Málaga medirá si el Dépor aprendió la lección del Elche

El estreno ante el Elche dejó una primera advertencia para el Deportivo. Los blanquiazules se adelantaron por medio de Aubameyang, pero fueron perdiendo presencia con el paso de los minutos, retrocedieron demasiado y terminaron concediendo el empate en la segunda mitad. Más que el 1-1, lo preocupante fue comprobar cómo el equipo dejó de discutir el control del encuentro cuando tenía ventaja.

La situación tendrá ahora un matiz importante. No cabe esperar exactamente el mismo Deportivo en Riazor que lejos de A Coruña. La lógica indica que el conjunto de Antonio Hidalgo intentará asumir más iniciativa como local, mientras que en escenarios como La Rosaleda probablemente adopte un planteamiento más prudente, con menor exposición y mayor importancia del orden defensivo.

Eso tampoco significa renunciar al partido. Precisamente ahí aparece la principal enseñanza del encuentro frente al Elche. Ser conservador no implica instalarse durante largos periodos cerca del área propia ni entregar permanentemente la pelota. El Deportivo necesita aprender a diferenciar entre protegerse y limitarse a resistir.

Contra el Elche, además, se produjo una pequeña contradicción con respecto a lo que debería ser la hoja de ruta habitual. Riazor parecía el escenario adecuado para un Deportivo más propositivo, pero durante buena parte del encuentro fue el rival quien manejó la posesión y empujó al conjunto coruñés hacia atrás. Si eso ocurrió en casa, la visita a Málaga permitirá comprobar hasta dónde está dispuesto Hidalgo a reducir riesgos cuando juegue fuera.

La Rosaleda exigirá probablemente una versión más paciente. El Málaga también acaba de regresar a Primera División y afrontará su primer partido como local después de caer por 2-0 ante el Atlético de Madrid. Los andaluces competirán ante su afición y obligarán al Deportivo a convivir con momentos en los que probablemente no tenga la pelota ni pueda mandar territorialmente.

Ahí deberá aparecer la madurez del equipo. El Dépor puede esperar, cerrar espacios, protegerse con un bloque más compacto y explotar la velocidad de sus hombres ofensivos, pero necesitará encontrar momentos para salir, juntar pases y obligar también al Málaga a retroceder. Sobrevivir noventa minutos únicamente alrededor de Leo Román sería asumir demasiados riesgos.

Hidalgo dispone además de alternativas para construir ese plan. Amatucci y Mario Soriano ofrecen capacidad para manejar diferentes registros en el centro del campo, mientras que jugadores como Nsongo o Aubameyang permiten atacar espacios cuando el rival adelanta metros. La posible recuperación progresiva de Yeremay añadiría todavía otra herramienta para un equipo que necesitará amenaza ofensiva incluso cuando decida protegerse.

El encuentro del lunes no determinará nada en una temporada que acaba de empezar, pero sí servirá para observar qué pretende ser este Deportivo lejos de Riazor. Nadie puede exigirle que domine todos los partidos en Primera, y menos todavía como visitante. Lo que sí deberá evitar es confundir prudencia con renuncia. El Elche enseñó dónde puede estar el peligro; Málaga medirá si el Dépor ha aprendido la lección.