La noticia ha recorrido Europa con rapidez porque modifica una percepción asentada durante los primeros años de la guerra de Ucrania: que el riesgo militar ruso afectaba principalmente a los países próximos al flanco oriental de la OTAN. Según una investigación de Xavier Colás publicada por El Mundo, los servicios de inteligencia estadounidenses habrían compartido con gobiernos europeos información sobre una posible operación rusa mediante drones contra España, Francia o Italia. El escenario descrito apunta al Mediterráneo y a una fórmula especialmente difícil de atribuir: transportar los aparatos en barcos comerciales y utilizarlos posteriormente contra objetivos situados en territorio europeo.
Conviene, sin embargo, separar lo que se conoce de lo que todavía permanece en el terreno de la inteligencia no confirmada. El supuesto informe de la CIA no se ha hecho público y no existe confirmación oficial de que Moscú haya decidido ejecutar una operación de este tipo. De hecho, el ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, afirmó este jueves que la alarma difundida por el diario español «no encuentra ninguna confirmación». Fuentes citadas por ANSA señalaron además que esa información no habría llegado a Italia a nivel operativo, diplomático, militar o de inteligencia.
La hipótesis divulgada por El Mundo tiene como protagonista al Gerbera, un dron ruso de pequeño tamaño empleado en la guerra de Ucrania. Las características atribuidas a determinadas versiones del aparato son muy diferentes de las de un misil de crucero o de un dron pesado: alrededor de dos metros de longitud, unos 18 kilos de peso, una velocidad próxima a los 160 kilómetros por hora y una autonomía declarada de hasta 600 kilómetros.
Su carga explosiva también sería limitada, en torno a cuatro o cinco kilos según la información publicada. Precisamente por eso, el objetivo de una eventual operación no tendría que ser la destrucción de una gran instalación. Un aparato de estas características podría causar daños localizados, provocar un incendio, obligar a cerrar temporalmente una infraestructura o generar una respuesta de seguridad mucho mayor que el daño físico producido.
La hipótesis del lanzamiento desde un mercante introduce otra dificultad. Un barco comercial puede formar parte del tráfico marítimo ordinario y, si los drones estuvieran ocultos en contenedores, la plataforma de lanzamiento no tendría necesariamente el aspecto de una unidad militar. El propósito sería reducir las posibilidades de detección y dificultar la atribución inmediata de la operación.
No se trata, por tanto, de imaginar una invasión rusa del Mediterráneo, sino de una posible operación de guerra híbrida, con medios relativamente baratos y un objetivo político y psicológico potencialmente superior a su capacidad destructiva.
¿Por qué España, Francia e Italia?
La selección de los tres países es uno de los elementos más relevantes de la información. España, Francia e Italia están alejadas geográficamente de Rusia, pero las tres son miembros de la OTAN, apoyan a Ucrania y disponen de infraestructuras críticas cuya interrupción tendría repercusiones económicas y políticas.
La explicación de los analistas citados por los medios internacionales apunta precisamente a esa combinación. Keir Giles, especialista británico en estrategia rusa, plantea que Moscú podría buscar «el punto más débil de Europa», entendiendo la vulnerabilidad no solamente como una cuestión militar, sino como la posibilidad de obtener un impacto político considerable con una operación limitada.
Existe además un factor temporal: los tres países afrontarán procesos electorales relevantes en 2027. La hipótesis planteada por los analistas es que una acción espectacular, aunque limitada en daños, podría generar preocupación entre la población, afectar a la actividad económica y alimentar las divisiones existentes sobre la guerra de Ucrania. Esa interpretación debe considerarse como análisis y no como una explicación oficialmente atribuida por Rusia sobre la elección de estos tres países.
El contexto europeo ayuda a entender por qué la información ha sido tomada en serio aunque no exista confirmación de un ataque. Francia ha advertido recientemente de un aumento de las amenazas híbridas rusas y ha vinculado ese escenario con operaciones contra infraestructuras y ataques mediante drones.
