María Corina Machado señala el principal riesgo del pacto petrolero entre Trump y Delcy Rodríguez

El petróleo vuelve a situarse en el centro de la disputa política venezolana. El acuerdo anunciado entre Washington y Caracas para impulsar la explotación de nuevos yacimientos ha provocado la primera reacción pública de María Corina Machado, que ha puesto el foco en una cuestión que va más allá de las inversiones: quién puede decidir sobre las riquezas del país.

La líder opositora reconoció que Venezuela necesita una inyección extraordinaria de capital para recuperar su deteriorada industria energética. Sin embargo, considera que cualquier operación de semejante magnitud debería quedar vinculada a instituciones con legitimidad democrática y capacidad para ofrecer seguridad jurídica a largo plazo.

Su mensaje evitó convertirse en una crítica frontal a Estados Unidos. Machado, de hecho, insistió en que Washington representa un socio estratégico para la reconstrucción venezolana. Su objeción se dirige principalmente contra las autoridades que actualmente controlan el poder en Caracas.

Machado reclama reglas claras para atraer capital

La dirigente considera que el verdadero problema no reside únicamente en cuánto dinero puede llegar al sector petrolero, sino en las condiciones bajo las que se produzca esa llegada de capital.

Para Machado, un proyecto energético sostenible necesita transparencia, instituciones técnicas independientes, procesos de licitación abiertos, un marco fiscal competitivo y estable y garantías jurídicas para las compañías e inversores. También defiende mecanismos de arbitraje internacional que permitan reducir los riesgos asociados a la fragilidad institucional venezolana.

Su planteamiento conecta con una de las grandes incógnitas del acuerdo: cómo conseguir que una eventual expansión de la producción petrolera se traduzca en beneficios duraderos para la población y no únicamente en mayores ingresos para las estructuras de poder.

El pacto contempla el desarrollo de 17 yacimientos con un potencial estimado de unos 65.000 millones de barriles de crudo. Estados Unidos tendría además acceso a una parte de la producción, según los términos anunciados por la Administración Trump.

El petróleo se convierte de nuevo en una cuestión política

La reacción de Machado evidencia que el acuerdo energético puede tener consecuencias que trascienden el mercado petrolero. Para la oposición, la gestión de las reservas nacionales está estrechamente vinculada al debate sobre la legitimidad del poder en Venezuela.

“El patrimonio de nuestro suelo no le pertenece a un régimen ilegítimo”, sostuvo Machado, reivindicando que los recursos naturales deben responder a los intereses de la ciudadanía.

 

La dirigente también advirtió de que Venezuela necesitará mucho más que inversiones para reconstruirse. La recuperación de la producción petrolera, según su planteamiento, debería formar parte de una transformación institucional más amplia.

Su posición deja así una advertencia sobre el futuro: la entrada de capital extranjero puede acelerar la recuperación de la industria, pero la estabilidad de ese proceso dependerá de las garantías políticas, jurídicas y económicas que lo acompañen.

En este escenario, el petróleo vuelve a ser una herramienta económica y, al mismo tiempo, uno de los principales campos de batalla sobre el futuro político de Venezuela. @mundiario