La guerra de Irán se acerca a un punto crítico: Trump ya habla de cómo ponerle fin

Donald Trump ha vuelto a colocar el final de la guerra de Irán en un horizonte próximo, aunque sin explicar todavía cuál será el mecanismo para conseguirlo. El presidente estadounidense ha asegurado que pronto se conocerá su decisión y ha planteado dos caminos posibles: alcanzar un acuerdo o recurrir nuevamente a la presión militar.

Más allá de la contundencia del mensaje, lo relevante es que Washington parece encontrarse ante una disyuntiva cada vez más difícil de administrar. La guerra ha debilitado a Irán, según la valoración de la propia Casa Blanca, pero no ha eliminado los principales obstáculos para alcanzar una salida política.

El mensaje de Trump llega cuando existen contactos indirectos entre Estados Unidos e Irán, con Qatar y otros países actuando como intermediarios. Teherán ha planteado incluso un mecanismo para reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días si Washington acepta determinadas condiciones.

Ese planteamiento revela que todavía existe espacio para la diplomacia, pero también demuestra la distancia entre ambas partes. Irán reclama medidas sobre el bloqueo, las sanciones y la navegación, mientras Estados Unidos pretende que cualquier acuerdo incluya cuestiones relacionadas con el programa nuclear iraní.

Por eso, anunciar que la guerra terminará pronto no significa necesariamente que exista ya un acuerdo. La cuestión decisiva será qué está dispuesto a conceder cada Gobierno y qué garantías puede ofrecer para evitar que un eventual pacto vuelva a romperse.

Hormuz convierte la guerra en un problema mundial

El estrecho de Ormuz explica buena parte de la presión existente. Antes del conflicto, por esa vía circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Las restricciones al tráfico han obligado a buscar rutas alternativas y han aumentado la tensión sobre los mercados energéticos.

El impacto ya trasciende Oriente Medio. La Administración estadounidense afronta un escenario de precios elevados del petróleo y del combustible, mientras los mercados siguen pendientes de cualquier señal relacionada con la navegación por el estrecho.

Arabia Saudí está utilizando además su infraestructura hacia el mar Rojo para desviar parte de sus exportaciones y reducir la dependencia de Ormuz. Es una solución parcial, pero demuestra hasta qué punto la guerra ha obligado a modificar las rutas energéticas internacionales.

Trump necesita una salida antes de que aumente el coste político

El factor interno también pesa. Las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre se aproximan y la evolución de los precios energéticos puede convertirse en uno de los elementos que condicionen el debate político.

En ese contexto, Trump necesita demostrar que la campaña militar tiene un desenlace y que Estados Unidos puede recuperar una situación estable sin prolongar indefinidamente la presión sobre Irán. Pero una escalada adicional también implicaría riesgos económicos y estratégicos.

La paradoja es evidente: cuanto más cerca parece estar Washington de una posible negociación, mayor es la importancia de las amenazas utilizadas para presionar a Teherán. Trump presenta a Irán como un país muy debilitado, mientras el Gobierno iraní insiste en que responderá ante una nueva ofensiva y mantiene sus condiciones para reabrir Ormuz.

Por eso, la frase de Trump sobre hacerlo «por las buenas o por las malas» no despeja el futuro de la guerra. Más bien confirma que Estados Unidos se encuentra ante una decisión clave. El próximo movimiento determinará si la presión acumulada durante meses desemboca finalmente en una negociación o abre una nueva fase de confrontación. @mundiario