Hechos 4:12.
Por: Héctor E. Contreras.
Son muchas las veces que, al correr del tiempo, nos hemos detenido con el propósito o la intención de hacer comparaciones entre una persona y otra. Las mismas se originan por la igualdad o parentesco entre unos y otros. ¿Por qué razón? Nadie en absoluto es igual a otro, ni siquiera los gemelos, aunque muchas veces nos confunden con su aparente similitud, sin embargo, al fijarnos detenidamente en ellos, encontraremos que existe alguna diferencia entre ellos. Hoy, a través del recorrido que realizaremos a través de la Biblia, nos daremos cuenta que no existe nadie más como Jesucristo el Señor. ¡Él es ÚNICO! Por ello el título de este mensaje. Porque no hay nadie como Jesús, el Cristo, el Hijo Único de Dios.
“Más Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”, Marcos 10:42-45. Jacobo y Juan apetecían la más alta posición en el Reino de Jesús. Pero Él les dijo que la verdadera grandeza estaba en servir a otros y no en el interés personal. Pedro, que era uno de los discípulos que escuchó el mensaje, desarrolló este pensamiento: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros; cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a nuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”, I-Pedro 5:1-4.
La mayoría de los negocios, organizaciones e instituciones en el mundo, miden la grandeza por los altos logros alcanzados por las personas que las dirigen. No así Cristo, nuestro Señor, que proclamó: “Porque el hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”, verso 45, citado arriba. En el Reino de Cristo, el servicio es la forma de tomar la delantera; es decir, ser el primero en cruzar la meta. El deseo de estar en la cima puede ser un estorbo y no una ayuda. En vez de buscar la satisfacción de sus necesidades, procuremos ministrar en favor de las necesidades de otros.
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”, I-Timoteo 2:5-6. Como seres humanos estamos separados de Dios por causa del pecado y sólo una persona en todo el universo puede pararse entre nosotros y Dios y unirnos otra vez: Jesús, que es Dios y hombre al mismo tiempo. El sacrificio de Cristo trajo nueva vida a la humanidad. ¿Le has permitido tú que te lleve delante del Padre? Jesús dio su vida como rescate por nuestros pecados. Es lo citado anteriormente en Marcos 10:45. Un rescate era el precio pagado para liberar a un esclavo de su cautividad. Jesús, nuestro mediador, dio su vida a cambio de la nuestra. Él pagó con su muerte nuestra culpa por el pecado. Por tal razón, mis amados, no hay otro como Él.
Cuando Pedro y Juan fueron encarcelados, luego llevados ante el tribunal del Sanedrín por haber sanado a un hombre por su predicación acerca de Jesús, los jefes del tribunal les preguntaron: “¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?” Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”, Hechos 4:8-12.
De acuerdo a lo detallado en los versos citados, el concilio preguntó a Pedro y a Juan bajo qué potestad habían sanado al hombre que se encontraba frente a ellos, o en qué nombre ellos predicaban. En realidad, ellos no sanaron al hombre que se encontraba enfermo. La sanidad llegó a este hombre por el poder de la palabra que proclamaban sobre Jesucristo.
Las acciones y palabras de los hombres de Dios a los líderes religiosos, quienes en su mayoría estaban más interesados en su reputación y posición que en Dios. Mediante la ayuda del Espíritu Santo, Pedro habló con autoridad delante de aquel concilio, sometiéndolo a juicio, demostrando que el que crucificaron había resucitado. En lugar de estar a la defensiva, los apóstoles estuvieron a la ofensiva, hablando con denuedo acerca del poder de Dios y presentando el evangelio a estos líderes. La cabeza del ángulo une dos lados de un arca y los mantiene juntos. Pedro dice que los judíos rechazaron a Jesús, pero ahora Cristo a venido a ser cabeza del ángulo, que es su Iglesia, que también puedes ser tú hoy. Muchas personas reaccionan negativamente al hecho de que no hay otro nombre en que podamos obtener salvación. Esto es una enseñanza específica de Jesús como el Salvador del mundo, ningún otro puede ser igual. Todo aquel que ha confesado a Jesucristo como su Salvador, debe tener una mentalidad abierta a diferentes aspectos, pero no en cómo somos salvos del pecado. Ningún otro maestro religioso pudo morir por los pecados del género humano; ningún otro maestro religioso vino a la tierra como el Hijo único de Dios; ningún otro resucitó de la muerte. Nuestro enfoque debe estar en Jesús, a quien Dios ofreció como el camino para tener una relación eterna con Él mismo. ¡No hay otro nombre ni otro camino! Sólo Jesucristo, el Hijo de Dios es Único.
“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”, Hebreos 9:13-14.
Mediante la sangre de los animales sacrificados, Dios consideraba la fe y la obediencia del pueblo, y limpiaba su pecado haciéndolos aceptables ceremonialmente conforme al Antiguo Testamento. Pero el sacrificio de Cristo transforma nuestra vida y nuestro corazón; nos limpia interiormente. Su sacrificio es infinitamente más eficaz que el sacrificio de los animales. Ninguna barrera de pecado o debilidad de nuestra parte, puede impedir el perdón de Dios mediante el sacrificio, muerte y resurrección de su Hijo, Jesucristo el Señor.
La famosa diseñadora francesa, Coco Chanel, dijo: “No es la apariencia, es la esencia; no es el dinero, es la educación; no es la ropa, es la clase”. Si deseas parecerte a alguien y alcanzar metas, debes convertirte a Jesucristo y cada día trabajar hasta lograr tus propósitos, los cuales nacen del Altar de Dios y estos llegan hasta tu corazón. Que la gracia de Dios Padre, la gracia de Jesucristo su Hijo y la comunión con el Espíritu Santo, esté en cada vida.



