Por: Héctor E. Contreras.
Lucas 2: 1, 12-14 y Juan 1:4-5.
Augusto César no sólo reinaba en Roma, sino mucho más allá, por ende, ordena el empadronamiento de todo su reino. En su edicto, ordena que cada persona fuese contada para saber y tener un total control de la gente que estaba bajo su régimen. Al final del verso 1 del capítulo 2 de Lucas, utiliza las palabras: QUE TODO EL MUNDO FUESE EMPADRONADO; Y el contexto completo del verso, su significado final es: “TIERRA HABITADA”, del griego “oikoumene”. Este pasaje es digno de notarse en cuanto a que define el uso correcto en el N. T. de oikoumene como la esfera del dominio romano en su más grande extensión, esto es, de las grandes monarquías mundiales de los Gentiles, según Daniel 2:7, que dice así: “Respondieron por segunda vez, y dijeron: Diga el rey su sueño a sus siervos, y le mostraremos la interpretación”. Esa parte del mundo es por consiguiente, de manera peculiar, la escena de los eventos proféticos. Según el verso 12 del capítulo 2 de Lucas, la señal del acontecimiento más grande de todos los tiempos, era simplemente, que los pastores encontraran al niño Dios envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Para que se cumpliera lo escrito muchos años antes, cuando desde los cielos se les aparece juntamente con el ángel mensajero, una multitud de las huestes celestiales que alababan a Dios, y su alabanza fue la siguiente: “¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”, de Lucas 2,14
El Salvador del mundo nació en un corral de animales, porque sus padres no pudieron hallar un cuarto o una habitación donde su madre pudiera traerlo al mundo, además, de que era necesario el cumplimiento de la profecía que por medio del profeta Isaías Dios lo había anunciado 700 años antes de este gran evento, cuando el hombre de Dios, por mandato de su Señor escribió: “Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a Dios? Por tanto, el Señor mismo nos dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”, Isaías 7:14, es decir: Dios con nosotros.
Más adelante, el mismo profeta nos dice: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en su sangre, serán quemados, pasto del fuego. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”, Isaías 9:2-6. Al terminar estas notas, mi espíritu y mi corazón rebozan de gozo y tengo que escribir lo siguiente: ¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo! ¡Aleluya!. Dejando atrás el lado oscuro de la historia, las profecías de Isaías prometen un futuro esperanzador. Isaías escribe el cuádruple nombre y los atributos del Niño (Mesías), quien nacería para reinar por siempre sobre el trono de David. Admirable, Consejero, Padre Eterno y Príncipe de Paz”, es un nombre que expresa sus cualidades de guía y líder, que ningún hombre en la tierra puede experimentar.
Él es la palabra viva, el guía infalible, la inextinguible sabiduría, la verdad y el camino. Sobre Él descansará el imperio (la autoridad de gobernar). Dios Fuerte: El niño es Dios encarnado, el Omnipotente. La palabra traducida como “fuerte” tiene el significado adicional de “héroe”. Nuestro Señor es el héroe infinito de su pueblo, el guerrero divino que ha triunfado sobre el pecado y la muerte. Padre Eterno: Expresa el cuidado paternal que viene de Cristo. Esto, por supuesto, no entra en conflicto con el de la primera persona de la Trinidad. Jesús dijo a Felipe: “El que me ha visto a mí, ha visto a mi Padre”, Juan 14:9. “Eterno” también significa “presente en todas partes”; el Señor posee los atributos de eternidad y omnipresencia mientras reina sobre el trono de David y dentro de los corazones de los redimidos. Príncipe de Paz: Su reino está caracterizado por shalom, sanidad, bienestar, prosperidad, felicidad y cese de la enemistad. El N. T. Afirma que el establecimiento de su reino estará antecedido por su triunfo sobre Satanás, con su muerte en la cruz del Monte Calvario. ¡Gloria por siempre a nuestro Dios y Señor!
“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”,
Juan 1:4-5. La vida y la luz forman parte del vocabulario fundamental de Juan, cuando describe la misión y la esencia del Verbo encarnado. PREVALECIERON, del griego “katalambano”, esta palabra nos enseña tres significados y son los siguientes: 1-) Apoderarse, 2-) Asir y 3-) Dominar. Por lo demás, el verso 5 podríamos leerlo de la siguiente manera: Primero, “Las tinieblas no tienen control sobre ella”, Segundo, percibir, lograr, asir con la mente; prevalecer con esfuerzo mental o moral. Teniendo en cuenta este significado, el versículo podríamos traducirlo como sigue: “Las tinieblas no la entienden”, 3-) Apagar, extinguir, matar la oscuridad sofocándola. “Las tinieblas nunca podrán extinguirla”. La luz y las tinieblas son esencialmente antagónicas entre sí. El gozo del cristiano no solo está en saber que la luz es más fuerte que las tinieblas, sino que también prevalecerá sobre ellas.
En este tiempo, tiempo de regocijo, de esperanza y de unión en familia, la Luz puede llegar a cada vida, porque esta Luz es Cristo en cada corazón. Que su paz ilumine cada vida, cada hogar, cada corazón. Que resplandezca la Luz en todo lugar y juntos podamos celebrar el nacimiento del Niño Dios en el corazón de todo el pueblo dominicano y más allá, hasta donde llegan estas líneas, escritas con la finalidad de que a cada vida llegue Jesús, nuestro Señor y Salvador. A Él sea la gloria eternamente y por siempre.
Que la luz de Cristo ilumine cada vida, cada hogar y familia en este tiempo, es el deseo de mi corazón en Cristo Jesús. ¡Sean bendecidos del Señor!




