Irán prepara un movimiento en Ormuz que podría cambiar el equilibrio en Oriente Próximo

El conflicto en Oriente Próximo sigue evolucionando más allá del terreno militar. Mientras el alto el fuego mantiene congelados los enfrentamientos directos entre Irán, Estados Unidos e Israel, la atención internacional se desplaza ahora hacia el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo y gas.

Las autoridades iraníes han confirmado que el documento definitivo de un pacto con Omán está prácticamente terminado y que únicamente resta la autorización de los máximos órganos del Estado para hacerlo oficial. Se trata de un acuerdo negociado durante semanas que pretende reorganizar la navegación comercial en esta vía estratégica durante un periodo inicial de 60 días.

La propuesta contempla un cambio significativo en las rutas habituales. Los buques entrarían al golfo Pérsico por un corredor bajo supervisión iraní y abandonarían la zona utilizando un trayecto controlado por Omán. Aunque sobre el papel se presenta como una solución técnica para reducir tensiones, el trasfondo político es mucho más profundo.

Para Teherán, este diseño supone consolidar una influencia mucho mayor sobre uno de los principales corredores energéticos del planeta. Más que obtener ingresos por el paso de embarcaciones, el objetivo pasa por reforzar su capacidad de supervisión y demostrar que mantiene el control sobre un punto clave para la economía internacional.

Un acuerdo temporal con implicaciones mucho más amplias

La importancia de este entendimiento trasciende la simple reorganización del tráfico marítimo. Durante los dos meses de vigencia previstos, Irán renunciaría temporalmente a imponer tasas a los barcos que atraviesen el estrecho, una medida que había planteado como respuesta a la presión internacional.

A cambio, el Gobierno iraní espera abrir una nueva etapa de contactos con Washington para reactivar las conversaciones sobre su programa nuclear, interrumpidas tras la escalada militar registrada durante los últimos meses.

Desde la perspectiva iraní, la guerra no ha debilitado su posición negociadora. Al contrario, las autoridades consideran que han logrado resistir la presión militar de Estados Unidos e Israel y ahora intentan traducir esa resistencia en ventajas diplomáticas y estratégicas.

Expertos en seguridad internacional coinciden en que la verdadera prioridad iraní no reside en los posibles beneficios económicos derivados del tránsito marítimo. El elemento decisivo es disponer de una mayor capacidad para controlar quién entra y sale del golfo Pérsico, una herramienta con enorme peso geopolítico en cualquier futura negociación regional.

No obstante, el Ejecutivo iraní insiste en que este eventual acuerdo no debe interpretarse como una reapertura completa del estrecho. Según su Ministerio de Asuntos Exteriores, la navegación seguirá condicionada mientras continúen las sanciones estadounidenses, el bloqueo sobre determinados puertos y buques iraníes y la presencia militar de Washington en la zona.

Trump endurece el discurso mientras el comercio marítimo sigue bajo presión

Desde Estados Unidos, Donald Trump mantiene una estrategia basada en mensajes contradictorios que combinan la negociación con las advertencias militares. En sus últimas declaraciones aseguró que preferiría alcanzar un acuerdo con Irán, aunque advirtió de que, si las conversaciones fracasan, responderá con contundencia para garantizar la libertad de navegación.

La prioridad de Washington continúa siendo que ningún país pueda condicionar el paso de los buques comerciales por Ormuz ni exigir autorizaciones o pagos para utilizar esta ruta, considerada esencial para la estabilidad del comercio energético internacional.

Mientras continúan los contactos diplomáticos, la actividad marítima refleja la incertidumbre existente. El número de embarcaciones que atraviesan diariamente el estrecho permanece muy por debajo de los niveles habituales registrados antes del estallido del conflicto. Parte del tráfico comercial ha optado por rutas alternativas, entre ellas Bab al Mandeb, aunque este corredor también presenta importantes riesgos debido a la amenaza de ataques por parte de los hutíes de Yemen.

El descenso del tránsito mantiene en alerta a los mercados energéticos, ya que cualquier alteración prolongada en Ormuz puede repercutir directamente sobre el precio internacional del petróleo y del gas.

Las próximas semanas serán determinantes para comprobar si el acuerdo entre Irán y Omán consigue reducir la tensión o, por el contrario, abre una nueva fase de rivalidad geopolítica en una región donde cada movimiento diplomático tiene consecuencias que trascienden las fronteras de Oriente Próximo. @mundiario