El viaje de Estado de los Reyes a Finlandia llega en un momento en el que la geografía vuelve a pesar mucho en la política europea. Felipe VI y Letizia visitan Finlandia del 5 al 7 de octubre, en su primer viaje de Estado al país nórdico, con una agenda que combina diplomacia, economía, tecnología y, de manera muy destacada, seguridad y defensa. La propia Casa Real define el desplazamiento como una oportunidad para reforzar las relaciones bilaterales y subraya el compromiso español con la autonomía estratégica y la seguridad europea «en todas sus fronteras», incluido el Ártico y el Báltico.
Finlandia comparte más de 1.300 kilómetros de frontera terrestre con Rusia y su incorporación a la OTAN en abril de 2023 modificó profundamente el mapa estratégico europeo. La posterior entrada de Suecia completó una transformación del norte de Europa que llevaba décadas resultando difícil de imaginar: dos países históricamente no alineados pasaron a formar parte de la misma alianza militar que sus vecinos escandinavos y bálticos.
La visita de los Reyes se produce, además, cuando la OTAN ha reforzado precisamente esa nueva frontera. Desde junio de 2026 funciona en Finlandia una fuerza terrestre multinacional avanzada, Forward Land Forces Finland, dirigida por Suecia y concebida para reforzar la disuasión y la defensa del flanco nororiental de la Alianza. Rovaniemi ocupa un lugar central en ese dispositivo.
La primera parte del viaje se desarrollará en Helsinki. El presidente finlandés, Alexander Stubb, y su esposa, Suzanne Innes-Stubb, recibirán oficialmente a los Reyes, que mantendrán conversaciones con el jefe del Estado finlandés y posteriormente con el primer ministro, Petteri Orpo, y el presidente del Parlamento, Jussi Halla-aho.
El programa oficial confirma que la seguridad europea, el Ártico, la guerra de Rusia contra Ucrania y la cooperación multilateral estarán entre los asuntos centrales. También habrá espacio para la economía y la innovación, con empresas españolas y finlandesas trabajando sobre inteligencia artificial, semiconductores y tecnología cuántica.
Presentar el viaje únicamente como una demostración militar sería reducir su alcance, ya que Finlandia y España no solo son socios de la Unión Europea y aliados de la OTAN, sino que también comparten intereses económicos, tecnológicos y científicos crecientes. Así, aunque la seguridad es el elemento que atraviesa ahora todas esas relaciones, no es el único asunto de la agenda. Sin embargo, resulta inevitable que Rusia esté presente en prácticamente todas las conversaciones estratégicas, especialmente ahora que la tensión en Europa ha entrado en una fase en la que las amenazas no se limitan a la posibilidad de una guerra convencional; de hecho, la OTAN ya habla de un incremento de ciberataques, sabotajes, interferencias, amenazas contra infraestructuras críticas y violaciones del espacio aéreo.
En los últimos días, además, Moscú ha elevado la retórica nuclear en relación con Kaliningrado, mientras responsables europeos han denunciado una intensificación de las actividades híbridas rusas. Al mismo tiempo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha señalado que no existe una amenaza inmediata de ataque contra territorio aliado.
Rovaniemi: el mensaje militar más claro
El miércoles, los Reyes viajarán a Rovaniemi, en Laponia, donde la dimensión estratégica del viaje será mucho más visible; allí, Felipe VI y Alexander Stubb conocerán las actividades del Ala Aérea de Laponia y de la Brigada Jaeger, además de reunirse con militares que cumplen el servicio obligatorio. La elección de este escenario tiene un fuerte contenido simbólico, ya que Rovaniemi está situada en el Círculo Polar Ártico y forma parte de una región que ha dejado de ser una periferia militar para convertirse en un espacio central de la seguridad europea.
La OTAN considera el Ártico y el Alto Norte una zona estratégica porque conecta América del Norte con Europa, contiene rutas marítimas y aéreas esenciales y concentra infraestructuras de comunicaciones. Rusia ha aumentado allí su actividad militar y China también ha incrementado su interés por los recursos, las rutas y las posibilidades económicas de la región.
La presencia de los Reyes en Rovaniemi adquiere así una lectura que va más allá de Finlandia. España está diciendo que su compromiso con la Alianza no termina en el Mediterráneo occidental. Madrid ha anunciado su participación en la misión de fuerzas terrestres avanzadas de la OTAN en Finlandia, y la visita permite visualizar políticamente ese compromiso antes de concretar las capacidades españolas que finalmente serán aportadas.
