Londres da caza a un complot y encadena su séptimo arresto por el misterioso caso de la base Fairford

La investigación sobre el presunto complot contra RAF Fairford, la base británica utilizada por Estados Unidos para sus operaciones militares contra Irán, ha entrado en una nueva fase. La Policía Antiterrorista británica ha detenido en Londres a un hombre de 22 años, el séptimo sospechoso relacionado con el incidente que comenzó el 27 de septiembre, mientras los otros detenidos anteriormente permanecen en libertad bajo fianza y bajo investigación.

El nuevo arresto coincide con una decisión mucho más llamativa: Estados Unidos retiró de Fairford sus bombarderos B-1, una docena de aeronaves que habían llegado recientemente a la instalación. El presidente Donald Trump ha explicado que Washington recibió “algunas amenazas” y que decidió mover los aviones para no “tentar al enemigo”. El mandatario estadounidense ha añadido que quienes realizaron la amenaza estarían vinculados con Irán, aunque no ha presentado públicamente las pruebas que sostienen esa afirmación.

La primera alarma se produjo durante la madrugada del 27 de septiembre, cuando cinco hombres fueron detenidos cerca de la base, en Gloucestershire, después de que se informara de movimientos sospechosos de varias furgonetas. La intervención provocó incluso la evacuación preventiva de residentes de la zona y el despliegue de agentes armados y especialistas militares en desactivación de explosivos.

Los investigadores registraron tres vehículos. El dato más importante hasta ahora es que no encontraron explosivos, aunque sí localizaron gasolina o un acelerante. Ese elemento mantiene abierta la investigación, pero no demuestra por sí mismo que los detenidos estuvieran preparando un atentado contra la base.

Uno de los aspectos más desconcertantes es que uno de los propios sospechosos habría contactado con los servicios de emergencia. Las circunstancias exactas de esa llamada y la finalidad de la presencia de los hombres en las inmediaciones de Fairford siguen sin estar públicamente aclaradas. Precisamente por ello, la Policía Antiterrorista ha insistido en que investiga “múltiples líneas” y que todavía trata de establecer la motivación de lo ocurrido.

¿Por qué fueron puestos en libertad los primeros sospechosos?

La liberación bajo fianza de los primeros detenidos generó sorpresa, especialmente en Washington. Cinco hombres fueron arrestados el 27 de septiembre y un ciudadano con doble nacionalidad británica e iraní fue detenido posteriormente, el 1 de octubre. Todos continúan bajo investigación.

Una investigación antiterrorista permite detener a una persona cuando existen motivos razonables para sospechar de determinados delitos, pero la policía necesita reunir pruebas suficientes para mantenerla privada de libertad o presentar cargos. Por esta razón, en este caso los primeros arrestos no desembocaron en acusaciones inmediatas, ya que la ausencia de explosivos y la necesidad de determinar los planes de los sospechosos explican por qué los investigadores optaron por otorgar la libertad bajo fianza mientras continúan las pesquisas. La propia Policía Antiterrorista defendió esta decisión al señalar que se trata de una medida investigadora basada estrictamente en sus facultades legales y en su experiencia.

El nuevo arresto demuestra, por tanto, que la puesta en libertad de los anteriores sospechosos no significó el cierre del caso. Al contrario, los investigadores siguen intentando reconstruir qué relación existía entre las personas identificadas, qué pretendían hacer y si detrás había una estructura organizada.

El nuevo sospechoso, un ciudadano británico de 22 años, fue arrestado por agentes especializados en el distrito de Westminster, en el centro de Londres, bajo la sospecha de «preparación de actos terroristas», de acuerdo con la sección 5 de la Terrorism Act 2006. De forma simultánea, la Policía Antiterrorista procedió al registro de un inmueble en esa misma zona de la capital británica. Aunque este arresto no consolida de manera jurídica una acusación formal ni demuestra una participación directa en la presunta conspiración de Teherán para atacar la base militar con drones, la operación confirma que el alcance de las pesquisas de Scotland Yard y el MI5 se extiende ya mucho más allá del perímetro geográfico original de Gloucestershire.

La declaración de Vicki Evans, coordinadora nacional sénior de la Policía Antiterrorista, resulta crucial para entender la urgencia institucional: los investigadores continúan trabajando «a contrarreloj y a gran velocidad» con el objetivo prioritario de «identificar la motivación» detrás de los acontecimientos reportados en torno a la base militar. Esa última palabra, «motivación», es el eje sobre el que bascula todo el caso, en un momento de máxima tensión diplomática tras la evacuación preventiva de los bombarderos estratégicos B-1 de Estados Unidos.

Trump habla de Irán, pero Londres mantiene cautela

La Casa Blanca ha vinculado el episodio con Irán con mayor contundencia que la información policial disponible públicamente. Trump asegura que Estados Unidos conoce a quienes realizaron la amenaza y que estarían relacionados con Teherán. Además, ha advertido de que habrá una respuesta severa si se confirma un ataque.

El primer ministro británico, Andy Burnham, también ha hablado de “indicios sólidos” de una participación iraní; sin embargo, Teherán niega categóricamente cualquier implicación. Es posible que exista información clasificada que explique la retirada de los bombarderos y que todavía no pueda hacerse pública, pero, mientras esas evidencias no sean presentadas oficialmente, la conexión iraní debe mantenerse estrictamente como una hipótesis atribuida a las autoridades y no como un hecho demostrado.

La retirada es probablemente el elemento estratégico más relevante. Fairford no es una base cualquiera: su ubicación y sus instalaciones permiten desplegar bombarderos estadounidenses de largo alcance en Europa.

Según informaciones de medios estadounidenses como The Washington Post, los mandos recibieron nueva inteligencia sobre una posible amenaza, incluso sobre un eventual ataque con drones. La comparación con ataques recientes contra bases aéreas rusas ha aumentado las preocupaciones sobre la vulnerabilidad de aeronaves de gran valor estacionadas en tierra.

Trump ha confirmado que la retirada estuvo relacionada con amenazas, aunque Marco Rubio y otros responsables estadounidenses han mantenido una posición más prudente sobre los detalles. Londres, por su parte, insiste en que RAF Fairford es segura y que dispone de procedimientos para proteger sus instalaciones. @mundiario