Pastor Héctor E. Contreras.
II-Reyes 6:24-31 y 7:1-18.
La ciudad de Samaria había sido sitiada por el ejército enemigo, esto produjo entre el pueblo una hambruna terrible, llegando el pueblo a practicar el canibalismo. Una de dos mujeres confesó al rey que el día anterior, ella y su vecina habían consumido a su hijo, con la condición de que al día siguiente comerían al otro niño. Esto produjo un dolor y un quebrantamiento tan grande al rey de entonces, que rasgó su ropa y se paseaba por donde todos le podían ver. El testimonio de la mujer llevó al rey a acusar a Eliseo,el profeta de Dios, de la gran hambruna que padecía el pueblo. El rey emprendió un acoso terrible contra este; pero como siempre, Eliseo se da cuenta de la trama del rey. Más adelante, Eliseo profetiza que al día siguiente, a la misma hora en que se dirigía al pueblo habría comida disponible y a un precio asequible para todos. El lugarteniente del rey, que era uno de sus príncipes, escuchó las promesas del profeta y pronunció estas palabras: “Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así?”, Al escucharlo Eliseo, dijo: “He aquí tú lo verás con tus ojos, más no comerás de ello”, II-Reyes 7:2. Con la situación que vivía el pueblo, para la gente común, era imposible las palabras pronunciadas por el hombre de Dios. La escasez y la estrechez reinante por causa del hambre, tenía al pueblo desesperado. Los pueblos padecen, en múltiples ocasiones, por causa de sus propios habitantes. Pero yo creo, yo predico la Palabra de Dios, con la convicción plena de que Él, como en la puerta de Samaria y Eliseo, hablando en el nombre del que todo lo puede, ya ha provisto todo para nosotros hoy.
La Biblia, la Palabra de Dios, registra que había a la puerta de Samaria 4 hombres leprosos, por su condición de estar enfermos de lepra, se les estaba prohibido accesar a la ciudad. Aquellos leprosos, muriendo de hambre como todo el pueblo, decidieron entrar al campamento de los sirios, y se dijeron entre sí: “¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?” Si tratáremos de entrar a la ciudad, por el hambre que hay en ésta, moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos ̈, II-Reyes 7:3-4.
Cuatro hombres desechados por la sociedad, cuatro hombres ya condenados a la muerte por su estado de ser enfermos de lepra, ¿por qué condenados? En en ese entonces, los leprosos eran desterrados de su lugar de origen y los llevaban a los bosques, lejos de todo el mundo, porque esta enfermedad era considerada como lesiva para la salud de los demás. Tenían un vestuario diferente, que eran identificados a la distancia, así la gente los evitaba. A estos despreciables, usó Dios para traer la abundancia a la ciudad de Samaria. Su decisión de vivir o morir, primero por sus propias vidas y segundo, recordar que también su pueblo padecía la misma necesidad que ellos. ¡Vaya sorpresa! Dice la Biblia que al llegar la noche fueron al campamento de los sirios y no encontraron a nadie allí. La ¿Razón? Dios había hecho un escándalo tan grande en el campamento de estos hombres, los sirios, que creyeron eran estruendo de carros guiados por caballos y un estrépito de un gran ejército, produciendo en todo aquel ejército una estampida de aquel lugar, creyendo que el rey de Israel había pagado a los egipcios, para que fueran en contra de ellos, II-Reyes 7:5-7. Todo un ejército, entrenado por años para hacer frente a cualquier enemigo, huyó de allí para salvar sus vidas aquella noche, porque al día siguiente era necesario que se cumpliera la palabra de Dios pronunciadas por el profeta Eliseo. La Biblia dice: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fín de que nadie se jacte en su presencia”, I-Corintios 1:26-30. Una evaluación de los convertidos en la Iglesia de los Corintios, demuestra la mutua oposición entre la sabiduría humana y la divina. Sólo unos pocos procedían del mundo de la cultura y de las esferas sociales más sofisticadas de aquel entonces. Es un asunto de fe y creer que para Dios nada es imposible y Él cumple su palabra.
La esencia de la verdadera sabiduría para toda la humanidad, reside en el conocimiento de andar dentro de los propósitos de Dios; vivir en armonía con las realidades creadas por el Señor. La sabiduría humana, a la que se opone el apóstol Pablo, no es la del intelecto o la educación , sino que es la falsa independencia humana con respecto a Dios y la tendencia hacia la autosuficiencia. Dios rechaza la sabiduría humana a causa del orgullo y la autoglorificación de sí mismos.
Cuatro hombres despreciables por su estado de salud, sirvieron para cumplir los propósitos de Dios, para su pueblo aquel día, día de promesas.
Los leprosos de nuestra historia entraron al campamento, luego se dirigieron a una tienda, comieron, bebieron, hallaron plata y oro; al poco rato, volvieron e hicieron lo mismo en otra tienda y más tarde, después de haber saciado su hambre, escondieron lo hallado allí por dos ocasiones. II-Reyes 7:8. Al final de su hallazgo, se dijeron el uno al otro lo siguiente: “No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si estamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey”, II-Reyes 7:8. NO ESTAMOS ESTAMOS HACIENDO BIEN. HOY ES DIA DE BUENA NUEVA Y NOSOTROS CALLAMOS. Mucha gente se acomoda a su propio bienestar, a su propia vida, sin tomar en consideración, en ocasiones, a su propia familia, mucho menos a sus semejantes. Aunque llenos de lepra, desahuciados por la sociedad, estos hombres se dieron cuenta que si callaban, su actitud no sería la correcta. Es tiempo de marchar, es tiempo de dar de lo que tú tienes y si te callas, te quedas tranquilo con todo lo que posees, no podrás disfrutar todo tu bienestar, tu conciencia no te lo permitirá. Es tiempo de compartir, sin tomar, ni mucho menos pensar en esperar al día siguiente. No importa la hora, el día, ni el tiempo, porque el tiempo, entiéndase día, noche, hora; todo corresponde a nuestro Dios. Después de dar aviso al rey, éste envió mensajeros para verificar la veracidad de la noticia recibida. Los mensajeros encontraron el camino lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la prisa, II-Reyes 7:14-15.
Al día siguiente se cumplió todo lo dicho por el profeta Eliseo a la puerta de Samaria, dando cumplimiento a lo prometido por Dios en boca de este hombre. Dice el verso 17 lo siguiente: “Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios”. Nunca permitamos que nuestra actitud negativa, tal vez nuestro orgullo, o puede ser también nuestra propia ignorancia o falta de conocimiento de lo que es el Poder de Dios, nos impida ver o vivir la bendición que Dios tiene guardada para nosotros. Dios ha provisto a cada persona, primero, alimentos, luego, salud, con el propósito de que no nos falte nada.
Dios ha provisto para cada persona para cubrir sus necesidades, sean de salud, económicas o espirituales. Recordemos que, la primera provisión para toda la humanidad, fue Jesucristo, su Hijo, su único Hijo, para restablecer una relación con el mundo rota desde el jardín del Edén. !Dios proveyó al pueblo de Samaria para que el alimento no faltara jamás y Dios ha provisto a Jesucristo como el sacrificio perfecto, para la provisión de la salvación de las almas! Dios es Bueno y su misericordia es para siempre!
Que la gracia de Dios el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo esté en cada vida, hoy y siempre.




