El triunfo cosechado por el Paris Saint-Germain en su visita al feudo del Estrasburgo dejó un regusto amargo en la expedición de la capital gala. Con la mirada inevitablemente puesta en el inminente compromiso de la Liga de Campeones frente al FC Barcelona, Luis Enrique diseñó una alineación repleta de suplentes para otorgar descanso a sus figuras indispensables. Sin embargo, las dificultades planteadas por el cuadro local obligaron al técnico asturiano a recurrir a sus mejores piezas en el segundo acto, desbaratando la hoja de ruta de rotaciones y provocando un desgaste físico imprevisto.
La intervención de la artillería pesada surtió el efecto deseado sobre el césped para consumar la remontada parisina. Ousmane Dembélé ejerció de revulsivo decisivo al saltar desde el banquillo, repartiendo una asistencia medida a Illia Zabarnyi para devolver las tablas al luminoso y facturando posteriormente el segundo tanto gracias a una acción individual de enorme virtuosismo. Ya en los compases finales, el joven Désiré Doué certificó el triunfo foráneo aprovechando los espacios concedidos por un conjunto alsaciano volcado al ataque.
Pese a sumar los tres puntos en el casillero doméstico, de acuerdo al diario Marca, el banquillo parisino se tiñó de preocupación ante los gestos de dolor de Nuno Mendes. El carrilero zurdo portugués, que había ingresado al terreno de juego tras el paso por los vestuarios para aportar profundidad al flanco izquierdo, debió abandonar el rectángulo de juego antes del pitido final aquejado de un agudo pinchazo físico. Al haber agotado todas las ventanas de sustitución permitidas, el PSG afrontó el tramo decisivo en inferioridad numérica.
El parte de guerra en el Parque de los Príncipes no terminó en el costado de la defensa. En el tramo de la prolongación, el talentoso atacante Maghnes Akliouche también encendió las luces de alarma al concluir el choque con evidentes signos de cojera por un percance muscular combinado con un fuerte traumatismo en la zona del tobillo. Ambas contingencias sanitarias obligan a los servicios médicos de la entidad gala a monitorizar la evolución biomecánica de los damnificados en una contrarreloj angustiosa.
El diagnóstico definitivo de Nuno Mendes representa el quebradero de cabeza primordial para la pizarra de Luis Enrique de cara al cruce europeo. El lateral luso constituye la pieza angular para neutralizar el costado diestro del Barcelona, erigiéndose en el marcador predilecto para frenar las internadas de Lamine Yamal gracias a su punta de velocidad en carrera y su portentosa capacidad de repliegue, virtudes con las que ya logró incomodar al internacional español en precedentes recientes.
La cautela de Luis Enrique ante el examen continental
Consciente de la trascendencia del choque que se avecina ante el bloque de Hansi Flick, el entrenador español compareció en la rueda de prensa posterior con un tono prudente respecto al estado de sus futbolistas. «Espero que sea algo leve. No hemos querido correr riesgos innecesarios en un momento de la temporada donde cada detalle cuenta. Mañana será el instante oportuno para evaluar la situación con las pruebas pertinentes», desgranó el preparador gijonés, intentando transmitir calma al entorno galo.
La pérdida de Nuno Mendes obligaría a una profunda remodelación táctica en el entramado defensivo parisino. Sin un especialista de ese calibre atlético en la plantilla para vigilar la espalda de los centrales, el flanco izquierdo quedaría expuesto ante las diagonales y el descaro del vigente líder ofensivo del campeonato español, condicionando las ayudas de los centrocampistas y restando presencia ofensiva en las transiciones rápidas que tanto rentabiliza el cuadro local.
Por su parte, la incógnita sobre la disponibilidad de Akliouche reduce el abanico de variantes intermedias para dinamizar la circulación en los metros de la verdad. El mediapunta se había consolidado como un recurso de lujo para abrir bloques compactos entre líneas, aportando un perfil creativo que el cuerpo técnico considera valioso para contrarrestar la asfixiante presión adelantada que caracteriza el estilo del rival catalán.
El vestuario del PSG afrontará las próximas sesiones de recuperación en la ciudad deportiva con la respiración contenida mientras se ultiman las resonancias magnéticas. En un certamen de máxima exigencia donde los márgenes de error quedan reducidos al mínimo, encarar a un Barcelona que encadena nueve victorias consecutivas sin dos de sus puntales representaría una desventaja competitiva considerable para las aspiraciones del monarca francés.
El reloj corre implacable hacia el gran duelo europeo de la semana en la capital francesa. Mientras Hansi Flick viaja con la moral por las nubes tras arrollar en La Cartuja y recuperar a sus efectivos de renombre, Luis Enrique afronta una jornada de máxima incertidumbre en su enfermería, esperando que el parte médico no confirme las peores sospechas y le permita alinear a su guardián predilecto ante el futbolista más desequilibrante del continente. @mundiario
