La Roma pone el fútbol, pero el Real Madrid se lleva un triunfo gracias a Endrick

El Estadio Olímpico de Roma fue testigo de una de esas noches mágicas y volcánicas que forman parte indiscutible del misticismo del Real Madrid en la máxima competición europea. En un choque que parecía absolutamente perdido y que amenazaba con dinamitar la tranquilidad del proyecto blanco, el conjunto dirigido por José Mourinho protagonizó un ejercicio de fe inquebrantable para remontar un 3-1 adverso en apenas siete minutos finales de auténtica locura. El 3-4 definitivo no solo enmudece a la capital italiana, sino que ratifica la vigencia competitiva de un equipo capaz de resucitar en escenarios donde cualquier otro daría por perdida la batalla.

La contienda arrancó con un ritmo asfixiante propuesto por la Roma de Gian Piero Gasperini, que buscó castigar la espalda de la zaga visitante desde los compases inaugurales. A los veinte minutos, una pérdida madridista en la medular culminó en una asistencia de Matías Soulé para la llegada de Marten de Roon, quien conectó un potente zarpazo lejano que despistó a Thibaut Courtois tras rozar en la zaga para poner el 1-0. La reacción merengue no se hizo esperar: apenas cinco minutos después, Kylian Mbappé aprovechó una indecisión de Mario Hermoso en el despeje para soltar un latigazo cruzado que batió a Gollini y estableció el empate transitorio con el que se alcanzó el intermedio.

El paso por los vestuarios, sin embargo, desató una auténtica tormenta sobre el planteamiento de Mourinho. En el minuto 51, una pérdida de Vinicius Júnior al intentar un taconazo en zona comprometida propició una transición letal culminada por Donyell Malen, cuyo disparo tocó en Federico Valverde antes de besar la red. Lejos de recomponerse, el cuadro de Chamartín encajó el 3-1 en el 58, cuando Malen firmó su doblete particular tras recibir un pase filtrado de Soulé que el videoarbitraje validó tras unos instantes de incertidumbre en el graderío.

Con el choque cuesta arriba y las críticas sobrevolando el banquillo, Mourinho tomó decisiones drásticas que cambiaron por completo la fisonomía del encuentro. El técnico portugués retiró de inmediato a Vinícius Júnior y a Denzel Dumfries para dar entrada a Arda Güler y Endrick, desplazando a Fede Valverde al lateral diestro y entregando la brújula asociativa al mediapunta otomano. Más tarde, la apuesta ofensiva se redobló con el ingreso de Bernardo Silva, Álvaro Carreras y el joven canterano Carlos Espí, volcando el dibujo táctico hacia un asedio total sobre la meta romanista.

Pese a que a Kylian Mbappé se le invalidó un tanto por fuera de juego milimétrico en el minuto 68 tras una gran acción de Yan Diomandé, el dominio territorial del conjunto español se tornó asfixiante. La entrada de Güler dotó a la escuadra blanca de una pausa quirúrgica en tres cuartos de cancha, permitiendo abrir la muralla italiana mediante la generación constante de saques de esquina. La Roma comenzó a acusar el desgaste físico de la presión alta y se vio acorralada en su propia área de castigo frente al empuje de los futbolistas de refresco.

La resurrección en el balón parado y la sentencia de Rüdiger

La chispa de la remontada prendió definitivamente en el minuto 83 gracias a la perseverancia del banquillo. Tras un saque de esquina botado en corto desde el perfil zurdo, el guardameta Gollini desvió un primer testarazo pero el rechace en el área chica fue cazado de inmediato por Carlos Espí, quien empujó el cuero a las mallas con una bravura encomiable para firmar el 3-2 tras la oportuna ratificación de la sala de videoarbitraje.

Apenas dos minutos después, en el 85, la pizarra a balón parado volvió a resultar letal para los intereses transalpinos. Arda Güler dibujó un envío teledirigido con su zurda hacia el corazón del punto de penalti, donde emergió la imponente figura de Endrick para conectar un soberbio cabezazo ajustado al poste ante el que nada pudo hacer la estirada del guardameta local, restableciendo una igualdad a tres que desató el júbilo en la expedición española.

Con la Roma noqueada anímicamente y desbordada en cada repliegue, el desenlace del duelo guardaba la confirmación inexorable de la ley del ex en el minuto 90. Un nuevo centro magistral de Güler encontró en el segundo palo la llegada furibunda de Antonio Rüdiger, quien conectó un remate inapelable de zurda para certificar el 3-4 definitivo; el zaguero germano, consciente de su pasado como ídolo en la capital italiana, contuvo su festejo y pidió disculpas a la hinchada anfitriona en un gesto de caballerosidad deportiva.

El resultado adquiere un significado colosal para José Mourinho, quien logra una balsámica victoria en el estadio que fue su hogar y responde con contundencia a los recientes cuestionamientos vertidos sobre su pizarra. La capacidad de rectificación del estratega luso y la respuesta de los jóvenes valores de la plantilla demostraron que el equipo cuenta con variantes tácticas suficientes para superar contingencias severas sin depender exclusivamente de sus piezas habituales.

El pitido final certifica el pleno de seis puntos en dos jornadas para un Real Madrid que toma el mando en la fase de liga continental. Este triunfo agónico e histórico llena de convicción al vestuario para encarar las próximas citas del calendario doméstico, demostrando una vez más que, en las noches europeas de máxima exigencia, el escudo madridista nunca entrega la cuchara hasta el último suspiro del descuento. @mundiario