El proyecto consolidado para convertir el Mundial de 2030 en el símbolo de la cooperación entre Europa y África se ha transformado en uno de los focos de mayor tensión institucional del fútbol internacional. La crisis que golpea a la FIFA, el enfrentamiento abierto con la UEFA y el terremoto político provocado por la entrada masiva de migrantes en Ceuta han situado a la candidatura compartida por España, Portugal y Marruecos bajo una presión inédita.
En el centro de esa tormenta se encuentra Gianni Infantino. El presidente de la FIFA ha decidido responder con contundencia después de varias semanas marcadas por filtraciones, críticas internas y cuestionamientos sobre la gobernanza del organismo. Desde Rabat, donde reunió al secretario general de la FIFA, Mattias Grafström, y a miembros de la dirección de la organización, lanzó como aviso de navegantes que no está dispuesto a tolerar más ataques contra la institución ni contra su liderazgo.
En un comunicado difundido tras el encuentro, Infantino aseguró que la FIFA adoptará “todas las medidas necesarias” para proteger su reputación y reforzar la confianza en la organización. La dirección del organismo cerró filas en torno a su presidente y reconoció, al mismo tiempo, errores en la gestión de la polémica propuesta de reorganización comercial de las competiciones internacionales, a través de la creación del FIFA Forward Enterprise (FFE), un episodio que ha deteriorado aún más las relaciones con varias federaciones nacionales y con la UEFA.
Las palabras conciliadoras de la FIFA no han servido para rebajar la tensión con el fútbol europeo. Desde la UEFA consideran que las explicaciones ofrecidas por Infantino no modifican el fondo del problema y mantienen intacta su posición crítica respecto al rumbo que ha tomado la gobernanza del organismo internacional.
La fractura trasciende las pugnas internas del fútbol mundial. Diversas federaciones europeas siguen estudiando la posibilidad de impulsar un candidato alternativo en el próximo congreso electoral de la FIFA, que tendrá lugar en Rabat el 18 de marzo, mientras persiste la amenaza de un boicot institucional a determinadas iniciativas promovidas por Infantino. Frente a ese bloque europeo, la Conmebol ha optado por respaldar públicamente al dirigente suizo-italiano y ha defendido la necesidad de preservar la estabilidad institucional del fútbol mundial, evidenciando una división geopolítica cada vez más marcada dentro del deporte.
El Mundial entra de lleno en la política española
La crisis de la FIFA ha coincidido, además, con un momento especialmente delicado para las relaciones entre España y Marruecos. La entrada masiva de decenas de miles de migrantes en Ceuta a finales de julio ha provocado que el debate sobre el Mundial de 2030 haya abandonado el ámbito exclusivamente deportivo para convertirse en una cuestión política y diplomática.
En el Congreso, partidos de muy distinto signo han comenzado a cuestionar el papel de Marruecos como socio organizador del campeonato. Aunque por razones diferentes, PP, Vox, Sumar y Podemos han planteado la necesidad de cesar la organización del Mundial con Rabat o, al menos, garantizar que España conserve el protagonismo institucional del torneo después de que The Times avanzara que Infantino busca amarrar su reelección con el apoyo de los 54 países de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), a cambio de que la final se juegue en suelo marroquí.
Para los populares, el objetivo prioritario pasa por asegurar que la final del Mundial se dispute en territorio español. El partido ha advertido incluso de que, si ese escenario no se garantiza, habría que replantearse la continuidad del proyecto compartido. Vox, por su parte, ha endurecido el discurso tras conocerse diversas informaciones periodísticas que apuntaban a supuestas maniobras de la FIFA favorables a Marruecos, mientras que Izquierda Unida, dentro de Sumar, ha vinculado directamente la crisis migratoria con la conveniencia de mantener la alianza deportiva con Rabat.
El Gobierno mantiene el respaldo a Marruecos
Pese al creciente ruido político, el Ejecutivo de Pedro Sánchez no contempla, por ahora, revisar la candidatura compartida. La ministra de Educación y Deportes, Milagros Tolón, ha defendido públicamente que las cuestiones deportivas deben mantenerse separadas de la crisis diplomática abierta con Marruecos y ha reiterado que el objetivo sigue siendo organizar “el mejor Mundial de la historia”.
La posición del Gobierno contrasta con la creciente presión parlamentaria y con las dudas que empiezan a aflorar en distintos sectores sobre el coste político que puede tener mantener inalterable la hoja de ruta mientras persisten las consecuencias del episodio vivido en Ceuta.
Otro de los grandes focos de controversia gira en torno al partido más importante del campeonato. Aunque la FIFA ha negado oficialmente que exista decisión alguna sobre la sede de la final, el simple debate ha generado una enorme inquietud en España. La posibilidad de que el estadio Hassan II de Casablanca pueda competir con el Santiago Bernabéu o con otras candidaturas españolas ha elevado la tensión política y deportiva. La organización insiste en que la decisión se adoptará “a su debido tiempo”, pero el asunto se ha convertido ya en un símbolo de la pugna por el liderazgo dentro del proyecto conjunto. @mundiario
