LEVANTATE, CONTINUA, LUCAS 15:17-20.

 

Por:                Héctor E. Contreras.

 

Sucedió el 17 de Julio  del año 1974, del siglo pasado, en ese entonces tenía una motoneta  marca Vespa, la cual me servía para trasladarme de un lugar a otro en mis actividades laborales. Siendo aproximadamente las 3:30 de la  tarde de ese entonces, mientras regresaba de Boca Chica, había un pequeño desvío en lo que es hoy la avenida San Vicente de Paul, en el puente que cruza hacia la Base Aérea de San Isidro. Sin darme cuenta, en un abrir y cerrar de ojos la motoneta se deslizó, cayendo al suelo y no sé cómo no sufrí ningún golpe en mi cuerpo. Como siempre solemos   hacer cuando caemos, observé hacia todo lado, tomé mi motoneta, la encendí y continué mi camino. Pensándolo bien, siempre me pregunté el por qué de mi caída. Ese mismo día guardé mi medio de transporte. Al día siguiente exigí me asignaran un vehículo en la empresa en que trabajaba, Falconbridge Dominicana. Resbalé, caí al pavimento; pero me levanté y, hasta el día de hoy, estoy de pie, gracias a Dios. Si te caes, levántate en el nombre del Señor y sigue hacia adelante, porque Dios está contigo.

 

Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió. Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantas y comiste pan”, II-Samuel 12:20-21. El ejemplo de David debe ser el tuyo hoy. Oró, ayunó, durmió en cilicio, lloró; hizo todo lo que entendía debía hacer para recuperar la salud de su hijo. Al final, todo fue inútil, el niño falleció y ya no había nada que hacer. Sólo levantarse y continuar lo que tenía por delante con su responsabilidad de reinar para su país. Conozco personas que, muchos años después de haber fallecido un familiar, aún hoy siguen llorando, lamentándose; una misa, hora santa, al final todo esto es inútil. Con todo, el familiar fallecido aún sigue en el mismo lugar donde le sepultaron.   Deja ese llanto, lamento y pena y vuélvete a Dios. Levántate, resplandece y marcha hacia adelante en el nombre de Jesucristo y serás más que vencedor. Lo más importante de este evento familiar en la vida de David, es que él no continuó rogando   por algo que al final sería inútil, por lo que exclamó: 

Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, más él no volverá a mí”, II-Samuel 12:23. Deja a un lado tu lamento, tus ruegos inútiles, porque el que ha fallecido, nunca jamás volverá a tí. Haz lo posible por encontrarte con él en el Reino de los cielos. Fue lo que dijo David, cito: “Yo voy a él, más él no volverá a mí”. ¡Vuélvete a Dios! ¡Búscale!

 

El niño había nacido de una relación indebida, es decir, bajo pecado de adulterio, pero David quería a su bebé y por tal motivo su ayuno y cilicio en favor de la salud de la criatura. La muerte del niño hizo que David se volviera a Dios y Él lo perdonó, abriendo el camino para que comenzara una nueva vida. Luego de levantarse de entre las cenizas, se vuelve a la mujer de la cual había nacido el niño por el que intercedía y tiene una relación con ésta, pero no por adulterio, y queda embarazada de Salomón, a quien Dios le puso el sobrenombre de “Jedidías”, que quiere decir en el idioma hebreo: “Amado de Jehová”. II-Samuel 12:24-25. El nombre “Amado de Jehová”, no era más que un recordatorio de la gracia de Dios para aquel hombre del cual Samuel había dicho: “Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón”, I-Samuel 13:14. Cuando regresamos a Dios, aceptamos su perdón y cambiamos nuestra manera de vivir, Él nos brinda un fresco comienzo. Para sentirte perdonado como David, debes reconocer tu pecado, tu debilidad ante Dios, levantarte y volverte a Él. Luego sigues hacia adelante en tu vida, con un nuevo y fresco comienzo. ¡No te detengas! Es el tiempo de levantarte y continuar, en el nombre de Jesucristo de Nazareth.  

 

“Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová”, Salmo 34:17-19. Aquí, el mismo David que clamaba por su hijo, escribe sobre el clamor de los justos delante de Dios. En aquel entonces, el Señor no escuchó su clamor, sin embargo, la muerte de su bebé no le impidió levantarse del momento de angustia que vivía, por tal razón, en este mismo salmo David escribe: “Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias”, Salmo 34:6. En nuestro vivir, lo más importante es tratar de entender que todos tenemos nuestros momentos de sufrimiento, de dolor, enfermedades. Pérdidas de todo tipo, desde el fallecimiento de un familiar, hasta la pérdida económica. 

 

Ahora bien, si conocemos de la misericordia y del amor de Dios, podemos sobreponernos a cualquiera de estas vicisitudes que se nos presentan, creyendo siempre que podemos salir vencedores con Cristo dirigiendo nuestros pasos y decisiones. En Cristo somos más que vencedores, por tanto, a tí te digo: ¡Levántate, en el nombre de Jesús! Y no solamente te levantes, sino que te decidas por marchar siempre hacia adelante, puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. ¿Amén? Si, amén. 

 

Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”, Lucas 15:16-17. Para muchos se hace difícil volver atrás. El joven de estas palabras, llamado por muchos como el hijo pródigo, se había marchado del hogar de sus padres. En tierras lejanas, donde era uno más, volvió en sí mismo y es él quien proclama estas palabras: ¡Me levantaré! ¿Es fácil? Claro que no, si reconocemos lo que antes habíamos hecho en contra de nosotros mismos y de la familia. El levantarse es el arrepentimiento, es un rechazo del pecado y un reconocimiento de que la ofensa ha sido cometida contra Dios, además, es un cambio en el corazón que se manifiesta en una modificación de la conducta. Por tal razón, la Palabra dice: “Y levantándose, vino a su padre”, verso 20. ¿Cuál fué la actitud del padre al verle aún lejos? Dice que fue movido a misericordia, corriendo, se echó sobre su cuello, y le besó, al final del mismo verso 20. La actitud del padre de este joven, es la misma de Dios cuando reconocemos que hemos fallado delante de su presencia. Por tal razón, y los que leen estos mensajes lo han visto, debo citar a Isaías, cuando dice: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”, Isaías 60:1. Al levantarte, volverte a Dios, a la familia, la gloria de Dios nace en tí, volviendo a ser lo que debes ser: Un hijo de Dios que vuelve a su seno de amor. 

 

Termino con la siguiente declaración: “A lo largo de la vida nos topamos con obstáculos que ponen a prueba nuestra fortaleza. Derrúmbate, desespérate. Pero luego…. ¡levántate! y sigue siempre adelante”, Madre Teresa de Calcuta. 

 

Dios está por ti, por tu familia, empresa o negocio. En cuanto a tu vida espiritual, es una decisión que tú mismo debes tomar. Ahora bien, lo más importante es tener el valor de que tanto David como el hijo pródigo  se levantaron y continuaron hacia adelante, fijando sus ojos en Cristo. A Él solamente debes seguir.

 

Que Dios nos bendiga grandemente y que, en medio del momento o situación que estemos viviendo, podamos levantarnos y continuar. ¡Dios está por nosotros! ¡Bendito y alabado sea su nombre para siempre!

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