La elección de León XIV como primer papa estadounidense de la historia no fue únicamente el resultado de un equilibrio espiritual dentro de la Iglesia católica. Un año después del cónclave que arrancó el 7 de mayo de 2025, emergen con más claridad las tensiones económicas, ideológicas y geopolíticas que marcaron una de las votaciones más complejas y estratégicas del Vaticano contemporáneo.
Detrás del rápido consenso en torno a Robert Prevost aparecen tres factores decisivos: la crisis financiera de la Santa Sede, la fractura interna entre conservadores y progresistas y la necesidad de contener la creciente ola populista encabezada por Donald Trump. Todo ello en un contexto en el que el dinero estadounidense volvió a adquirir un peso determinante en Roma.
Los donantes estadounidenses reaparecen
Una semana antes del inicio del cónclave, 120 grandes benefactores católicos de Estados Unidos se reunieron en el hotel St. Regis de Roma convocados por la Papal Foundation, organización creada en 1988 por Juan Pablo II tras el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y la Santa Sede.
La fundación nació con un doble objetivo: reconstruir la credibilidad financiera del Vaticano tras los escándalos bancarios y canalizar las aportaciones económicas estadounidenses hacia la Iglesia católica. Desde entonces, se calcula que ha transferido unos 250 millones de dólares hasta 2024.
Sin embargo, durante el pontificado de Francisco el flujo de dinero cayó de forma drástica. Jorge Bergoglio era percibido por amplios sectores conservadores de Estados Unidos como un papa hostil hacia el capitalismo norteamericano y demasiado cercano a posiciones progresistas.
La situación económica del Vaticano aumentó la presión. La Santa Sede acumulaba un déficit de 83 millones de dólares en 2023 y el problema financiero se convirtió en una cuestión central en las reuniones previas al cónclave.
El encuentro estuvo organizado por el cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, figura próxima a Donald Trump y referente del bloque conservador. Según reveló uno de los asistentes a The Times, los grandes donantes estaban dispuestos a volver a abrir el flujo de financiación “siempre que sea elegido el papa justo”.
El factor económico en el cónclave
El peso del dinero en la elección papal ha sido señalado por varios analistas vaticanos en los meses posteriores. Entre ellos, el periodista Massimo Franco, del Corriere della Sera, sostiene que la cuestión financiera fue uno de los elementos decisivos en el cónclave que eligió a León XIV.
Durante las congregaciones previas, el debate económico habría alcanzado tal intensidad que el cardenal alemán Gerhard Müller llegó a estallar con una frase que resume el clima interno: “Tenemos que elegir al sucesor de Pedro, no de Judas”.
Pero el dinero no fue el único elemento en juego. La Iglesia llegaba profundamente polarizada tras el pontificado de Francisco, criticado por sectores conservadores por su estilo de gobierno personalista y sus reformas.
En ese contexto, Robert Prevost apareció como una figura capaz de reunir consensos entre sensibilidades enfrentadas. Según diversas fuentes vaticanas, los diez cardenales estadounidenses —divididos ideológicamente— pactaron finalmente apoyar su candidatura en reuniones mantenidas en el Pontificio Colegio Norteamericano.
León XIV no resultó ser el papa que esperaba Trump
La elección de Prevost fue interpretada inicialmente por algunos sectores conservadores estadounidenses como una posible vía de entendimiento con Donald Trump. Sin embargo, esa expectativa se desmoronó rápidamente.
El propio presidente estadounidense terminó mostrando públicamente su frustración el pasado 13 de abril, cuando aseguró que León XIV había llegado al Vaticano porque “la Iglesia creyó que era la mejor manera de tratar con Donald Trump”.
También Steve Bannon, uno de los grandes ideólogos del movimiento MAGA y enemigo declarado de Francisco, comprendió pronto que el nuevo pontífice no respondería a la agenda ultraconservadora. A los pocos días de su elección, comenzó a describirlo como representante de una supuesta “Iglesia profunda”, en referencia al concepto de “Estado profundo” utilizado por la extrema derecha estadounidense.
La reacción fue especialmente intensa porque la candidatura de Prevost había permanecido prácticamente oculta hasta el final. Según distintas reconstrucciones del cónclave, el bloque ultraconservador detectó demasiado tarde que el cardenal estadounidense se estaba consolidando como candidato de consenso.
Fue en ese contexto cuando reaparecieron acusaciones sobre un supuesto encubrimiento de abusos durante su etapa episcopal en Chiclayo, Perú, denuncias que circularon en los días previos a la votación.
El discurso que marcó la ruptura con el trumpismo
Durante sus primeros meses de pontificado, León XIV optó por la prudencia. Recuperó elementos tradicionales del papado, reforzó la diplomacia vaticana y evitó gestos bruscos que profundizaran las divisiones internas.
Sin embargo, el punto de inflexión llegó el 9 de enero de 2026 con su discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.
Aquel mensaje fue interpretado como la primera gran definición política de su pontificado. Sin mencionar directamente a Trump, el Papa criticó el debilitamiento del multilateralismo, denunció la “diplomacia basada en la fuerza” y alertó del resurgimiento del entusiasmo bélico y del deterioro del estado de derecho.
Desde entonces, León XIV ha ido perfilándose como uno de los principales referentes morales internacionales frente al auge del nacionalismo y del populismo de extrema derecha.
Un papa estadounidense con perfil global
La figura de Prevost representa una novedad histórica dentro de la Iglesia católica. No solo es el primer pontífice nacido en Estados Unidos, sino también uno de los pocos con experiencia misionera y una trayectoria internacional extensa antes de llegar al Vaticano.
Habla varios idiomas y ha desarrollado buena parte de su vida eclesiástica fuera de Norteamérica, especialmente en América Latina. Esa dimensión internacional explica por qué varios analistas rechazan definirlo simplemente como “un papa americano”.
El analista geopolítico Lucio Caracciolo lo resumió con una fórmula reveladora: “León XIV no es un papa americano: es un americano papa”.
La frase apunta a una diferencia fundamental. Mientras Trump representa una visión nacionalista y unilateral del poder estadounidense, León XIV se presenta como defensor de valores universales, del multilateralismo y de los derechos humanos.
Un pontificado reformista y de largo alcance
Las informaciones conocidas sobre el cónclave apuntan a que Prevost se impuso rápidamente frente a otros candidatos como Pietro Parolin o el cardenal húngaro Peter Erdo. Su candidatura fue sumando apoyos entre cardenales de Estados Unidos, América Latina, España y Asia hasta convertirse en la opción dominante.
La elección reflejó una voluntad de continuidad respecto a Francisco, aunque con un estilo menos confrontativo y más orientado a la gestión interna.
Quienes impulsaron su candidatura buscaban mantener el rumbo reformista de Bergoglio, pero corrigiendo algunos de los excesos que se le atribuían en el gobierno de la Iglesia.
Un año después, León XIV aparece ya como un pontífice consolidado. Ha reforzado la sinodalidad impulsada por Francisco, ha empezado a construir su propio equipo de confianza y se proyecta como una figura de referencia internacional en un escenario marcado por la crisis del multilateralismo y el avance de los movimientos populistas.
En el Vaticano, muchos consideran que el verdadero objetivo de su pontificado no es enfrentarse directamente a Trump, sino preservar los pilares institucionales y éticos que podrían sobrevivir al ciclo político del trumpismo. @mundiario
