Durante buena parte de 2025, Donald Trump y Benjamín Netanyahu proyectaron la imagen de una alianza prácticamente inquebrantable. La ofensiva conjunta contra Irán, el respaldo político de Washington a Israel y la estrecha comunicación entre ambos dirigentes parecían confirmar una relación sin fisuras. Sin embargo, la reunión que ambos celebrarán ahora en Washington llega en un contexto muy diferente: siguen siendo aliados estratégicos, pero sus intereses comienzan a divergir en cuestiones fundamentales.
La principal diferencia gira en torno a Irán. Mientras Trump considera que ha llegado el momento de explorar una salida diplomática y abrir la puerta a un nuevo acuerdo con Teherán, Netanyahu mantiene que la presión militar debe continuar hasta debilitar al régimen iraní de forma irreversible. Para el primer ministro israelí, cualquier negociación que permita a Irán recuperar margen de maniobra supone un riesgo directo para la seguridad de Israel.
Ese cambio de enfoque explica buena parte de la tensión previa al encuentro. Trump busca presentar resultados diplomáticos y evitar que Estados Unidos quede atrapado en otra guerra prolongada en Oriente Próximo, especialmente cuando parte de su electorado reclama reducir el coste político y militar de los conflictos exteriores. Netanyahu, por el contrario, afronta un escenario político complicado y considera que la amenaza iraní sigue siendo la prioridad absoluta de su Gobierno.
Las discrepancias ya no permanecen únicamente en privado. En los últimos días trascendieron fuertes reproches entre el presidente estadounidense y el primer ministro israelí, un distanciamiento agudizado por la estrategia militar en Oriente Próximo y la guerra contra Irán. El propio mandatario norteamericano dejó claro que las decisiones de defensa nacional corresponden estrictamente a Washington; en declaraciones a bordo del Air Force One, Trump afirmó tajantemente que «nadie» le dirá qué armamento puede vender Estados Unidos.
Esta réplica directa responde a la abierta oposición de Netanyahu en entrevistas con Fox News y CNN ante la intención de la Casa Blanca de reincorporar a Turquía al programa de cazas furtivos F-35, un movimiento que según el líder israelí destruiría el equilibrio de poder y su superioridad aérea en la región.
Ese mensaje tiene un profundo contenido político. Trump quiere demostrar que el apoyo a Israel continúa siendo firme, pero también que Estados Unidos no subordinará toda su política exterior a los intereses del Gobierno israelí. Es una diferencia importante respecto a los primeros meses de colaboración, cuando ambas administraciones parecían actuar prácticamente al unísono.
La agenda tampoco se limita a Irán. Sobre la mesa estarán la situación en Gaza, la presencia militar israelí en el sur del Líbano, la evolución del frente sirio y las nuevas alianzas regionales impulsadas por Washington. Según diversas informaciones procedentes de Israel, la Administración estadounidense estaría presionando para que el Gobierno de Netanyahu estudie retiradas parciales en algunos de estos escenarios, una posibilidad que el primer ministro ha adelantado que rechazará si considera que compromete la seguridad del país.
Precisamente esa seguridad y la estrategia coordinada en la guerra contra Irán serán el eje central de las reuniones bilaterales del primer ministro Netanyahu durante su visita oficial a Washington. Antes de despegar desde Tel Aviv a bordo del avión presidencial Alas de Sion, el líder israelí insistió ante su Gabinete en que su objetivo es garantizar la defensa de su país frente a la amenaza de Teherán.
Sin embargo, su postura de autosuficiencia estratégica y su intención de preservar la libertad de acción militar en el Líbano y Gaza chocan con la postura del presidente Trump, quien actualmente prioriza un cese al fuego temporal y una vía diplomática con el régimen iraní. Esta inflexibilidad israelí genera fricciones evidentes con la Casa Blanca en un momento crítico, a solo tres meses de las elecciones generales en Israel.
La reunión servirá, por tanto, para medir hasta qué punto la relación entre ambos líderes entra en una nueva etapa. La alianza entre Estados Unidos e Israel continúa siendo uno de los pilares de la política de Oriente Próximo, pero las diferencias sobre cómo gestionar la crisis iraní, cuándo recurrir a la diplomacia y hasta dónde mantener la presión militar muestran que Washington y Jerusalén ya no contemplan todos los escenarios desde la misma perspectiva. @mundiario
