailaban y se balanceaban; estallidos de truenos parecían seguir un ritmo. En el mundo que consideraba gris y oscuro, la música y el color bien podrían constituir una rivalidad con el lenguaje más hermoso de la cita bíblica que dice: “Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos; Van entre los montes. Dan de beber a todas las bestias del campo; Mitigan su sed los asnos monteses. A sus orillas habitan las aves de los cielos; Cantan entre las ramas. El riega los montes desde sus aposentos; Del fruto de sus obras sacia la tierra”, Salmo 104:10-13. Sólo tenía que abrir mis ojos para verlo”. Estas son las palabras escritas en la Revista El Aposento Alto del 10 de Septiembre 2020, por el hermano Samuel Felderman, de Iowa, Estados Unidos de América. Al leer este testimonio, encuentro que, el hermano Samuel recibió quimioterapia, trasplante de médula ósea y seis meses de internamiento; en mi caso, aunque como él, creí vivir ese mundo gris, oscuro y solitario, sin embargo, pudo despertar a esa oscuridad al recibir el mensaje de Dios a su corazón solo observando cuando las gotas de lluvia salpicaba su ventana. Dios habla a tu corazón, a tu espíritu ahora, te dice que nos desmayes, porque Él está contigo para ayudarte y decirte que te ama.
“Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti, en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová”, Isaías 54:17. Esta es la herencia que Dios nos promete, aunque como hombre o mujer debas esperar el tiempo por venir para la consumación de esta promesa; pero podemos aplicarla también para este tiempo. Dios frustra, destruye todo lo que se oponga a lo que son sus propósitos para contigo hoy. Mira y lee con entendimiento lo que ahora transcribo, en el nombre de Cristo Jesús: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”, Isaías 43:2. En tan solo 22 versos, el salmo 103, David habla cinco veces sobre la misericordia de Dios. Y me llama poderosamente la atención el siguiente versículo de este salmo: “Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad hasta la eternidad sobre los que le temen, Y su justicia sobre los hijos de los hijos”, Salmo 103:17. Por la misericordia de Dios, que es grande cada día para ti, para mi, permanece para siempre. Lo más importante en todo esto es que, tú te mantengas en el temor de Él. No importa el padecimiento de hoy, puedes decir como el hermano del testimonio descrito más arriba, cuando él decía que el mundo le parecía gris y oscuro, más él, como yo, pudimos escuchar la voz de Dios cuando nos dijo: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria”, Isaías 60:1-2. Dios está por ti, no importa lo que acontezca a tu vida, lo que te rodees; es el tiempo de que te levantes y sigas la luz que Dios te señala, porque esa luz es Jesucristo su Hijo.
Que la gracia, la misericordia y el amor de Dios, sea derramado en cada vida, en el nombre de Jesucristo su Hijo.




