Reemplazar a Lionel Messi en la selección argentina no es una cuestión de encontrar un futbolista que juegue parecido. Es, sencillamente, una tarea imposible. Messi se marcha después de 207 partidos y 125 goles con la Albiceleste, además de haber conquistado el Mundial de 2022 y las Copas América de 2021 y 2024. Su retirada, anunciada el 31 de agosto, deja un vacío deportivo, emocional y simbólico que ningún jugador puede ocupar por sí solo. Pero Argentina tampoco parte de cero. La generación que creció alrededor del capitán ya tiene futbolistas capaces de asumir responsabilidades. Y entre todos ellos hay uno que, por edad, posición y características, parece especialmente preparado para dar el primer paso: Nico Paz.
El jugador del Como representa quizá la alternativa más cercana a lo que Argentina necesitará en el corto plazo. No porque sea comparable con Messi hacerlo sería una injusticia para ambos, sino porque puede desempeñarse como mediapunta, interior o segunda punta y tiene la capacidad para recibir entre líneas, asociarse y acelerar las jugadas. Con 21 años, Paz ya disputó su primer Mundial y forma parte del grupo de futbolistas que Lionel Scaloni incorporó progresivamente al proyecto. Su evolución ha sido especialmente valorada por el cuerpo técnico, que lo incluyó en la convocatoria mundialista después de una destacada temporada en Italia. El propio Paz ha rechazado públicamente la idea de reemplazar a Messi, consciente de que la comparación puede convertirse en una carga.
La ventaja de Nico Paz no está únicamente en su talento, sino en el momento en el que aparece. Argentina no necesita reconstruirse desde cero después de la salida de Messi: necesita transformar una selección que durante años tuvo al mejor futbolista del mundo como punto de referencia. Esa diferencia resulta fundamental. Paz puede convertirse en uno de los encargados de recibir parte de las responsabilidades creativas que antes recaían sobre el capitán, pero sin asumir la obligación de reproducir sus cifras ni su influencia. El desafío de Scaloni consistirá precisamente en evitar que todo el equipo mire hacia un nuevo nombre esperando encontrar otro Messi. La etapa que comienza exige repartir aquello que antes estaba concentrado en un solo jugador.
En ese reparto, Julián Álvarez puede convertirse en una figura todavía más importante. El delantero del Atlético de Madrid ya tiene una relación consolidada con la selección y ha demostrado que puede participar mucho más allá del área. Su movilidad, capacidad para presionar y facilidad para asociarse permiten imaginar una Argentina con un ataque menos dependiente de un creador único. Lautaro Martínez, por su parte, aporta otra dimensión: gol, experiencia y liderazgo. El capitán del Inter también aparece entre los candidatos naturales para asumir mayores responsabilidades dentro del vestuario. La solución, por tanto, podría estar menos en un sucesor y más en una sociedad entre varios futbolistas.
Thiago Almada también forma parte de esa ecuación. Su perfil técnico y capacidad para jugar entre líneas lo convierten en otra alternativa para ocupar zonas que Messi dominó durante años. Y después aparece Franco Mastantuono, el nombre que probablemente genera más expectativas de cara al futuro. El actual futbolista del Real Madrid debutó con Argentina con apenas 17 años y 9 meses, convirtiéndose en el jugador más joven en disputar un partido oficial con la Albiceleste. Su irrupción demuestra que el relevo generacional ya estaba en marcha incluso antes de que Messi anunciara su despedida. Pero Mastantuono todavía necesita tiempo. Convertirlo inmediatamente en heredero sería repetir el mismo error que Argentina debe evitar: cargar a un joven con una responsabilidad que corresponde a toda una generación.
El nuevo líder no tiene por qué llevar el 10
La cuestión del dorsal será inevitable. La camiseta número 10 quedó vacante después de casi dos décadas asociada a Messi y Argentina tendrá que decidir qué hacer con ella. Nico Paz aparece como una de las opciones más naturales porque en el Como utiliza precisamente ese número y porque su fútbol encaja con la figura del mediapunta creativo. Sin embargo, el verdadero debate debería estar por encima de una camiseta. El heredero de Messi no será necesariamente quien vista el 10, sino quien consiga convertirse en una referencia cuando los partidos exijan personalidad. El fútbol argentino ha tenido numerosos números 10, pero muy pocos capaces de modificar el destino de una selección como lo hizo Messi.
También será importante observar qué sucede con el liderazgo. Messi deja una selección en la que otros jugadores ya han asumido responsabilidades importantes. Cristian Romero, Emiliano Martínez, Lautaro Martínez y Rodrigo De Paul forman parte de ese grupo de futbolistas con peso dentro del vestuario. El brazalete podría cambiar de dueño sin que eso implique modificar inmediatamente la identidad del equipo. De hecho, una de las grandes fortalezas de la Argentina de Scaloni fue haber construido una estructura suficientemente sólida para competir incluso cuando Messi no podía resolverlo todo. El reto ahora consiste en profundizar esa evolución y conseguir que la ausencia del capitán no se transforme en una dependencia de otro futbolista.
Por eso, Nico Paz parece el candidato más interesante para ocupar parte del espacio futbolístico que deja Messi, pero no necesariamente todo. El argentino puede aportar imaginación, pausa, asociación y capacidad para jugar cerca del área, mientras Julián puede convertirse en una referencia ofensiva todavía mayor y Lautaro asumir más peso goleador y jerárquico. Almada puede ofrecer creatividad y Mastantuono representa la siguiente generación. La selección tiene piezas suficientes para construir algo diferente, aunque tendrá que aceptar que durante un tiempo habrá partidos en los que la comparación con Messi será inevitable. Ninguno tendrá su capacidad para resolver una jugada desde la nada. Y eso también forma parte del duelo.
La historia reciente ofrece una enseñanza importante. Cuando Diego Maradona dejó de jugar para Argentina, durante años se buscó al futbolista capaz de ocupar su lugar. Pasaron nombres, estilos y generaciones, pero la selección solo encontró estabilidad cuando dejó de intentar reproducir una figura irrepetible. Con Messi puede ocurrir algo parecido. Argentina no necesita fabricar otro genio con la misma posición, los mismos movimientos o la misma personalidad. Necesita construir un equipo capaz de ganar sin él. Si Scaloni consigue que cinco jugadores compartan las funciones que antes concentraba uno, la ausencia del capitán puede terminar acelerando una evolución que ya estaba en marcha.
El verdadero sucesor de Messi, por tanto, quizá no sea Nico Paz, Mastantuono, Julián Álvarez ni Lautaro Martínez. Será la propia selección argentina. Messi se marcha después de transformar para siempre la relación entre la Albiceleste y sus grandes torneos, dejando títulos, récords y una identidad competitiva que antes no existía. Ahora comienza una etapa diferente. Paz parece el candidato más preparado para recoger parte de su legado futbolístico, pero el futuro dependerá de que Argentina entienda algo fundamental: a Messi no se le sustituye. Se le sucede. Y esa sucesión tendrá que ser colectiva. @Mundiario
