Hay noches que el fútbol nunca olvida. El 9 de marzo de 2000, el Celta de Vigo protagonizó una de ellas al aplastar por 4-0 a la Juventus de Carlo Ancelotti en Balaídos.
Los vigueses llegaban a la vuelta de los octavos de final de la Copa de la UEFA con una desventaja de 1-0. Enfrente estaba una Juventus plagada de estrellas y acostumbrada a competir por los grandes títulos.
Pero aquel Celta de Víctor Fernández no entendía de complejos. Apenas habían transcurrido 28 segundos cuando Claude Makélélé aprovechó una extraordinaria jugada de Mostovoi para inaugurar el marcador.
Balaídos enloqueció y la Juventus comenzó a desmoronarse. Un gol en propia puerta de Birindelli amplió la ventaja, mientras las expulsiones de Antonio Conte y Paolo Montero terminaron de complicar la noche italiana.
La segunda mitad fue una fiesta celeste. Benni McCarthy marcó dos goles más para completar una goleada histórica ante un Edwin van der Sar incapaz de frenar el vendaval vigués.
Y no hablamos precisamente de una Juventus cualquiera. Del Piero, Davids, Ferrara y Zambrotta formaban parte de aquel equipo. Incluso Zidane, que había comenzado como suplente, entró en el minuto 62 sin poder cambiar el destino de la eliminatoria.
Mostovoi, Karpin, Gustavo López o Makélélé representaban el talento de un Celta que maravillaba a Europa. También participó Haim Revivo, que sustituyó al futbolista ruso durante una segunda parte que ya pertenecía a la historia del celtismo.
Aquella generación ya había goleado por 7-0 al Benfica y eliminado al Liverpool en temporadas anteriores. Sin embargo, el 4-0 frente a la Juventus permanece como uno de los mayores símbolos de aquella época dorada.
Ahora, 26 años después, el Celta de Claudio Giráldez vuelve a encontrarse con el gigante italiano. Son otros jugadores, otro fútbol y circunstancias diferentes, pero el recuerdo de aquella noche continúa intacto.
Porque aquella victoria no significó únicamente eliminar a la Juventus. Fue la demostración de que un club como el Celta también podía mirar a los gigantes europeos a los ojos y hacerlos pequeños. Y eso, en Vigo, no se olvida. @mundiario
