LAS HUELLAS DEL AMOR.

 

Por el Pastor:    Héctor E. Contreras.

 hector.contreras26@gmail.com

Santiago 1:7 y San Juan 3:27.

En su libro “Conocimiento Espiritual”, el escritor chino T.S. Watchman Nee, nos escribe sobre el testimonio de Martín Lutero, cuando éste, estando encarcelado le escribió una a carta a una persona muy influyente de la Iglesia Católica Romana de ese entonces, donde le decía: “Usted quizá piense que ahora me encuentro impotente, ya que el Emperador puede silenciar fácilmente el grito de un pobre monje como yo. No obstante, usted debe saber que, a pesar de todo, habré de cumplir el deber que el AMOR de Cristo ha puesto sobre mí. No tengo el más leve temor al infierno, mucho menos al papa y a sus cardenales”. “Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo”, San Juan 3:27. ¿De dónde nace este verso? Sus discípulos, juntamente con judíos habían estado junto a él cuando bautizaba al Señor Jesús en el río Jordán y éstos hablaban de purificación, además de que Jesucristo el Señor bautizaba también y la gente venía a Él, al Señor. Todo cuanto podamos poseer o tener, viene de Dios, desde las posesiones materiales, así como en la vida espiritual, la cual debe estar regida siempre a la luz de la Palabra de Dios. En su carta, el monje, Martín Lutero plasma estas palabras: “No obstante, usted debe saber que, a pesar de todo, habré de cumplir el deber que el AMOR de Cristo ha puesto en mí”. Es el amor del Padre celestial, en la persona de Jesucristo su Hijo que va dejando en nosotros estas huellas que nos marcan a través del tiempo, convirtiéndose en “Huellas imborrables”, porque estas están plasmadas en cada corazón que ha aceptado la verdad de Dios en sus corazones. El amor de Cristo en Martín Lutero, puede llegar hoy a tu vida, transformando así tu corazón y accionar para siempre y convertirte así en la persona que el apóstol Pablo describe a continuación.

 

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”, I-Corintios 13:4-8. Todas estas palabras encierran en sí mismas las huellas dejadas en un corazón por el amor de Dios, que ha sido derramado para llevarlo a una transformación gloriosa que sólo Él puede hacer. Estas son   características definidas en la vida de cada persona que vive a la luz de Cristo Jesús. Al final, “más se goza de la verdad”, se cumple cuando se propone únicamente realizar en todo tiempo el bien. Al defender y sostener a otras personas, muchas veces  lleva al sufrimiento. El amor siempre cree lo mejor de los demás, les acredita buenas intenciones y nunca es suspicaz. “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”, I-Corintios 13:12. Los antiguos espejos manufacturados en Corinto, estaban hechos de metal y daban una imagen distorsionada, algo que ilustra la imperfección de nuestros conocimientos en el tiempo actual. Pero, mis amados, el conocimiento será completo e instantáneo en el futuro estado de gloria. Para consolidar lo escrito aquí, debo plasmar uno de los versos que más disfruto de la carta a la Iglesia de los Filipenses, es este: “No que no haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”, Filipenses 3:12. La devoción del hombre, de la mujer, se centra en la búsqueda de la intimidad con Dios. Es “consagrarse a sí mismo” al conocimiento de Jesucristo. El amor en Cristo debe llevarnos a que Él nos agarre fuerte por un brazo y nos conduzca para que su perfecto amor forme parte de sus huellas en nosotros. 

 

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”, Santiago 1:17. Dios no sólo no es responsable del pecado humano, sino que es la fuente de todo bien. En contraste con el continuo movimiento de los cuerpos celestes que Él creó, es también inmutable. Siempre cumple sus promesas. “Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos. Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos”, Malaquías 3:5-6. Aunque el Señor condena las acciones hipócritas, corruptas e inmorales de su pueblo, existe una esperanza, porque Dios nunca deja de ser quien es: “Yo Jehová no cambio”, verso 6. El Señor es fiel a las promesas del pacto y no abandonará a su pueblo. Cuando el rey Saúl fue despojado de su reinado, al Samuel disponerse a salir del lugar en que se encontraba en ese momento, Saúl agarró la punta de su manto y éste se rasgó, diciéndole Samuel a Saúl lo siguiente: “Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo mejor que tú. Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta”, I-Samuel 15:28-29. Dios quiere que tú seas ese prójimo revestido de su amor, que seas incondicional en todo tu actuar y caminar en todo lugar en que te mueves. Es con la vestidura del amor de Jesucristo el Señor que tú puedes alcanzar a ser como la persona que menciona Samuel al conversar con el hombre que pronto dejaría su reinado, porque olvidó que él no era un sacerdote para querer ministrar en lugar del que era el verdadero sacerdote de Dios, Samuel, con quien él hablaba y que antes había sido posesionado por él. Permite   que el amor de Dios haga huellas en tu vida y que estas huellas te conduzcan a la vida eterna que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. 

 

Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí, y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?”, I-Corintios 4:6-7. Los corintios se envanecían, hinchados de arrogancia, versos 6, 18 y 19. Para conducirlos a la humildad, sin rechazarlos, verso 14, el apóstol Pablo apela a la razón, versos 6 y 7, descritos arriba. Recurre a la sátira, versos 8-13 y también les muestra ternura, versos 14-18. En su orgullo, los corintios presumían con arrogancia sobre su derecho a recibir aquellas cosas, que en parte han sido prometidas para esta vida, pero que solo se realizarán plenamente con la venida del reino de Cristo, verso 8

Ellos estaban extrayendo sus valores de las falsas normas y de las falaces doctrinas del espíritu de su tiempo, olvidando que estos valores se hallan bajo el juicio de la cruz de Cristo Jesús. Por otro lado, los apóstoles vivían como insensatos desde cualquier perspectiva que no fuera la de la fe de Cristo. El estilo de vida de Pablo parecía ridículo a los ojos del mundo de entonces y no solo él, sino cada creyente en Cristo Jesús, versos 9-13. 

 

Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres”, I-Corintios 4:9. En comparación con las ínfulas de autocomplacencia de los cristianos corintios, Pablo utiliza una vívida metáfora para describir la condición de los apóstoles. “Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros”. Constituye una triste analogía tomada de las crueldades que se cometían en los coliseos romanos. Los apóstoles eran como gladiadores luchando hasta la muerte, o como criminales lanzados a los voraces leones, a semejanza del gran final que ofrecía al público estos espectáculos. “Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”, Romanos 8:36-37. Para cualquier persona, cristiana o no  desalentada, estas palabras les ofrecen hoy la seguridad del amor de Cristo, presente en cada momento de la vida. ¿Existen motivos mayores de descontento que los citados por Pablo, si, es posible, entonces, mis amados, nunca nos separaremos del amor de Cristo en esta vida. Aun en medio de las dificultades, seremos más que vencedores. El verso 37 destaca las palabras “más que vencedores”, del griego “hupernikao”, de huper, “sobre y por encima de”, y “nikao”, “conquistar”. Es la descripción de alguien que es victorioso en grado sumo, que gana una victoria más que ordinaria, porque está en condiciones de triunfar de forma absoluta. Este no es un lenguaje de arrogancia, sino de confianza. Es el amor de Cristo, conquistado en su muerte en la cruz de la vergüenza y debido a ese amor-su amor-somos “hupernikao”. Es este amor que nos eleva hasta la estatura de ser llamados hijos de Dios por medio de Cristo Jesús y se convierte en huellas que perduran hasta la eternidad. 

 

Que la gracia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo esté en cada vida, en cada familia, ahora y siempre. 

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