Jeremías 14:7-8 y Juan 5:45.
Por el Pastor: Héctor E. Contreras. hector.contreras26@gmail.com
¿Qué es la esperanza? Se dice que es el objeto de lograr algo o de que se realice lo que se desea. Otro concepto es: Cosa o persona que es objeto de esa confianza. Es lo acontecido al hermano Ralph Thompson, de Ohio, U.S.A. Su testimonio es el siguiente: “A los 40 años, practicando deportes, sufrí un extraño accidente que me causó una apoplejía casi fatal. Mi salud quedó seriamente afectada por muchos años. Ciertas habilidades básicas que daba por sentadas, por ejemplo, ponerme de pie sin ayuda, caminar sin tropezar, vestirme por mí mismo, beber algo sin ahogarme. Yo no podía llevar a cabo ninguna de estas actividades. Poco a poco, mediante la oración, el apoyo recibido y mucho esfuerzo, pude reconstruir mi vida. Me aferraba más y más a Dios”. Investigando el significado de lo que es la apoplejía, encontré esta descripción: “Síndrome neurológico de aparición brusca que comporta la suspensión de la actividad cerebral y un cierto grado de parálisis muscular; es debido a un trastorno vascular del cerebro, como una embolia, una hemorragia o una trombosis”. Los síntomas ya los ha descrito el hermano Thompson más arriba. Este testimonio está publicado en la Revista Aposento Alto, del mes de agosto de 202l, en su página 49.
“Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre, porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado. ¡Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción. ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche?”, Jeremías 14:7-8. Cuando el profeta escribió esto, se había producido una gran sequía en todo Israel; tan fuerte era, que los burros subían los grandes y altos riscos donde aullaban como lobos en busca de aliento. Ellos, los burros, lo hacían buscando el aire en las alturas para soportar el feroz calor. La persona que conoce el campo, sabe lo que es el significado de una sequía. Es algo aterrador, desesperante.
En ocasiones, en lo personal, existen personas que, no solo padecen una sequía que hace que los sembrados en los campos casi desaparezcan, sino una sequía espiritual. Esta quema su interior, su alma, su espíritu, produciendo así una caída tan severa, que en ocasiones piensa que no podrá resistir. En el testimonio de más arriba, este hombre se aferró a Dios, fijando sus ojos, su porvenir en el único que podía tener esperanza, en Jesús, el autor y consumador de la fe. La esperanza se convierte en fe y esta fe es la que alimente el espíritu interior que fortalece todo nuestro ser. En una parte de su testimonio, el hermano Thompson dice que, un amigo le preguntó sobre qué había aprendido sobre sí mismo y él le respondió: “Llegué a amar a aquel Ralph que surgió tras el accidente. En medio del sufrimiento, Dios me enseñó a alimentar y mantener la esperanza”.
Déjame decirte, que, aunque por momentos te sientes sin fuerzas, desfallecer y que no hay fuerzas en tí para seguir, existe la fe y la esperanza en Dios, por medio de Cristo Jesús, para llevarte a un lugar donde hay abundancia, con mucho verdor y agua desbordante donde puedas vivir y decir que vale la pena confiar y fijar tu esperanza en el que todo lo puede. Jesucristo el Señor, el Hijo de Dios, quien se entregó por completo por tí. Dios actúa en tu vida por amor de su nombre y se convierte también, como Israel, en esperanza de vida para tí. ¡Gloria al que vive por los siglos de los siglos! El Dios de la esperanza, de la fe, de la vida. “Y otra vez dice Isaías: Estará la raíz de Isaí, Y el que se levantará a regir los gentiles; Los gentiles esperarán en él. Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”, Romanos 15:12-13. No solo los “fuertes” deben acomodarse a los “débiles”, sino que esta relación debe ser de dos vías, verso 7 de este mismo capítulo que dice: “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió para gloria de Dios”. Es la enseñanza de los versos citados, cuando dice que la raíz de Isaí se levantará por nosotros los gentiles y esperaremos en Él. En el verso 13 se repite dos veces la palabra “esperanza”, la primera, cuando el mismo Dios de esperanza nos llene de su paz al creer en Él y la segunda, para que abundemos en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo no sólo imparte dones espirituales a los que han confesado a Jesucristo como su Salvador, sino también gozo, paz y esperanza, según lo describe el mismo autor cuando escribe: “Porque ninguno de vosotros vive para sí, y ninguno muere para sí”, Romanos 14:7. Esto fue el ejemplo de Cristo Jesús, el Mesías judío que aceptó a los gentiles. Esta doble aceptación por Cristo de judíos y gentiles en la Palabra de Dios lo veremos a continuación: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”, San Juan 1:11-13.
“Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza”, San Juan 5:44-45. En el versículo 32, de este mismo capítulo, Jesús el Señor nos dice: “Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero”. Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, dirige todo su discurso sobre su relación con el Padre a quienes le acusan a Él de blasfemia. También da a entender que, mucha gente sigue creyendo en el pasado, fijándose en lo que otros han hecho. El pueblo judío había puesto su esperanza en Moisés, aferrado a una ley que ya no existía al venir Jesús el Mesías, el Hijo de Dios a la tierra . Es por esto que Juan escribe: “A lo suyo” vino. Como podemos leer, “a lo suyo” está en singular, como podemos leer, sin embargo, en verso 12 remacha: “Más, a todos los que le recibieron”, es cuando el mundo gentil tiene el privilegio de convertirse en hijo de Dios. “A todos los que le recibieron”, está en plural y esta pluralidad nos abarca a todos por igual. ¡Qué hermosa, qué grande es la Palabra de Dios!
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucrissto; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”, Romanos 5:1-2. Ahora tenemos paz con Dios, que no necesariamente equivale a sentimiento de paz como la calma y la tranquilidad. La Paz con Dios significa que nos hemos reconciliado con Él.
No existe más hostilidad entre nosotros, ningún pecado bloquea la relación con Él. La paz con Dios solo es posible solo porque Jesús, con su muerte en la cruz pagó el precio de nuestros pecados. “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”, Romanos 5:3-5. Para los creyentes del primer siglo, el sufrimiento era la regla más que la excepción. Pablo nos dice que en el futuro vamos a triunfar, pero en la actualidad, debemos luchar. Esto significa que experimentaremos dificultades que nos ayudarán a crecer. Nos regocijamos en las tribulaciones, no porque nos guste el dolor o el sufrimiento que esto trae, sino porque sabemos que Dios usa las dificultades de la vida y los ataques satánicos para edificar nuestro carácter, porque profundiza nuestro carácter conforme a los propósitos de Él para con nuestra vida.
El poeta español, Federico García Lorca, en una ocasión escribió lo siguiente: “El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida”. Te invito a que mantengas tu fe y tu esperanza fluyendo en tí cada día, sabiendo que Cristo está por tí.
Que la sobreabundante gracia de Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sea con cada uno de ustedes, mis amados en Cristo Jesús.




