“No merecen vivir”: la brutal proclama de Itamar Ben Gvir que incendia la coalición de Israel

Las palabras de Itamar Ben Gvir no son una simple salida de tono dentro del ya extremo debate político israelí. El ministro de Seguridad Nacional ha defendido públicamente que Israel lleve a cabo asesinatos selectivos en Gaza y que mate entre “30 y 40 personas cada noche”, ampliando además el objetivo más allá de quienes representen una amenaza inmediata. En una conversación publicada en un pódcast con el antiguo rehén Rom Braslavski, Ben Gvir llegó a afirmar que hay palestinos que “no merecen vivir” y que “ni siquiera son personas”.

La declaración adquiere una dimensión política mayor por el momento en que se produce. Israel se encuentra ante un posible cambio de etapa en la guerra de Gaza, con Estados Unidos presionando para avanzar en una tregua y con el Gobierno de Benjamín Netanyahu tratando de mantener un difícil equilibrio entre las exigencias de Washington, la cuestión de los rehenes, la seguridad israelí y las posiciones de los sectores más radicales de su propia coalición.

Ben Gvir no dirige las Fuerzas Armadas y, por tanto, no tiene autoridad para ordenar ataques militares sobre Gaza. Pero tampoco es un actor marginal. Su cartera controla la Policía y el sistema penitenciario israelí y su influencia dentro de la coalición gubernamental convierte sus declaraciones en un indicador de la presión que soporta Netanyahu desde la derecha.

El polémico ministro reconoció que no comparte la decisión del primer ministro de reducir los ataques sobre Gaza en el marco de los esfuerzos impulsados por el presidente estadounidense, Donald Trump. Según los informes aportados, la autoridad para aprobar determinadas operaciones habría quedado restringida al jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, una modificación que ha irritado a los sectores más duros del Gobierno.

El ministro sostiene, en cambio, que Israel debe mantener una presión militar constante. Su propuesta de eliminar “30 o 40” personas cada noche no se limita a perseguir combatientes que estén preparando ataques. Al introducir expresamente a personas que, según él, “no merecen vivir”, Ben Gvir plantea un criterio que va mucho más allá de la lógica tradicional de una operación militar dirigida contra objetivos concretos.

Ese matiz es fundamental. En cualquier conflicto armado, la distinción entre combatientes y población civil constituye una cuestión central del derecho internacional humanitario. Por eso, las declaraciones de un miembro del Gobierno israelí adquieren una relevancia que trasciende la retórica política habitual.

El salto de la guerra contra Hamás a una visión sobre toda Gaza

Ben Gvir no se limitó a defender una intensificación de los ataques. En la misma intervención reivindicó una transformación territorial de Gaza. “Considero que toda Gaza es nuestra”, afirmó, defendiendo la recuperación de los asentamientos judíos que Israel desmanteló en 2005 y la creación de nuevas comunidades israelíes en la Franja.

Su planteamiento incluye también favorecer la salida masiva de palestinos hacia otros países. Para los palestinos y para numerosos especialistas en derecho internacional, una política de expulsión o desplazamiento forzoso de una población puede entrar en el terreno de la limpieza étnica. Israel, por su parte, rechaza las acusaciones de genocidio formuladas contra el Estado y sostiene que su guerra tiene como objetivo a Hamás y la recuperación de los rehenes.

La respuesta se encuentra, en buena medida, en la evolución política de Israel desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Aquel ataque dejó alrededor de 1.200 muertos y 251 personas tomadas como rehenes, según las cifras habitualmente citadas. Los testimonios de algunos de los liberados sobre hambre, violencia y abusos durante el cautiverio han reforzado en una parte de la sociedad israelí la percepción de que Hamás representa una amenaza existencial.

Ese contexto modificó el espacio político del país. Ideas que durante años permanecieron en los márgenes de la derecha nacionalista han ganado mayor presencia después del 7 de octubre. Ben Gvir se ha beneficiado de esa transformación.

