Por el momento, Angela Merkel disfruta en Berlín de una oficina con nueve empleados dotada por el Bundestag, como corresponde a un excanciller alemán, que le permite organizar su propia agenda y de la que no desearía desligarse. En ella siguen trabajando varios de sus más estrechos colaboradores durante las cuatro legislaturas que estuvo en el poder y seguramente los tendrá a todos ellos en cuenta al valorar esta oferta.
Guterres asumió su segundo mandato al frente de la ONU a principios de enero y esta Junta Asesora sobre Bienes Públicos Mundiales, cuya jefatura ofrece ahora a Merkel, es uno de los proyectos emblemáticos de su reforma de las Naciones Unidas. En la página 4 de su informe sobre el cambio de la ONU del año pasado, el secretario general escribió: «Le pediré a una junta asesora de alto nivel dirigida por ex jefes de estado y de gobierno que identifique bienes públicos globales y otras áreas de interés común donde más se necesitan mejoras en el liderazgo». Según Guterres, la pandemia de coronavirus ha revelado grandes brechas en la cooperación internacional. El órgano consultivo previsto debería impulsar la renovación de prácticas y principios de acción a nivel mundial, una tarea que podría resultar atractiva para sus intereses y que podría encajar en sus planes de futuro, que la ex canciller alemana ha dejado muy abiertos. Durante uno de sus últimos viajes a Estados Unidos, Merkel declaró que su nueva etapa «creo que me gustará mucho» y adelantó que quería dedicar tiempo a «lo que realmente me interesa«. «Después de eso, tal vez intentaré leer algo, luego mis ojos se cerrarán porque estoy cansada, luego dormiré un poco y al final veremos donde aparezco«.


