Ezequiel 36:24-27.
Por: Héctor E. Contreras.
El profeta Ezequiel se dio cuenta de que Israel necesitaba algo más que un nuevo comienzo. Para evitar volver a cometer los mismos errores, ellos necesitaban una nueva motivación y una nueva orientación. Dios tenía que efectuar una cirugía radical en ellos, para colocar así un nuevo corazón y un nuevo espíritu. Al nacimiento de la Iglesia de Jesucristo, sus seguidores de entonces proclamaron que esto se inició cuando el Espíritu Santo descendió como fuego en medio de una reunión, llamando en ese entonces “El día de Pentecostés”. “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo”, Hechos 2:1-4. Esta es la transformación que todos necesitamos en nuestros corazones, para así convertirnos en verdaderos creyentes en Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador.
“He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí”, Salmo 51:5 y 10. Debido a que nacemos en pecado, nuestra inclinación natural es complacernos a nosotros mismos y no a Dios. David siguió esta inclinación, cuando tomó a la esposa de otro hombre. También nosotros la seguimos, cuando pecamos en cualquier forma. Al igual que David, debemos pedir a Dios que limpie nuestros corazones y nuestro espíritu interior, para tener pensamientos y deseos nuevos. La buena conducta sólo proviene de un corazón y un espíritu limpios. “Renuevame, Señor Jesús, ya no quiero ser igual”, letras de una canción de Marcos Witt. Esa debe ser nuestra oración, para que nuestros corazones sean transformados conforme a los propósitos de Dios, para nuestras vidas delante de Él y el mundo. ¡Bendito sea Dios! ¡Alabado sea su nombre!
Al escribir estas notas y exaltar el nombre de Dios, mi corazón reboza de gozo, porque mi corazón ha sido transformado por el poder del Espíritu Santo. ¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo! ¡Aleluya!
“En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia”, Zacaría 13:1. Habrá un suministro eterno de misericordia y de poder limpiador de Dios. El manantial se utiliza en las Escrituras, para simbolizar el perdón de nuestros pecados de parte de Dios. “Sacaréis con gozo aguas de la fuente de Salvación”, Isaías 12:3 y nuestro Señor y Salvador, Jesucristo proclamó: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”, Juan 4:13-14. Te invito a beber el agua que salta para la vida eterna.
“¡Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan serán avergonzados; y los que se apartan de mí, serán escritos en el polvo, porque dejaron a Jehová, manantial de aguas vivas”, Jeremías 17:13. Es muy posible que nuestro Señor, Jesucristo, cuando llevaron delante de Él a una mujer que había sido sorprendida en adulterio, tenía este versículo en mente cuando escribía en tierra y al ver la escritura, cada uno de los que acusaban a la mujer, desde el más anciano hasta el más joven, comenzaron a desfilar y dejar el lugar, porque lo que Jesús escribía les hacía temblar delante de Él y de la mujer. Vamos a buscar el manantial de aguas vivas que Dios nos ofrece por medio de Cristo Jesús.
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”, Ezequiel 36:24-27.
Estos versos deben llevarnos a entender que Dios hará que su pueblo experimente una verdadera transformación, renovando sus mentes y corazones por medio de la plenitud de su Espíritu Santo. Recibir con gozo el nuevo nacimiento o la nueva transformación que viene de Dios al corazón, por medio de Jesucristo. Dios ha prometido la nueva restauración, con el propósito de que estemos en disposición de servirle y vivir a plenitud esta nueva vida en Cristo Jesús.
“Mi vida cambió drásticamente después del suicidio de mi esposo. No podía pensar en lo que el futuro guardaba para mis tres hijas y para mí. El inmenso peso de las responsabilidades me abrumaba. Estaba criando sola a mis hijas. La culpa y los temores que sentía por ellas me paralizaron. Convencida de que no había fin para el dolor, cerré mi corazón. Usando las palabras del profeta Ezequiel: mi corazón se sentía como de piedra. El temor, la incredulidad, el dolor o el sufrimiento pueden endurecer nuestros corazones. Pero Dios promete renovarlos. El dedicar tiempo a la oración, me permitió enfocarme en Aquel que me amó y caminó a mi lado a través de ese valle de sombra de muerte. A medida que permití a Dios entrar a esos lugares de sufrimiento, el amor y la gracia revivieron mi corazón. El Señor me dio un nuevo corazón. Dios ha transformado el dolor en gozo, las cenizas en belleza y la muerte en vida”, palabras de la Sra. Sandra Kay Marchel, de Indiana, USA. Revista El Aposento Alto, del 27 de febrero de 2005.
Dios transforma el corazón, el espíritu interior y la vida de todos los que de corazón se acercan a Él. ¡Dios es Bueno! Y para siempre es su misericordia y su amor por medio de Cristo Jesús.
Solo el poder de Dios, puede cambiar tu ser. Déjate transformar en este día precioso, para que vivas la abundancia de la vida en Él por medio de Jesucristo su Hijo. Dios nos bendiga abundantemente, ahora y siempre.