Su trayectoria explica también la dureza de sus posiciones. Durante años perteneció al entorno de la extrema derecha israelí y estuvo vinculado al movimiento Kach, considerado organización terrorista por Israel. No realizó el servicio militar por sus vínculos políticos, según las informaciones citadas, y construyó posteriormente una carrera alrededor de posiciones ultranacionalistas y abiertamente contrarias a las concesiones territoriales a los palestinos.

Hoy, sin embargo, ocupa una posición institucional desde la que sus palabras tienen otra repercusión.

Un ministro con poder, aunque no sobre el Ejército

Ben Gvir no puede ordenar al Ejército israelí que lance una determinada operación sobre Gaza. Esa competencia corresponde a las estructuras militares y al Gobierno. Su Ministerio de Seguridad Nacional tiene, sin embargo, competencias importantes sobre la Policía y los servicios penitenciarios.

Esto resulta especialmente significativo porque en las cárceles israelíes permanecen miles de palestinos procedentes de Gaza y Cisjordania. La política penitenciaria bajo Ben Gvir ya ha sido objeto de fuertes críticas.

Las informaciones aportadas recuerdan que el ministro llegó a presumir de haber reducido las raciones alimentarias de los presos palestinos y que el Tribunal Supremo israelí intervino en 2025 ante la situación alimentaria de los reclusos.

El personaje, por tanto, no aparece ahora de la nada. La declaración sobre Gaza encaja en una trayectoria política que combina mano dura en materia de seguridad, oposición a las concesiones territoriales y defensa de una mayor presencia israelí en los territorios palestinos.

El primer ministro debe administrar simultáneamente dos presiones. Por un lado, sectores de su coalición quieren mantener la guerra hasta la destrucción completa de Hamás y rechazan cualquier fórmula que implique una retirada israelí significativa. Por otro, Estados Unidos intenta impulsar una salida que permita reducir las operaciones militares, avanzar hacia una tregua y abordar la cuestión de los rehenes y la reconstrucción de Gaza.

Trump ha planteado una fórmula en la que Hamás entregue progresivamente sus armas, mientras Israel detiene sus ataques y comienza una retirada. La milicia ha aceptado determinados elementos, aunque mantiene como condición la creación de un Estado palestino, una cuestión que el actual Gobierno israelí rechaza.

Netanyahu, además, ha insistido en que Israel no abandonará sus posiciones en Gaza hasta que Hamás sea desarmado. Ahí aparece Ben Gvir como representante de una alternativa mucho más radical: no una retirada negociada, sino una presencia israelí permanente, nuevos asentamientos y emigración masiva de palestinos.

Las declaraciones públicas de altos cargos del gobierno de Israel han sido incorporadas formalmente como material probatorio clave en la demanda por genocidio interpuesta por Sudáfrica ante el Tribunal Internacional de Justicia (CIJ). En este litigio —en el que ya intervienen formalmente más de una docena de países como Estados Unidos, España y México— el examen de la retórica oficial es un factor crítico. Bajo la Convención sobre el Genocidio de 1948, el principal desafío de la acusación consiste en demostrar el dolus specialis, es decir, la intención específica y deliberada de destruir a un grupo humano. Por este motivo, los discursos de ministros y líderes militares están bajo un riguroso escrutinio internacional para determinar si sus palabras reflejan la directriz política detrás de las operaciones en la Franja de Gaza.

Eso no significa que una declaración individual demuestre por sí misma la existencia de genocidio. La responsabilidad jurídica de un Estado requiere valorar pruebas, actuaciones concretas y el conjunto de las circunstancias. Pero tampoco puede considerarse irrelevante que un ministro en ejercicio defienda públicamente matar a decenas de personas cada noche y describa a una parte de la población como seres que “no son personas”.

Mientras Estados Unidos intenta abrir una ventana diplomática para reducir la guerra, una parte del Gobierno israelí presiona precisamente en dirección contraria. @mundiario