El artículo 16 del protocolo es una cláusula de salvaguardia que permite que cualquiera de las dos partes tome medidas de forma unilateral si consideran que el acuerdo «conduce a graves dificultades económicas, sociales o medioambientales que pueden persistir» en el tiempo. El secretario del Brexit confirmó en su discurso que el Gobierno de Johnson tiene listos una serie de documentos legales para justificar su anulación del protocolo y que contienen además un plan para resolver la crisis comercial que generó el divorcio en Irlanda del Norte, que recibió un estatus especial porque, aunque forma parte del Reino Unido, comparte una frontera terrestre con la República de Irlanda, que es miembro de la UE. Precisamente, el protocolo pretende evitar una frontera física entre los dos países, ya que esto rompería el acuerdo de paz que se firmó para poner fin a tres décadas de un sangriento conflicto en la región. Para evitar una frontera dura en la isla, y al mismo tiempo seguir las reglas comunitarias, se acordó que se realizarían controles aduaneros en las mercancías que ingresen a Irlanda del Norte desde otras partes del Reino Unido en los puertos y no en tierra, pero los unionistas defienden que esto ha puesto efectivamente una frontera en el Mar de Irlanda, mientras que las empresas y la población denuncian que la cadena de suministro se han complicado.
Londres ya había pedido la eliminación de los controles y restricciones a los productos que ingresan a Irlanda del Norte desde Gran Bretaña que no corren el riesgo de cruzar a la República y, por tanto, al mercado único, pero Bruselas no está de acuerdo. «Esperamos una respuesta formal de la UE a nuestras propuestas», dijo Frost. De hecho, se espera que en caso de que los británicos finalmente activen el protocolo, los Veintisiete tomen acciones de respuesta como imponer aranceles a las importaciones del Reino Unido.
Para Frost lo importante, no obstante, es que «el largo y mal sueño de nuestra pertenencia a la UE ha terminado. El renacimiento británico ha comenzado», aseveró, defendiendo así el camino recorrido por el país en estos casi diez meses transcurridos desde la salida definitiva del club comunitario. Sin embargo, la población no parece estar tan convencida de que los logros del Brexit de los que se enorgullece el Ejecutivo sean tales. Al menos así se desprende de los resultados de un sondeo de la consultora YouGov publicados hace unos días. «El período de transición finalizó el 31 de diciembre de 2020. Desde entonces, ¿cree que el Brexit ha ido bien o mal?», se le preguntó a los 6.546 adultos encuestados, de los cuales solo el 18% respondieron que el divorcio ha ido bien. La mayoría, el 53%, considera que no es así, y respondieron que la situación va mal o bastante mal. En el sondeo anterior, realizado en junio, solo un 38% consideró que el Brexit iba mal, pero es posible que la escasez de conductores que provocó en los últimos días una importante crisis de combustible, así como la subida de los precios de la energía, el desabastecimiento y una inminente subida de impuestos, estén cambiando la opinión de la gente.
Pese a todo este caos interno, que podría recrudecerse con la llegada del invierno y de la demanda de la temporada navideña, y a que un 54% de la población dice que desaprueba el trabajo del ‘premier’, de momento parece que Johnson resiste, con su partido liderando la intención de voto. Una encuesta de la misma consultora junto al diario ‘The Times’ reveló que un 39% de los encuestados votarían hoy por el Partido Conservador, y solo un 31% por la formación laborista, liderado por Keir Starmer. Eso sí, si las elecciones fueran ahora, los conservadores perderían 12 distritos electorales del llamado Muro Azul y 17 del Muro Rojo ante los laboristas, que en las elecciones generales de diciembre de 2019 vieron como muchos de sus votantes cambiaban de bando y ayudaban a darle la mayoría absoluta a los ‘tories’.

