El debate sobre la corona individual más prestigiosa del fútbol mundial cuenta con un argumento incontestable cada vez que Lamine Yamal salta al terreno de juego. El prodigio del FC Barcelona y de la Selección Española atraviesa un momento de plenitud absoluta, ratificando fin de semana tras fin de semana que su candidatura al Balón de Oro no responde a una corriente de entusiasmo pasajero, sino a una insultante realidad competitiva. Su deslumbrante inicio de curso con la camiseta azulgrana ha encontrado una réplica perfecta en la fase de grupos de la Nations League, donde se ha consagrado como el gran dinamizador ofensivo del cuadro de Luis de la Fuente.
La exhibición del atacante en el estadio Carlos Tartiere ante la República Checa vino precedida de dos auténticos recitales continentales en esta misma ventana internacional. En la imponente caldera de Wembley frente a Inglaterra, apenas necesitó ciento veinte segundos de juego para inaugurar el luminoso y marcar la pauta; pocos días después, sobre el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán ante Croacia, volvió a quebrar el empate inicial en el segundo minuto, firmando un doblete estelar y regalando además una asistencia decisiva a Marc Pubill para certificar el triunfo.
En la capital del Principado de Asturias, el guion no tardó en repetirse con la misma contundencia demoledora. Aunque en esta ocasión el cronómetro se estiró unos instantes más para sorpresa de los presentes, el genio de Rocafonda no perdonó en su primer acercamiento serio a las inmediaciones del área centroeuropea. Apenas habían transcurrido cinco minutos y un puñado de segundos cuando el extremo desató el delirio colectivo de la hinchada asturiana con una acción técnica de esas que quedan grabadas en las hemerotecas.
La jugada del tanto inicial llevó el sello inconfundible de los futbolistas tocados por una varita mágica. Tras recibir un envío raso y vertical de Dani Olmo en la frontal del área grande, Lamine amortiguó el balón con una frialdad pasmosa, dibujó un quiebre seco de cintura que dejó descolocado por completo a Michal Sacek y se sacó de la chistera un violento misil con el empeine interior de su pierna zurda. El esférico tomó una parábola endemoniada con rosca hacia fuera, incrustándose de forma inapelable en la mismísima escuadra de la portería defendida por Antonin Kinsky.
La plasticidad del remate provocó que el propio seleccionador nacional, habitualmente comedido en sus celebraciones en la banda, se llevara visiblemente las manos a la cabeza ante semejante demostración de talento puro. El tanto no solo rompió el cerrojo táctico planteado por el combinado checo desde el pitido inicial, sino que ratificó la facilidad del dorsal 19 para desatascar compromisos envenenados con maniobras individuales imposibles de neutralizar para los sistemas de cobertura rivales.
Un promedio realizador que destroza los registros históricos
Con la diana rubricada ante el conjunto checo, los registros realizadores del joven internacional español adquieren tintes verdaderamente históricos. Lamine Yamal acumula cuatro goles en los primeros tres compromisos de esta edición de la Nations League, elevando su balance particular con la selección absoluta hasta las once dianas oficiales. Estos guarismos demuestran una metamorfosis competitiva de primer orden, mutando de extremo asociativo y desequilibrante a un atacante con colmillo de auténtico ‘nueve’ en los metros calientes.
El desglose de su rendimiento en lo que va de campaña 2026 refleja un volumen anotador descomunal que desafía cualquier comparación generacional. Computando sus ocho tantos celebrados con el Barça entre el campeonato doméstico de LaLiga y la Champions League, el pupilo de Hansi Flick contabiliza ya doce goles en su casillero personal. A su desborde callejero y su capacidad natural para romper defensas en el mano a mano, el futbolista de diecinueve años ha incorporado un veneno letal ante el marco contrario.
Consciente de la acumulación de minutos y de la exigencia física del calendario otoñal, Luis de la Fuente optó por retirar al atacante en el intermedio del encuentro. La decisión técnica permitió a Lamine disfrutar de un merecido respiro pensando en el inminente viaje a Split para medirse a Croacia, al tiempo que brindó la oportunidad a los más de veinticinco mil espectadores congregados en el Tartiere de ovacionar en pie a su gran estrella de la noche.
La madurez táctica que exhibe sobre el césped se traduce en una regularidad impropia de su juventud. Lejos de esconderse cuando las marcas defensivas se duplican o cuando el juego colectivo se atasca, el de Rocafonda asume galones con la entereza de los veteranos, pidiendo la pelota entre líneas y exigiendo la atención permanente de tres zagueros rivales, lo que abre autopistas de espacio para la llegada de centrocampistas como Pedri o el propio Rodri.
España camina con paso firme hacia la fase final del torneo amparada en la magia inagotable de su futbolista más determinante. Mientras los grandes jurados del fútbol internacional ultiman sus votaciones para coronar al mejor jugador del planeta, Lamine Yamal sigue hablando en el idioma universal del golazo, demostrando que su presente es una bendición para la Roja y que su techo competitivo permanece todavía lejos del alcance de la vista. @mundiario
