El inexorable paso del tiempo no perdona ni a las leyendas más colosales del deporte, y el tenis mundial comienza a asimilar una certeza que hasta hace poco parecía lejana. A sus 39 años, Novak Djokovic ha vuelto a situarse en el centro de los focos al abordar con total transparencia el inevitable desenlace de su carrera deportiva. Como ocurriera en su momento con Rafael Nadal, las interrogantes sobre la fecha exacta de su adiós son cada vez más recurrentes, una realidad que el tenista serbio asume con la serena naturalidad de quien lo ha conquistado absolutamente todo sobre una pista de tenis.
Pese a la inevitable cercanía del retiro, la realidad competitiva de Nole demuestra que su vigencia no es una mera cuestión de nostalgia. El balcánico sigue compitiendo en la cúspide del circuito profesional, apoyado en unos resultados en Grand Slam donde ha alcanzado las semifinales en cinco de las últimas seis ocasiones (con una final incluida). Para el serbio, los números avalan su continuidad, al menos así se entiende perfectamente en una entrevista publicada por el diario Sport: «Sigo sintiendo que puedo competir al más alto nivel, y los resultados lo demuestran. Todavía puedo mantenerme algo activo de vez en cuando, pero sí, el momento se acerca», reconoce.
El propio tenista ha analizado las diversas vías por las cuales las grandes figuras deciden poner punto final a sus trayectorias. Según su visión, «hay una categoría de atletas que quieren retirarse en la cima, otra categoría de atletas que quieren retirarse porque su cuerpo no les responde, y otra categoría de atletas que simplemente son derrotados por otros y se dan cuenta de que no pueden continuar. O bien, es todo eso». A diferencia de lo ocurrido con Roger Federer o Nadal, castigados severamente por las lesiones en sus etapas finales, Djokovic ha logrado esquivar los grandes calvarios físicos para gestionar su salida bajo sus propios términos.
En cada una de sus apariciones en los grandes escenarios durante este último curso, el serbio ha dejado claro que su espíritu combativo permanece encendido. Tras cada despedida amarga en un Grand Slam, su discurso ha estado lejos de sonar a un adiós definitivo, dejando siempre la puerta abierta a un regreso. En su mente habita una meta tan ambiciosa como poética: alcanzar los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 2028, una cita que no ve tan lejana y que supondría el broche de oro ideal a su histórica carrera.
Sin embargo, el genio de Belgrado no es ajeno a las reflexiones de otros mitos que vivieron antes ese mismo proceso de «dejar ir». En recientes declaraciones, recordó con asombro la perspectiva de uno de sus grandes referentes: «Andre Agassi es uno de los grandes de todos los tiempos, por supuesto. Participó en mi documental y dijo: ‘No sé cuándo llegará el final para Novak, pero estoy seguro de que, cuando llegue, llegará rápido'». Una visión de la que se hace eco al asumir lo vertiginoso que puede resultar el tramo final de la alta competición.
Los Juegos Olímpicos de 2028 en la mira
Djokovic también deja entrever la faceta más humana y filosófica de su día a día familiar. Alejado de las pistas, el serbio aplica una visión particular con la educación de sus hijos a quienes les insta a sentirse tranquilos incluso cuando se aburren ya que a su juicio ahí es cuando una persona «es más creativa o puede empezar a gestionar sus pensamientos».
No obstante, al pisar la pista, el impacto de medirse a rivales como Carlos Alcaraz o Jannik Sinner no deja de afectarle en el plano mental: «Me duele enfrentarme a mi yo de hace 15 años», admite con nostalgia.
De cara al calendario inmediato, la gestión de los esfuerzos se ha convertido en una prioridad absoluta para el serbio. Tras confirmar su renuncia al Masters 1000 de Montreal, el balcánico ha preferido reajustar sus tiempos de descanso para llegar en plenitud física y mental a las citas que verdaderamente marcan la diferencia en su palmarés de la temporada.
De esta manera, el próximo gran test para Novak Djokovic estará fijado en el Masters 1000 de Cincinnati. Este certamen representará la prueba de fuego definitiva para calibrar el estado de forma de los grandes favoritos con miras al US Open, un escenario sobre pista dura donde el serbio siempre ha exhibido una versión demoledora, tal y como ya demostró a principios de año durante la gira australiana.
La conclusión que extrae el circuito es tan clara como contundente: aunque el desenlace se avizore en el horizonte, dar por terminado el ciclo del balcánico sería un grave error. Con la mirada puesta en el asfalto norteamericano y el sueño olímpico de 2028 como gran faro de fondo, Novak Djokovic demuestra que todavía tiene muchas ganas de guerra para seguir escribiendo páginas doradas en el Olimpo del deporte mundial. @mundiario
