Los 10 jugadores que hicieron historia en el Dépor: de Bebeto a Makaay

Hablar de la historia del Deportivo de La Coruña es hablar de una transformación que parecía imposible. El club que durante décadas vivió entre ascensos, descensos y temporadas de supervivencia terminó convirtiéndose en campeón de Liga, campeón de Copa y protagonista habitual de la Champions. Detrás de aquella revolución hubo entrenadores, dirigentes y una afición extraordinaria, pero fueron los futbolistas quienes convirtieron el sueño en realidad. Desde Bebeto hasta Makaay, pasando por Mauro Silva, Fran, Donato, Djalminha o Valerón, el Dépor construyó una colección de jugadores que todavía forman parte de la memoria sentimental de Riazor.

1. Bebeto. Si existe un futbolista capaz de simbolizar el nacimiento del SúperDépor, ese es José Roberto Gama de Oliveira. Llegó en 1992 junto a Mauro Silva y rápidamente convirtió al Deportivo en un equipo capaz de mirar a los grandes sin complejo alguno. Marcó 86 goles en Primera con la camiseta blanquiazul, fue el primer Pichichi del club en la máxima categoría y también marcó el primer gol europeo del Dépor. Su fútbol tenía velocidad, técnica, definición y una capacidad extraordinaria para aparecer en los partidos importantes. Según el propio Deportivo, continúa siendo el máximo goleador del club en Primera.

2. Mauro Silva. Si Bebeto representaba el talento ofensivo, Mauro Silva era el equilibrio que permitió que aquella revolución fuese sostenible. El brasileño llegó en el mismo verano de 1992 y permaneció en A Coruña hasta 2005, convirtiéndose en uno de los grandes mediocentros defensivos de su generación. Ganó todos los títulos oficiales que conquistó el club durante aquella época: una Liga, dos Copas del Rey y tres Supercopas de España. Pero su importancia va mucho más allá de las estadísticas: Mauro era el futbolista que daba sentido al equipo, el que recuperaba, ordenaba y hacía que los demás pudieran jugar. Su figura terminó convirtiéndose en una de las grandes identidades del SúperDépor.

3. Fran. Pocos futbolistas representan mejor la identidad deportivista. Fran González llegó al primer equipo en 1988 y permaneció vinculado al club hasta 2005, atravesando desde los años difíciles hasta la época dorada. Con 700 partidos oficiales, es el jugador que más veces defendió la camiseta del Deportivo, además de haber levantado los seis títulos oficiales conquistados por el club en aquella etapa. Su zurda, su capacidad para conducir el juego y su identificación con la ciudad lo transformaron en algo más que un capitán. Fran no fue simplemente una estrella del Dépor: fue el rostro de una generación que cambió la dimensión del club.

4. Donato. El brasileño llegó en 1993 y aportó algo que todo gran equipo necesita: experiencia, jerarquía y polivalencia. Podía jugar como defensa o centrocampista y terminó siendo uno de los grandes pilares del Deportivo campeón. Durante una década disputó cerca de 400 partidos y fue uno de los tres futbolistas que consiguieron conquistar los seis títulos oficiales de aquella época junto a Fran y Mauro Silva. Donato también dejó uno de los goles más recordados de la historia del club, aquel lanzamiento de falta ante el Real Madrid que ayudó a construir la leyenda de Riazor. Su trayectoria demuestra que el SúperDépor no se construyó únicamente con estrellas ofensivas.

Donato, en el 25º aniversario de la Liga del Dépor. / RCD
Donato, en el 25º aniversario de la Liga del Dépor. / RCD

El talento que convirtió Riazor en un escenario europeo

5. Djalminha. Si había un jugador capaz de convertir un partido en espectáculo, era Djalminha. El brasileño llegó en 1997 y permaneció siete temporadas en A Coruña, dejando una colección de regates, pases imposibles y momentos que todavía forman parte de la cultura futbolística del club. Ganó cuatro títulos y protagonizó algunas de las actuaciones más recordadas de aquella época. Su carácter también fue parte inseparable de su historia, para lo bueno y para lo malo. Djalminha representaba esa clase de futbolista que podía hacer que una grada entera se levantara de sus asientos antes incluso de que llegara el gol.

