Machado proclama desde Caracas que la transición es “irreversible” y fija el rumbo electoral en 2027

María Corina Machado ha regresado al centro de la política venezolana proclamando que “la transición democrática es irreversible”. Cuatro días después de volver al país tras diez meses en el extranjero y después de varios intentos fallidos de entrada, la líder opositora ha ofrecido este jueves en Caracas su primera rueda de prensa, en la que ha situado las elecciones presidenciales en 2027 y ha defendido una transición negociada, pacífica y con garantías para quienes contribuyan al cambio político.

“Estamos aquí para darlo todo por Venezuela”, afirmó Machado en el Aula Magna de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la institución donde se graduó como ingeniera industrial. Flanqueada por el mensaje “Seamos libres”, la dirigente sostuvo que ha regresado para “terminar una tarea y cumplir un mandato” y reivindicó el carácter pacífico de la movilización opositora.

Su retorno, que se produjo el pasado domingo acompañada de una caravana desde el estado Lara hasta Caracas, ha trastocado de arriba a abajo el tablero político de una Venezuela sometida a una transición tutelada por Estados Unidos. Machado ha presentado su presencia en el país como una señal de que ese proceso avanza y ha asegurado que la hoja de ruta estadounidense contempla una elección presidencial en 2027.

Machado ha respaldado la secuencia planteada por el Departamento de Estado estadounidense y ha asegurado que los plazos para llegar a las urnas han quedado más claros. Según su interpretación de la hoja de ruta de tres fases trazada por el secretario Marco Rubio, el proceso contempla reformas institucionales canalizadas a través del diálogo entre la Asamblea Nacional de 2015 y el Gobierno interino de Delcy Rodríguez. Ese proceso desembocaría en unas elecciones presidenciales durante 2027, insistió la premio Nobel de la Paz 2025.

Elecciones en 2027 y una transición por fases

“Eso atiende con responsabilidad la urgencia de un país”, sostuvo. La dirigente liberal no forma parte de la mesa de negociación impulsada por Washington entre representantes de la oposición y las autoridades venezolanas, pero ha expresado su interés en que ese mecanismo llegue a buen puerto.

 

Entre sus objetivos figura el nombramiento de nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), además de la definición del calendario electoral. La Administración estadounidense ha señalado igualmente que busca una reforma institucional que permita avanzar hacia unos comicios creíbles, aunque la fecha de las elecciones todavía no ha sido fijada oficialmente.

La líder liberal de Vente Venezuela aprovechó además la rueda de prensa para reivindicar el efecto político de su regreso frente al discurso de la presidenta interina, que contraprogramó la rueda de prensa en la universidad, en el que se reivindicó como una figura necesaria para la “transformación” del Estado que terminará en las urnas. “El efecto del 25 de octubre vaya si se está notando, porque Delcy Rodríguez ha hablado hoy de elecciones”, respondió cuando fue preguntada por las declaraciones.

Memoria, justicia y garantías para quienes faciliten el cambio

Uno de los mensajes centrales de Machado estuvo dirigido a la eventual gestión del pasado. La líder opositora prometió que un cambio político no significará simplemente sustituir a unas autoridades por otras, sino abordar las responsabilidades derivadas de años de represión. “En Venezuela habrá memoria, justicia y reparación. Y, sobre todo, no repetición”, afirmó. Su propuesta contempla la creación de una comisión de la verdad una vez iniciada la transición y el fortalecimiento de la independencia judicial para determinar las responsabilidades que correspondan.

Al mismo tiempo, Machado ha defendido la negociación con sectores del chavismo como una vía necesaria para hacer posible una transición ordenada. “La negociación implica ofrecer garantías a quienes ayuden en esa transición”, explicó, en una de las señales más significativas de su primera comparecencia, al afirmar que el régimen la reconoce como “la antítesis de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez”, pero que ellos también saben “que tengo palabra”.

 

La dirigente ha insistido en que no le corresponde decidir quién debe responder ante la justicia y ha situado esa tarea en unas instituciones judiciales autónomas. Su planteamiento busca separar la negociación política necesaria para desmontar el actual sistema de poder de la eventual investigación de delitos cometidos durante el periodo chavista.

Machado también ha anunciado que volverá a poner en marcha la estructura ciudadana que permitió a la oposición recopilar y defender las actas de las elecciones presidenciales de julio de 2024. El objetivo ahora será mucho más ambicioso: impulsar la participación ciudadana durante la transición, organizar asambleas en distintas partes del país para apuntalar el pacto de gobernabilidad que trabaja su equipo y facilitar la inscripción electoral de los venezolanos residentes en el exterior. Machado ha cifrado en al menos tres millones los ciudadanos que podrían votar fuera de Venezuela.

El movimiento pretende convertir la movilización que acompañó a la oposición en 2024 en una red capaz de participar en la reconstrucción institucional del país. La líder liberal ha insistido en que la transición no puede limitarse a un acuerdo entre “élites políticas”, sino que debe incorporar a una sociedad venezolana profundamente golpeada por la crisis económica, la emigración y años de conflicto político.

Washington, un actor imprescindible para Machado

Machado ha mantenido el misterio sobre la operación que permitió su regreso. Ante las preguntas de los periodistas, ha explicado que fue una operación “estrictamente autónoma”, organizada por su propio equipo, y ha evitado ofrecer detalles para proteger a las personas que participaron en ella. “No lo vieron venir”, aseguró, en referencia a las autoridades venezolanas. Al ser preguntada sobre qué cambió desde sus últimos intentos fallidos desde Panamá, la líder de las fuerzas antichavistas se limitó a decir que “nosotros aprendimos”. Su regreso se produjo el 25 de octubre, después de meses fuera del país y de varios intentos frustrados.

Su retorno fue posible, según explicó el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, después de conversaciones entre el Parlamento que preside la también opositora Dinorah Figuera y las autoridades venezolanas. Rubio afirmó que Estados Unidos había pedido semanas antes que Machado pudiera regresar a Venezuela. Machado ha insinuado lo contrario, al recordar su salida a través de Curazao para llegar a Noruega a recibir el Nobel de la Paz y afirmar que el trayecto se hizo de manera “autónoma” con “los equipos”.

La dirigente ha reconocido abiertamente el papel de Estados Unidos en el nuevo escenario venezolano y ha insistido en que un Gobierno democrático será el mayor garante para los negocios del sector privado. Ha definido la relación con Washington como de “absoluto respeto” y ha reivindicado la importancia de la operación estadounidense del 3 de enero, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Machado considera que aquella intervención abrió una nueva etapa y que Estados Unidos seguirá teniendo un papel relevante en la transición. Al mismo tiempo, ha evitado pronunciarse sobre las declaraciones de Donald Trump en las que llegó a plantear la posibilidad de que Venezuela se convirtiera en el estado número 51 y que en lugar de celebrar elecciones presidenciales que sean para dirimir un gobernador, al ser preguntada por RTVE.

Su posición refleja una de las principales tensiones del nuevo escenario: la oposición venezolana necesita del respaldo estadounidense para garantizar el proceso de transición, pero al mismo tiempo debe reivindicar la soberanía nacional y la capacidad de los venezolanos para decidir su futuro político. @mundiario