Mourinho vino a lo que vino: la pelota no, gracias

Tras pagar 15 millones de euros al Benfica, José Mourinho aterrizó en Madrid con la misión de poner orden en un vestuario anárquico y devolver la competitividad al equipo. Casi cuatro meses después de su llegada, los resultados acompañan a medias y el juego sigue despertando demasiadas dudas.

Tampoco debería sorprendernos. Mourinho nunca ha sido un entrenador especialmente partidario de dominar los partidos mediante la posesión. Su receta siempre ha priorizado el orden defensivo, la intensidad física y la contundencia. Quienes esperaban una revolución futbolística probablemente se equivocaron de entrenador.

El centro del campo como mejor ejemplo

 Ante la Roma, Courtois dio 55 pases, mientras Tchouaméni completó 39 y Valverde apenas 31. Que el portero intervenga más en la circulación que los dos encargados de organizar al equipo retrata perfectamente las limitaciones de su propuesta.

Mientras tanto, Bernardo Silva y Arda Güler siguen reclamando más protagonismo. Mourinho insiste en el doble pivote físico, incluso cuando el partido exige futbolistas capaces de asociarse, pausar y superar líneas mediante el pase. Roma volvió a demostrar que la fuerza, por sí sola, no basta.

Menos mal que está Bellingham

El inglés, cuyo fichaje costó 103 millones de euros fijos, combina despliegue físico, llegada y talento. Pero también parece el futbolista ideal para un técnico que antepone el músculo a la creatividad. Sin su calidad, cuesta imaginar a Mourinho renunciando a otro centrocampista de fuerza. La pelota no, gracias.

Bendita expulsión.

Vinicius ha sido sustituido cinco veces en diez partidos y comenzó como suplente frente al Villarreal. Su rendimiento, con apenas un gol y tres asistencias, tampoco invita al optimismo. La sanción de cuatro encuentros, aunque perjudica al equipo, abre un escenario que Mourinho tendrá que gestionar.

Diomande podrá asentarse en su posición natural, la banda izquierda, mientras Güler tendrá más opciones de actuar desde la derecha o incluso por dentro. Si el equipo mejora sin Vinicius durante su ausencia en La Liga, ¿se atreverá Mourinho a mantenerlo fuera del once cuando regrese?

Y después está el ruido.

Mourinho volvió a cuestionar a los organismos disciplinarios por la sanción a Vinicius y el momento elegido para comunicarla. Mientras se discuten sus declaraciones, el problema futbolístico pasa a un segundo plano. Una estrategia demasiado conocida para quienes llevan años siguiendo al portugués.

Mourinho vino a lo que vino: competir, proteger su posición y controlar el relato. Aunque alguna vez reconozca sus errores, su tendencia a buscar enemigos exteriores sigue siendo evidente. El viejo Mourinho, el que no tiene autocrítica, nunca se ha ido; solo estaba escondido detrás del telón para cuando su obra comenzase. @mundiario