6. Juan Carlos Valerón. El ‘Mago de Arguineguín’ llegó en 2000 y encontró en A Coruña el escenario perfecto para desarrollar un fútbol basado en la pausa, la inteligencia y el último pase. Durante trece temporadas superó los 400 partidos oficiales y se convirtió en una de las figuras más queridas por la afición. Valerón no necesitaba correr más que nadie porque casi siempre parecía pensar antes que los demás. Su fútbol elegante encajó perfectamente con aquella etapa europea del Deportivo y su longevidad terminó convirtiéndolo en uno de los símbolos más reconocibles del club. El propio Deportivo cifra en 422 sus partidos con la camiseta blanquiazul.

7. Roy Makaay. El delantero neerlandés representa la culminación de la gran época goleadora del Deportivo. Llegó en 1999 y durante cuatro temporadas marcó 97 goles, una cifra que explica por sí sola la dimensión de su impacto. En la temporada 2002-03 conquistó la Bota de Oro europea después de convertirse en el máximo goleador de Primera. Makaay no necesitaba demasiadas oportunidades: tenía una capacidad extraordinaria para definir con ambas piernas, atacar los espacios y aparecer dentro del área. Su salida en 2003 puso fin a una etapa, pero también dejó la sensación de que el Dépor había conseguido convertir a Riazor en la casa de algunos de los mejores delanteros de Europa.

8. Diego Tristán. Si Makaay fue eficacia, Tristán fue talento ofensivo en estado puro. El delantero sevillano llegó en 2000 y durante seis temporadas se convirtió en uno de los grandes goleadores de la historia deportivista. Marcó 110 goles con el club, una cifra que todavía lo mantiene como su máximo artillero histórico y que incluye 15 tantos en la Champions League. Fue Pichichi de Primera en la temporada 2001-02 y protagonizó noches europeas en las que el Deportivo llegó a sentirse capaz de competir contra cualquiera. Su sociedad con Valerón y el resto de aquella generación elevó todavía más el techo competitivo del equipo.

9. Manuel Pablo. Mientras otros futbolistas llegaron al Deportivo como estrellas, Manuel Pablo terminó convirtiéndose en una institución. Defendió la camiseta durante 18 temporadas y disputó 482 partidos oficiales, únicamente por detrás de Fran en la clasificación histórica del club cuando se elaboró aquella relación. Su velocidad, capacidad defensiva y regularidad lo convirtieron durante años en uno de los mejores laterales derechos de España. Pero su importancia también se explica por su resistencia: sobrevivió a varias generaciones y permaneció vinculado al Deportivo incluso cuando el club dejó atrás sus años de gloria. Es uno de esos nombres que representan continuidad cuando todo lo demás cambia.

10. Francisco Liaño. Antes de que el Deportivo levantara títulos y se acostumbrara a jugar la Champions, hubo jugadores que ayudaron a construir los cimientos del SúperDépor. Liaño fue uno de ellos. El guardameta cántabro defendió la portería blanquiazul entre 1991 y 1996 y ganó dos trofeos Zamora consecutivos, en las temporadas 1992-93 y 1993-94. Sus actuaciones fueron decisivas para que aquel equipo pudiera competir por la Liga cuando todavía nadie esperaba que el Deportivo se instalara entre los grandes. Su presencia bajo los palos fue una de las primeras señales de que aquel club estaba dejando de luchar simplemente por sobrevivir para empezar a pensar en ganar.

La historia del Deportivo no puede resumirse únicamente en una lista de nombres, porque su grandeza nació precisamente de la conexión entre generaciones. Bebeto puso rostro al nacimiento del SúperDépor; Mauro Silva aportó equilibrio; Fran encarnó la identidad; Donato añadió jerarquía; Djalminha puso la magia; Valerón representó la elegancia; Makaay y Tristán llenaron Riazor de goles; Manuel Pablo garantizó continuidad y Liaño ayudó a construir los primeros cimientos. Son diez futbolistas diferentes, pero todos forman parte de la misma transformación: la de un club que pasó de ser un histórico del fútbol español a convertirse en uno de los grandes protagonistas de Europa. Y ahora que el Deportivo vuelve a mirar hacia arriba, aquella generación vuelve a ser el espejo en el que Riazor quiere reconocerse. @Mundiario