La cuestión no es menor para España. Durante años, el debate de seguridad europeo estuvo dominado por la percepción de que los riesgos principales se encontraban en el Mediterráneo, el norte de África, Oriente Próximo o el Sahel. La invasión rusa de Ucrania modificó esa ecuación y obligó a España, como al resto de aliados, a mirar simultáneamente hacia el este y hacia el norte.
La gran transformación consiste en que las fronteras actuales ya no se defienden exclusivamente con soldados, aviones o blindados. Finlandia ha construido una extensa barrera en determinados tramos de su frontera oriental y mantiene cerrados sus pasos fronterizos ordinarios con Rusia desde finales de 2023, después de acusar a Moscú de utilizar la migración como instrumento de presión. Rusia ha rechazado esas acusaciones.
Al mismo tiempo, Finlandia afronta amenazas relacionadas con desinformación, ciberseguridad, infraestructuras submarinas y posibles incursiones de drones. La OTAN ha desarrollado incluso mecanismos específicos de vigilancia en el Báltico después de varios incidentes relacionados con infraestructuras críticas.
Es ahí donde aparece uno de los conceptos fundamentales del viaje: la guerra híbrida. No significa necesariamente que detrás de cada incidente exista una operación rusa. Significa que los Estados deben prepararse para amenazas que combinan herramientas militares, cibernéticas, económicas, informativas y migratorias, dificultando la identificación del momento exacto en que termina la presión política y empieza una agresión.
La experiencia reciente de Ceuta ha introducido ese debate en España con una intensidad que difícilmente puede ignorarse. La entrada masiva de más de 70.000 personas a finales de julio provocó una crisis de seguridad, humanitaria y administrativa de una magnitud extraordinaria. El Gobierno español ha reconocido desde entonces la necesidad de mejorar sus capacidades para detectar y neutralizar nuevas amenazas híbridas.
Y ahí aparece el flanco sur
La principal lectura española del viaje a Finlandia consiste, precisamente, en no aceptar que la nueva prioridad europea se vuelque exclusivamente hacia el norte. Como parte del extremo suroccidental de la Alianza, España sostiene que la seguridad europea también pasa por el Mediterráneo. De hecho, la OTAN reconoce oficialmente que la inestabilidad en estas regiones tiene consecuencias directas sobre la seguridad euroatlántica y, por ello, mantiene una estrategia específica para su vecindad meridional.
Aquí las amenazas presentan una naturaleza distinta. El terrorismo, las redes criminales, la inestabilidad política del Sahel, las crisis migratorias, la presión sobre las fronteras exteriores, los ciberataques y la desinformación forman un conjunto menos parecido a la amenaza convencional rusa que afrontan Finlandia y los países bálticos.
El propio Pedro Sánchez ha defendido esta diferencia. Tras la crisis de Ceuta, sostuvo que España y el sur de Europa afrontan amenazas de naturaleza distinta a las del flanco oriental y reclamó mayor atención a la ciberseguridad y a las capacidades destinadas a combatir las amenazas híbridas.
Pero la posición española también ha evolucionado dentro de la OTAN. Sánchez anunció en julio que España participaría en las fuerzas terrestres avanzadas de Finlandia y subrayó que el país contribuye simultáneamente a la seguridad de los flancos oriental y sur. Ese es probablemente el mensaje que Madrid quiere trasladar durante la visita: España está dispuesta a reforzar el flanco norte, pero espera que sus aliados comprendan que la defensa colectiva no puede medirse únicamente desde la frontera con Rusia.
La comparación entre Finlandia y España resulta especialmente reveladora. Helsinki ha desarrollado durante décadas una cultura de defensa basada en la posibilidad de tener que resistir a un vecino militarmente superior. España, por su posición geográfica, ha desarrollado una percepción diferente, vinculada al Mediterráneo, África y las rutas marítimas atlánticas.
Las amenazas no son idénticas, pero algunas herramientas sí lo son. Drones, ciberataques, desinformación, sabotajes, presión sobre infraestructuras críticas y utilización de movimientos migratorios como instrumento de presión forman parte de un nuevo terreno de confrontación en el que la distinción entre paz y guerra resulta menos nítida. @mundiario
