La renovación de nuestra mente,

Por: Héctor E. Contreras.

I-Juan 5:1-5.

Nuestra mente es iluminada al tiempo que somos salvos. En la mayoría de los casos, creemos que tener un corazón nuevo nos es suficiente nos basta para ser lo que entendemos y creemos ser. Un corazón nuevo va mucho más allá de lo que podamos entender o comprender. La Biblia dice: “No os conforméis a este siglo, sino sean transformados por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, Romanos 12:2. La palabra “conforméis” de este pasaje, nace del griego “suschermatizo”, equivalente a: esquema y esquemático. Se refiere a conformarse uno a la moda exterior o a la apariencia, adecuándose a un modelo o diseño. No es lo que buscamos, sino llegar a que nuestra relación con Dios por medio de Jesucristo, renueve todo nuestro ser.

Este término sólo aparece una vez más y es el siguiente verso: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes tenías estando en vuestra ignorancia”, I-Pedro 1:14. El apóstol Pedro nos da a entender que, aquellos que se  conforman a los deseos y atracción del mundo, estamos aún en una ignorancia de lo que fuimos antes de llegar al CAMINO. Cualquier acomodo a nuestras maneras, sería fatal para la vida. No aceptemos las normas de un mundo cuyo dios es el mismo satanás. Seamos obedientes, como hijos que han recibido una educación familiar y al llegar al CAMINO, que es Cristo, recibiremos la renovación que nos conducirá a una vida plena en Cristo Jesús.

El apóstol Pablo escribió: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo  cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”, II-Corintios 4:3-4. ¿Quién es el dios de este siglo? Satanás lo es, es él que ciega el entendimiento de la gente para que no crean, y al mismo tiempo, les sea imposible contemplar la gloria de Cristo, nuestro Señor y Salvador. ¿Cómo podemos, nosotros, hombres y mujeres carnales, nacidos todos bajo la maldición del pecado ser renovados

Sólo podemos encontrar la fortaleza en el nuevo nacimiento en Cristo Jesús. Fué lo descrito por nuestro Señor en su conversación con el sabio Nicodemo.

Jesús le dijo a Nicodemo lo siguiente: “Lo que es nacido de la carne, carne es; lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”, Juan 3:6-7. Con el arrepentimiento, un nuevo orden de vida se abre al creyente en Cristo Jesús. Nuestro Señor, en su conversación con este sabio de su época, enseña dramáticamente tres cosas: 

1-)  Sin el “nuevo nacimiento” no hay vida, ni hay relación con Dios.  ”Jesús le dijo:  Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 14:6, 2-)  Con el “nuevo nacimiento” surge una nueva perspectiva; vemos el reino de Dios.  “Respondió Jesús y le dijo:  De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Juan 3:3. La Palabra de Dios se hace clara, y se experimenta el obrar y las maravillas del Espíritu Santo. La fe está viva, 3-) Por medio del “nuevo nacimiento” somos introducidos—literalmente— “entramos” a una nueva esfera, donde el orden del nuevo reino de Dios se hace realidad. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” II-Corintios 5:17, La vida nueva en Cristo, es lo que nos conduce a una verdadera renovación, tanto en la mente como en el corazón. La transformación del alma, del espíritu interior nuestro, renueva todo nuestro ser conforme a la imagen de Cristo Jesús.

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”, I-Juan 5:1-5. En estos versos, Juan muestra que la fe, el amor y la obediencia se relacionan entre sí. La fe nos conduce a una relación de amor con Dios; ese amor nos lleva a amar a otros y a la obediencia de sus mandamientos. Estos no son gravosos, porque los beneficios prácticos de obedecer las leyes de Dios contribuyen por entero al bienestar humano y a la satisfacción de aquellos que aprenden a aplicarlas en la vida. Nuestra fe nos trae victoria sobre el mundo, y nos provee de un arma espiritual, con la que podemos combatir tanto las tentaciones como las persecuciones de una sociedad sin Dios. Que la gracia traiga la renovación de nuestra mente siempre.

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