La sangría electoral de Trump: el voto de castigo a su caos da las midterms a los demócratas

    Una ola azul en toda regla. Los demócratas han convertido las elecciones de medio mandato en una derrota de enormes dimensiones para Donald Trump y el movimiento MAGA. No se han limitado a recuperar la Cámara de Representantes, como anticipaban buena parte de los pronósticos: también han conquistado el Senado y han logrado victorias en territorios que durante décadas parecían inaccesibles para la oposición. El resultado supone un vuelco del mapa político estadounidense y abre una etapa de confrontación entre la Casa Blanca y un Congreso que, a partir de enero, estará en manos de sus adversarios.

    La magnitud del triunfo ha desbordado las expectativas. Los demócratas han arrebatado a los republicanos al menos siete escaños en el Senado, con victorias en Texas, Kansas, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Ohio, Iowa y Maine. La recuperación de la Cámara baja también se ha producido con una mayoría más ancha de la que necesitaban para hacerse con el control. La oposición ha mantenido sus principales posiciones y ha conquistado distritos en los que Trump se había impuesto con ventajas de dos dígitos en las presidenciales de 2024.

    No era el escenario que se manejaba al comienzo de la campaña. La Cámara de Representantes lucía como el objetivo más asequible para los demócratas, pero el Senado se consideraba una batalla mucho más complicada. En la Cámara Alta solo se renovaba aproximadamente un tercio de sus escaños y los republicanos partían con una posición favorable de 53 senadores. La noche electoral ha desmontado esas previsiones. La oposición ha logrado cambiar de color estados profundamente conservadores y ha convertido carreras que parecían difíciles en victorias de alcance nacional, para llegar hasta la madrugada a 54 asientos contra los 44 de los republicanos.

    El vuelco más simbólico se ha producido en el gigante sureño. El seminarista James Talarico ha derrotado al republicano Ken Paxton y ha conseguido que los demócratas vuelvan a ganar un escaño senatorial en el estado por primera vez desde 1988. La victoria tiene un valor añadido porque Paxton había sido respaldado por Trump, que intervino en las primarias republicanas para favorecer su candidatura frente al senador John Cornyn. El presidente apostó personalmente por varios candidatos que terminaron convirtiéndose en los grandes derrotados de la noche.

    Texas, Kansas y Carolina del Sur: los bastiones republicanos caen

    Kansas ha protagonizado otro resultado histórico. El pastor metodista Adam Hamilton ha vencido al republicano Roger Marshall y ha puesto fin a una sequía demócrata de casi un siglo en las elecciones senatoriales del estado: la última victoria del partido se remontaba a 1932, durante la Gran Depresión. En Carolina del Sur, Annie Andrews ha derrotado a Darline Graham, la senadora republicana que había ocupado el escaño tras la muerte de su hermano, Lindsey Graham, em un territorio que Trump ganó por casi 18 puntos en 2024.

     

    La lista de vuelcos incluye también Carolina del Norte, donde el exgobernador Roy Cooper ha derrotado al republicano Michael Whatley; Ohio, donde el antiguo senador demócrata Sherrod Brown ha recuperado el escaño frente a Jon Husted, elogiado por el propio Trump por su físico; e Iowa, donde el medallista paralímpico Josh Turek se ha impuesto a Ashley Hinson. En Míchigan, el médico musulmán Abdul El-Sayed ha conseguido igualmente una victoria frente al republicano Mike Rogers, apoyado por la centrista demócrata Haley Stevens. Todos estos resultados muestran hasta qué punto el descontento con la Administración ha penetrado en electorados que hasta hace poco respaldaban mayoritariamente al Partido Republicano.

    También ha habido triunfos con un significado histórico más allá del reparto de escaños. Chris Pappas se ha convertido en el primer hombre abiertamente gay elegido para el Senado, mientras que Keisha Lance Bottoms ha ganado la gobernación de Georgia y será la primera mujer negra en ocupar ese cargo en Estados Unidos. Gina Hinojosa, por su parte, ha conquistado la gobernación de Texas y será la primera mujer hispana al frente del estado.

