Manteniendo nuestra integridad

Job 31:5-8.

Por: Héctor E. Contreras, hector.contreras26@gmail.com

De un tiempo acá, en nuestro país existe una corriente del tener desmedido sin importar cómo. Suenan en nuestra justicia casos como: Odebrecht, Punta Catalina, Operación Pulpo, Caracol y Coral. Son cinco de la última generación; sin olvidar otros casos de años atrás, tales como: Unión Fenosa, Cea, Los Tres BrazosTucanos y otros. En cada caso existe un movimiento económico exorbitante, desmedido, es decir, hay  mucho dinero de por medio  en estos tipos de operaciones. La persona que no teme a Dios, en la mayoría de los casos se involucra en este tipo de negocios, inclusive, pseudos cristianos también. Como personas de honor, de familia, de temor a Dios, se debe evitar caer en las tentaciones que arrastran este tipo de negocios. Por esto, la Palabra de Dios  debe conducirnos a la integridad delante de su augusta presencia y también delante de la sociedad en general que siempre está en una observación constante, principalmente, a los que ostentan un grado de poder dentro de la misma.

Si anduve en mentira, Y si mi pie se apresuró a engaño, Péseme Dios en balanzas de justicia, Y conocerá mi integridad. Si mis pasos se apartaron del camino, Si mi corazón se fue tras mis ojos, Y si algo se pegó a mis manos, Siembre yo, y otro coma, Y sea arrancada mi siembra”, Job 31:5-8. Job, desde que quedó en una ruina total, con todo y el sufrimiento recibido cuando todo lo que tenía le fue arrebatado de él, llevándolo a una derrota, desde su propia  familia hasta todos los bienes que poseía. Se presenta ante Dios porque entiende que en su andar ha sido un hombre íntegro. Tan seguro estaba de sí mismo, que invita al Señor a que lo pese en  balanzas de justicia. Va un poco mas lejos, cuando publica las palabras sobre si su corazón se fue tras sus propios ojos o si algo se pegó a sus manos. Estos versos deben llevarnos  a una reflexión profunda sobre nuestra vida. Porque si algo como lo que describe Job está aconteciendo en la vida de alguien que ahora lee estas notas, Dios le está indicando que aún hay tiempo para detener su caminar.

Conozco un hermano en la fe que tiene un lema en cuanto a Dios y es el siguiente: “Jehová nunca llega taide”. Taide, porque en ocasiones habla con palabras autóctonas de algunas regiones del Cibao. Es un gran hombre de Dios. Entonces, como Dios nunca llega tarde, hoy te advierte que hagas una parada total de todo cuanto estés realizando o haciendo, que no sea de su agrado y que tú reconoces que estás en un error que te puede llevar a lugares jamás conocidos por tí y que luego te avergüences de lo que has sido tu vida en el pasado y que ahora te encuentras  navegando por un mar tumultuoso, con olas muy grandes que zarandean tu vida. Dios cambia todas las cosas cuando nos disponemos a ser transformador por Él.

Anteriormente, mientras Job resumía su discurso sobre su integridad, escribió: “Vive Dios, que ha quitado mi derecho, Y el Omnipotente, que amargó el alma mía, Que todo el tiempo que mi alma esté en mí, Y haya hálito de Dios en mis narices, Mis labios no hablarán iniquidad, Ni mi lengua pronunciará engaño. Nunca tal acontezca que yo justifique; hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad”, Job 27:2-5. Reafirmando lo que hemos leído en estos versos, veamos algunas palabras referentes a lo plasmado por Job: “Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros”, II-Corintios 1:12. Mientras exista un hálito de vida en tí, mientras exista el temor de Dios en tu vida, pensando siempre en tu propio testimonio que justifique lo que tú eres, debe permanecer tu integridad delante de Dios y del mundo que te rodea, que te observa. Observemos la palabra “sencillez” que aparece en el último versículo. La sencillez es lo opuesto a duplicidad u ocultamiento, de lo cual Pablo había sido acusado por algunos de sus críticos. Esto nos llama a entender que debemos vivir de acuerdo a las normas de Dios, no del mundo. La sinceridad que menciona el apóstol Pablo, va de la mano con la santidad que proporciona la gracia de Dios. Es apartarte o dejar de lado  todo lo que el mundo pueda ofrecerte y que vaya en detrimento de tí, de tu familia y de toda la sociedad en donde vives. ¡Dios es bueno! Y para siempre es su misericordia.

El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones; mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa”, Proverbios 28:20.

