Los demócratas asaltan el fortín de Texas y rompen una hegemonía republicana de 30 años

Texas ha dejado de ser territorio inexpugnable de los republicanos. La contundente victoria demócrata en las elecciones del 3 de noviembre ha quebrado décadas de dominio conservador en uno de los Estados más poblados y políticamente influyentes de EE UU. James Talarico ha conquistado un escaño en el Senado federal por primera vez para un demócrata desde 1988, mientras Gina Hinojosa ha derrotado al gobernador Greg Abbott y se convertirá en la primera mujer hispana en dirigir el Estado. Dos resultados históricos que reflejan el alcance de la ola azul y el desgaste del trumpismo incluso en sus feudos tradicionales.

La doble victoria tiene un significado que trasciende la política texana. Durante décadas, el Estado de la Estrella Solitaria ha funcionado como uno de los principales laboratorios de las políticas republicanas, con una hegemonía que parecía difícil de quebrar en las elecciones estatales. La derrota de figuras tan asentadas como Abbott y Paxton demuestra que la oposición ha conseguido convertir el descontento con la gestión de Donald Trump en una movilización electoral capaz de alterar el mapa político.

El triunfo del seminarista Talarico frente a Ken Paxton supone uno de los vuelcos más significativos de estas elecciones. El legislador estatal, antiguo profesor, ha conseguido una victoria que durante años parecía una aspiración remota para los demócratas texanos, de volver a tener un senador de su partido en Washington.

Talarico, que hasta hace poco era una figura relativamente desconocida fuera de los círculos políticos del Estado, construyó su campaña alrededor del encarecimiento de la vida y del desgaste de los gobiernos republicanos. Frente a él, Paxton trató de presentarlo como un candidato demasiado progresista para Texas y buscó el respaldo de Trump, que participó en varios actos para reforzar su candidatura.

La campaña se convirtió en una de las más caras de la historia electoral estadounidense, con más de 500 millones de dólares en gastos. El magnate Elon Musk aportó 158 millones a un comité de acción política favorable a Paxton, una cifra que Talarico utilizó para denunciar la influencia de las grandes fortunas en la contienda. En su discurso de celebración, ante una multitud congregada en Austin, Talarico proclamó que “hemos recuperado Texas”. También recurrió a la metáfora bíblica de David contra Goliat para describir una campaña en la que, según defendió, los ciudadanos habían terminado imponiéndose a los recursos económicos y al aparato político de su rival.

Paxton, un candidato lastrado por los escándalos

La derrota republicana no se explica únicamente por el impulso demócrata. Paxton llegaba a las urnas con una trayectoria marcada por controversias judiciales y políticas que debilitaron su candidatura. En 2023 fue sometido a un proceso de destitución impulsado por miembros de su propio partido, a raíz de acusaciones de corrupción, aunque finalmente fue absuelto por el Senado estatal. También afrontó una investigación federal por presunto fraude de valores, cuyos cargos fueron posteriormente desestimados.

El desgaste del candidato se convirtió en una oportunidad para Talarico, que consiguió ampliar su apoyo más allá del electorado demócrata tradicional. Incluso miembros de la familia Bush, una de las dinastías republicanas más influyentes de Texas, respaldaron al aspirante demócrata en un gesto que evidenció las divisiones dentro del conservadurismo estatal.

El nuevo senador también logró resistir una campaña de publicidad negativa que trató de presentar sus posiciones sociales como demasiado alejadas de los valores texanos. En respuesta, hizo de su formación religiosa una parte central de su discurso. Nieto de un predicador baptista y con estudios en un seminario, incorporó referencias bíblicas a sus intervenciones y trató de conectar con votantes creyentes que no necesariamente se identifican con el Partido Republicano.

Gina Hinojosa pone fin a la era de Greg Abbott

La victoria de Hinojosa completa el vuelco político en Texas. La candidata demócrata ha derrotado a Abbott, gobernador desde 2015 y uno de los aliados más fieles de Trump, con el 52,6 % de los votos frente al 45,8 % de su rival, según el recuento difundido por Associated Press con el 88 % escrutado. Su elección supone un doble hito: será la primera mujer hispana en gobernar Texas y devuelve a los demócratas a la dirección del Estado por primera vez desde los años noventa.

La última gobernadora demócrata fue Ann Richards, que ocupó el cargo entre 1991 y 1995. Desde entonces, el Partido Republicano había consolidado un dominio que parecía especialmente difícil de desafiar en las elecciones estatales. Abbott había ganado sus anteriores contiendas con holgura y, hasta las últimas semanas, los sondeos no situaban su continuidad en un riesgo evidente.

Hinojosa, abogada y legisladora estatal, llegó a la política después de enfrentarse al cierre de la escuela de su hijo por una disputa sobre la financiación pública. Aquella batalla la llevó a implicarse en la organización de padres del distrito escolar de Austin y, posteriormente, a dar el salto a la política institucional. Su campaña, bajo el lema “No te dejes”, se centró en la educación, el coste de la vida, la reducción de los impuestos sobre la propiedad y la lucha contra la corrupción que atribuye a la administración de Abbott.

El impulso de Talarico resultó decisivo para ampliar las posibilidades de Hinojosa. Ambos compartieron actos por todo el Estado y conectaron sus candidaturas en una campaña que convirtió la recuperación de Texas en un objetivo común. Tras conocerse los resultados, la nueva gobernadora electa celebró la victoria con un mensaje dirigido a su compañero: “lo logramos, James Talarico”.

El voto hispano y el coste de la vida pasan factura a Trump

El resultado también refleja el cambio de comportamiento de sectores del electorado que habían contribuido a la victoria republicana en 2024. Los votantes hispanos, que representan aproximadamente un tercio de la población de Texas, han sido uno de los grupos decisivos en el vuelco. En los últimos meses, distintas encuestas apuntaban a un deterioro del respaldo a Trump entre estos electores, especialmente por las medidas migratorias de su Administración.

Las redadas y detenciones, incluidas las que afectaron a ciudadanos y a personas sin antecedentes violentos, alimentaron el rechazo entre comunidades fronterizas que habían respaldado al presidente en las anteriores elecciones. A ello se sumó el malestar por el encarecimiento de los productos básicos y los carburantes, así como por los efectos atribuidos a los aranceles y a la guerra con Irán.

La oposición ha conseguido articular ese descontento en torno a un mensaje económico y social que ha debilitado la ventaja republicana. La victoria de Talarico y Hinojosa demuestra que el mapa electoral de Texas no es inmutable y que el apoyo tradicional al Partido Republicano puede erosionarse cuando confluyen el desgaste de sus dirigentes, las divisiones internas y el malestar de los votantes. @mundiario