Para España, el elemento más importante no es tanto que un Gerbera pueda recorrer cientos de kilómetros como la posibilidad de que una amenaza aérea aparezca desde una dirección considerada tradicionalmente menos peligrosa.
El país no comparte frontera terrestre con Rusia y el Mediterráneo ha quedado históricamente lejos del escenario principal de la guerra de Ucrania. Pero un dron lanzado desde un barco modifica ese cálculo. La amenaza no tendría que recorrer miles de kilómetros desde territorio ruso: bastaría con aproximar la plataforma de lanzamiento al objetivo.
Eso coloca bajo atención potencial a aeropuertos, puertos, instalaciones energéticas, infraestructuras industriales o determinados centros logísticos. Un ataque no necesitaría destruir una terminal aérea para provocar consecuencias. Bastaría, por ejemplo, con generar una situación que obligara a suspender operaciones durante horas, activar protocolos de emergencia o desplegar grandes dispositivos de seguridad.
El propio secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha insistido en que la distancia respecto de Rusia no garantiza por sí misma la seguridad. En septiembre de 2025 afirmó que los nuevos misiles rusos tardarían solamente «entre cinco y diez minutos más» en alcanzar Madrid o Londres que ciudades del flanco oriental.
La diferencia ahora es que el escenario descrito no depende necesariamente de un misil de largo alcance, sino de una plataforma marítima y un aparato pequeño dispuestos a dejar a los países europeos a merced del miedo y la paranoia.
La UE reconoce la amenaza, pero no confirma el supuesto informe
La Comisión Europea afirmó este jueves no estar «sorprendida en absoluto» ante las recientes informaciones sobre un posible plan de Rusia para ejecutar ataques encubiertos con drones kamikaze contra España, Francia e Italia. Bruselas reaccionó de este modo tras publicarse una alerta confidencial de la CIA que detalla que Moscú contempla el uso de barcos mercantes en el Mediterráneo para lanzar aeronaves no tripuladas contra el flanco sur de la OTAN. El portavoz comunitario de Soberanía Tecnológica, Defensa y Espacio, Thomas Regnier, precisó que el Ejecutivo no dispone formalmente del informe de la inteligencia estadounidense, pero remarcó que la amenaza de sabotajes rusos en suelo comunitario ya es una realidad.
«Sabemos que nuestro espacio aéreo está siendo puesto a prueba y que ha sido violado en varias ocasiones», argumentó Regnier, aludiendo a los diferentes ataques híbridos que Rusia dirige contra los Estados miembros mediante incursiones aéreas y ciberataques. Ante este escenario, la Comisión recordó que ha puesto en marcha programas de resiliencia orientados al rearme del continente, entre los que destacan la Iniciativa de Defensa contra Drones, el Escudo Aéreo y el Escudo Espacial. Aunque Bruselas subrayó que la respuesta armada inmediata y la protección de infraestructuras críticas competen a las autoridades de cada país, garantizó que la Unión Europea mantendrá el apoyo coordinado ante cualquier emergencia nacional.
Esto sitúa la información en un contexto más amplio. La preocupación europea no comienza con esta supuesta alerta. Las incursiones de drones en el espacio aéreo de países de la OTAN, los episodios de sabotaje y las investigaciones sobre operaciones atribuidas a Rusia han llevado a varios gobiernos a considerar la amenaza híbrida como una cuestión de seguridad permanente. La propia OTAN respondió a las incursiones de drones en Polonia de 2025 mediante la operación Eastern Sentry.
El riesgo descrito, además, no consiste necesariamente en una gran ofensiva contra España. Un episodio mucho más pequeño podría ser suficiente para poner a prueba los sistemas de vigilancia, la defensa contra drones, la coordinación entre Fuerzas Armadas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y autoridades civiles, y la capacidad de identificar rápidamente al responsable. @mundiario