Y el apóstol San Pablo remacha: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados a muchos dolores”, I-Timoteo 6:9-10. ¿Es mala la riqueza? Entiendo que no, lo que es malo es hacer lo malo, fíjense bien: “lo malo” para llegar a obtenerla y luego, cuando la riqueza es mal habida, llega  la vergüenza pública, cuando se es vejado delante de toda una nación después de haber sido personas encumbradas en la más alta torre de un bienestar jamás soñado y desde allí verse humillado delante de todo un pueblo que observa asombrado. Y, entonces el apóstol Santiago nos dice así: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, que cubrirá multitud de pecados”, Santiago 5:19-20. Santiago se vuelve de una discusión sobre las afecciones físicas para considerar la enfermedad espiritual, instando a la restauración de los que se han extraviado. La expresión entre “vosotros” sugiere que quien ha errado es  miembro de una congregación. La frase “le hace volver” no se limita a su original sentido de volverse del pecado a Dios, sino a la subsecuente experiencia del regreso a Dios después de haber caído en tentación y por ende al pecado.

Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con nosotros, como decís. Aborreced el mal, y amad el bien, y estableced la justicia en juicio; quizá Jehová Dios de los ejércitos tendrá piedad del remanente de José”, Amós 5:14:15. “Buscad lo bueno”, dice al inicio del verso 14 y “Aborreced el mal y amad el bien”, al inicio del 15. Si el pueblo de Dios, Israel, hubiera dejado de lado las falsas acusaciones, el soborno y la corrupción y hubiera insistido en que solo se tomaran decisiones justas en cuanto a la justicia, esto habría obrado en su beneficio. El profeta Miqueas recibió este mensaje de parte de Dios, en año 742 A.C y es el siguiente: “Oíd ahora esto, jefes de la casa de Jacob y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho; que edificáis a Sion con sangre, y a Jerusalén con injusticia. 

Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros?”, Miqueas 3:9-11. Y el apóstol Pablo nos conduce a este principio con las siguientes palabras: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él”, Colosenses 3:27.

Nuestra integridad nunca debe ser echada por tierra por más tentador que sea lo que se nos ofrece y está fuera de los principios que aprendimos por medio de nuestros padres y luego, cuando llegamos a los pies de Jesucristo. Existe todo un mundo que vive del engaño. También hay personas  que mantienen cierto liderazgo y se creen  estár autorizados por Dios para hacer cuántas cosas se les antoje en Su  nombre y dicen como el profeta Miqueas: “¿No está Jehová entre Nosotros?”. A esto se le llama tomar el nombre de Dios en vano. En el verso a los Colosenses, nos indica que debemos dar honor a Cristo en cada aspecto y actividad de nuestro diario vivir. Como creyentes en Jesucristo, usted y yo representamos a nuestro Señor y Salvador, en todo tiempo y lugar y en todo cuanto hagamos. Hoy es un buen día para que  nos dispongamos a buscar lo que es bueno y hacer lo correcto para gloria de Dios Padre.

¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce”, Santiago 3:11-11. A menudo nos desconcierta nuestro lenguaje contradictorio. A veces es correcto y agrada a Dios, pero en otras ocasiones es violento, destructivo, mentiroso, egoísta, con palabras adulteradas, lisonjeras y llenas de engaño, de un veneno mortífero, porque lo que hablamos no proviene del  Espíritu.  ¿De todo lo anterior con qué te  identificas? Se hace necesario recordar en este tiempo que fuimos hechos a imagen de Dios, pero que también muchos han caído en el pecado que no les permite ser lo que deben ser en cuanto al comportamiento de un verdadero creyente. ¿Cuál es tu fuente en este día? En su sermón del monte, Jesucristo dijo: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?”, San Mateo 7:16.

El verso anterior de la cita de Mateo, es decir, el 15, nuestro Señor nos dice que nos guardemos de los falsos profetas, porque llegan disfrazados. Como en los tiempos de nuestro Señor, hoy también el mundo está lleno de engañadores, que se visten de humildad,  pero su corazón está corrompido. Viven una vida totalmente apartada de Dios.

Para que podamos mantenernos como personas  íntegras, debemos hacer nuestras las palabras del apóstol Pablo, cuando escribiendo a la Iglesia de los Corintios plasmó estas palabras: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”, I-Corintios 10:23-24.  Para terminar, recuerdo ahora mismo las palabras del coro de  una canción cristiana que cantábamos mucho mi  hermana en la fe Carmen de La Paz que dice así: “No lo que quiera ser, ni donde pueda ir; pues quién soy yo que debo decidir. Mi Padre escogerá la senda que es mejor, y así felíz yo pueda ir”. Para mantener tu integridad delante de Dios, de tu propia familia y de la sociedad que te rodea, debes revestirte con el poder que viene de Dios por medio de Jesucristo. Ese poder es el Espíritu Santo actuando en tu vida en cada acto que realizas.

Dios nos bendiga grandemente, ahora y siempre.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here