    El coste de la vida y la guerra con Irán pasan factura

    La explicación del resultado no se encuentra en un único asunto, sino en la acumulación de malestar con la gestión presidencial. El encarecimiento de los alimentos, la gasolina y otros productos ha pesado sobre una campaña en la que los republicanos no han conseguido desviar la atención de la situación económica. A ello se han sumado las consecuencias de la guerra con Irán, el endurecimiento de la política migratoria en manos de los agentes de ICE y la percepción de que la Casa Blanca ha concentrado sus esfuerzos en una agenda política ajena a las preocupaciones cotidianas.

    Los datos de las encuestas a pie de urna apuntan en esa dirección. Según el análisis de Reuters, casi nueve de cada diez votantes consideraron que el coste de la vida era un factor importante a la hora de decidir su voto, mientras que cerca de dos tercios responsabilizaron a Trump del encarecimiento de los precios. La economía y la corrupción figuraron entre las principales preocupaciones de los electores. El voto latino, los jóvenes y parte del electorado afroamericano también se alejaron de los republicanos, contribuyendo a ampliar la derrota en estados decisivos.

    La campaña del presidente tampoco ayudó a sus candidatos. Trump dedicó buena parte de sus intervenciones a cuestiones culturales y a ataques contra sus adversarios “comunistas” y “yihadistas”, mientras el malestar económico calaba en las comunidades. Su implicación fue especialmente intensa en las carreras que terminaron con derrotas de candidatos elegidos o respaldados por él, como Paxton en Texas, Graham en Carolina del Sur y Husted en Ohio. El resultado abre interrogantes sobre su capacidad para transferir apoyo electoral y sobre el peso que conserva su liderazgo dentro del Partido Republicano.

    Un Congreso convertido en contrapoder frente a la Casa Blanca

    Los republicanos pierden el control simultáneo de las dos cámaras que habían facilitado a Trump avanzar en su programa durante los primeros años de su segundo mandato. Los demócratas dirigirán las comisiones parlamentarias, podrán abrir investigaciones sobre la Administración y tendrán capacidad para exigir documentación y convocar a responsables públicos. Los negocios de la familia presidencial, los posibles conflictos de intereses, la política migratoria y la gestión de los organismos federales figuran entre los asuntos que la oposición quiere someter a escrutinio.

    El líder demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, celebró la recuperación de la mayoría con un mensaje centrado en el coste de la vida y el cambio político. “Lo logramos. Los demócratas de la Cámara han recuperado el control del Congreso de los Estados Unidos. Vamos a luchar por una América asequible”, afirmó. Su partido tendrá ahora que transformar el resultado electoral en una agenda legislativa capaz de responder a las expectativas de los votantes.

    Trump, por su parte, ha aceptado públicamente la derrota y ha felicitado a los demócratas. En declaraciones a medios estadounidenses, aseguró que está dispuesto a trabajar con sus adversarios y a buscar acuerdos. Sin embargo, también trató de restar responsabilidad a su figura, argumentando que el presidente no estaba en las papeletas y que los votantes suelen castigar al partido que ocupa la Casa Blanca en las elecciones de medio mandato. La explicación no borra el hecho de que convirtió la campaña en un plebiscito sobre su liderazgo.

    Las elecciones de 2028 empiezan con Trump debilitado

    El tsunami electoral ha ido más allá del Congreso. Los demócratas han sumado victorias en gobernaciones y cargos estatales, con triunfos de figuras como Josh Shapiro en Pensilvania, J. B. Pritzker en Illinois y Wes Moore en Maryland. El resultado también ha reforzado a distintas corrientes dentro del Partido Demócrata, desde los sectores centristas hasta los vinculados a los Socialistas Democráticos de América (DSA), que han ganado presencia en la Cámara Baja con un piso de al menos cinco escaños.

    La victoria no significa que los demócratas dispongan de vía libre para imponer su programa. Trump conserva la Presidencia, sus competencias ejecutivas y la capacidad de vetar leyes aprobadas por el Congreso. Pero el equilibrio de poder ha cambiado de manera sustancial, toda vez que la Casa Blanca tendrá que negociar con una oposición que puede bloquear iniciativas, investigar decisiones del Gobierno y convertir las comparecencias parlamentarias en un foco permanente de presión política. @mundiario